Natalia Lorenzo, psicóloga: «Ante una situación de crisis en el ámbito educativo, lo prioritario es recuperar la sensación de seguridad, organización y acompañamiento»

Carmen Liedo
Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

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Carmen Liedo

La coautora de la nueva guía del COPPA sobre intervención psicológica en emergencias escolares defiende la necesidad de actuar con coordinación, sensibilidad y acompañamiento emocional desde los primeros minutos de una crisis

30 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Los centros educativos se enfrentan cada vez con más frecuencia a situaciones críticas que van desde fallecimientos o intentos de suicidio hasta episodios de violencia o emergencias sanitarias. Así lo traslada la psicóloga Natalia Lorenzo, integrante de la Comisión de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes del Colegio Oficial de Psicología del Principado de Asturias (COPPA) y coautora junto a Gloria Revilla y Jesús Rivero de la «Guía de Intervención Psicológica en Emergencias en el contexto escolar», un trabajo que se presenta este sábado en el marco de la X Jornada de Psicología de Emergencias. En la entrevista concedida a La Voz de Asturias, la especialista pone de relieve la importancia de saber actuar en las primeras horas de una crisis para reducir el impacto emocional a largo plazo y explica que la respuesta ante una situación de crisis o emergencia no pasa por improvisar ni por «hacer terapia» de inmediato, sino por ofrecer seguridad, información clara y acompañamiento emocional tanto al alumnado como al profesorado. También reivindica Natalia Lorenzo el papel de la prevención, la formación de los docentes y el valor de la coordinación entre escuelas, familias y servicios externos. Desde su experiencia en Asturias, destaca además la capacidad de comunidad que existe en muchos centros educativos de la región y defiende que las mejores respuestas nacen del diálogo entre el conocimiento técnico y la experiencia diaria de quienes conviven en las aulas. 

—La escuela suele verse como un espacio seguro, pero a veces también se ve sacudida por situaciones traumáticas. ¿Qué tipo de crisis son hoy en día las más frecuentes en los centros educativos?

—Aunque cuando pensamos en emergencias solemos imaginar sucesos muy excepcionales, en los centros educativos las situaciones críticas más frecuentes suelen estar relacionadas con fallecimientos de alumnado o profesorado, enfermedades graves, intentos de suicidio o conductas autolesivas, accidentes dentro o fuera del entorno escolar, situaciones de violencia, emergencias sanitarias y acontecimientos que afectan a toda la comunidad, como ocurrió durante la pandemia. 

—Los psicólogos dais especial importancia a los primeros minutos tras una emergencia. Si todavía no ha llegado la ayuda psicológica profesional a ese centro educativo, ¿cómo hay que afrontar esos momentos? ¿Qué se puede hacer o decir?

—Las primeras intervenciones no consisten en hacer terapia ni en pedir que expresen emociones de forma inmediata. Lo prioritario es recuperar la sensación de seguridad, organización y acompañamiento. En esos primeros momentos conviene dar información clara y verificada, utilizar un lenguaje sencillo, evitar rumores y transmitir mensajes breves: «estamos aquí», «ahora mismo esto es lo que sabemos», «no estás solo», «vamos a ir paso a paso». También ayuda identificar necesidades básicas: quién necesita estar acompañado, quién requiere atención sanitaria, quién debe contactar con su familia. A veces la mejor intervención inicial no es hablar mucho, sino estar disponibles, mantener rutinas básicas y ofrecer presencia tranquila. 

—¿Qué errores son los más comunes cuando un centro educativo afronta una situación crítica por primera vez?

—Uno de los errores más frecuentes es actuar con mucha rapidez comunicativa y poca coordinación. La urgencia por informar puede llevar a compartir datos no confirmados o mensajes contradictorios. Otro error habitual es pensar que todos van a reaccionar igual o que hay una manera «correcta» de vivir una crisis. Hay alumnado que necesita hablar y otro que necesita tiempo; ambas respuestas pueden ser normales. También ocurre que, con buena intención, se intenta volver demasiado rápido a la normalidad o, al contrario, convertir el centro en un espacio centrado exclusivamente en el suceso. El equilibrio entre reconocer lo ocurrido y recuperar progresivamente la rutina suele ser clave. 

El peso de las palabras en situaciones de vulnerabilidad

—Habláis de «qué hacer y qué decir» en las primeras horas. ¿Hasta qué punto una frase mal dicha o una comunicación precipitada puede agravar el impacto emocional en el alumnado?

—Las palabras tienen mucho peso en situaciones de alta vulnerabilidad. Una frase aislada no suele determinar por sí sola el impacto psicológico, pero la forma de comunicar sí puede favorecer o dificultar la adaptación. Mensajes que minimizan («ya pasará»), que presionan («tienes que ser fuerte»), que fuerzan emociones («habla ahora de cómo te sientes») o que generan falsas expectativas, pueden aumentar malestar o sensación de incomprensión. La comunicación más útil suele ser honesta y basarse en reconocer que ha ocurrido algo difícil, explicar lo que se sabe y dejar espacio para distintas formas de reaccionar. 

—La muerte de un compañero, un docente o incluso un familiar cercano deja una huella muy profunda en toda la comunidad educativa. ¿Ha cambiado en los últimos años la forma de acompañar el duelo dentro de los colegios e institutos?

—Sí, creo que hemos avanzado. Antes existía más tendencia a proteger evitando hablar del tema o intentando recuperar la normalidad de manera inmediata. Hoy entendemos mejor que acompañar no significa intensificar el dolor, sino darle un espacio adecuado. Cada vez se trabaja más desde una mirada comunitaria: acompañar al alumnado, orientar al profesorado, coordinar con las familias y respetar las diferencias culturales y personales en la forma de vivir el duelo. También hemos aprendido que el objetivo no es cerrar el duelo, sino integrar la pérdida y sostener el funcionamiento cotidiano del centro. 

—En muchas ocasiones, los propios profesores también están afectados emocionalmente por una situación crítica y, aun así, tienen que sostener al alumnado. ¿Hasta qué punto es importante que el profesorado tenga formación e información? Porque, ¿quién cuida de los docentes en una situación así?

—Es fundamental. El profesorado no tiene que convertirse en especialista en intervención psicológica, pero sí disponer de herramientas básicas para saber qué observar, cómo comunicar y cuándo derivar. Y hay una idea importante: cuidar al alumnado implica también cuidar a quienes lo acompañan. Los docentes no son espectadores externos de la crisis; forman parte de la comunidad afectada. Necesitan información clara, espacios de coordinación y momentos para expresar dudas o impacto emocional sin sentirse obligados a apoyar siempre. La formación previa y el acompañamiento posterior reducen mucho la sensación de desbordamiento. 

—La guía aborda también situaciones de violencia o emergencias sanitarias. Después de experiencias recientes como la pandemia, ¿cree que los centros educativos están hoy más preparados psicológicamente para gestionar una crisis?

—Creo que existe más conciencia de que el impacto emocional forma parte de cualquier emergencia y de que no basta con resolver la parte logística. Eso ya es un avance importante. Muchos centros han incorporado protocolos, equipos de coordinación y una mayor sensibilidad hacia el bienestar emocional. Pero preparación no significa ausencia de dificultad. Cada crisis es diferente y sigue siendo necesario entrenar la respuesta, actualizar procedimientos y fortalecer la coordinación entre educación, salud y servicios de emergencia. 

Asturias y su capacidad de comunidad

—Asturias es una comunidad donde los centros educativos mantienen una relación muy cercana con las familias y el entorno. Desde su experiencia, ¿ha habido intervenciones en colegios o institutos asturianos que hayan marcado especialmente?

—Más que señalar casos concretos, porque la confidencialidad es esencial, sí puedo decir que en Asturias vemos algo muy valioso: la capacidad de comunidad. Cuando un centro educativo, las familias, los equipos de orientación y los recursos externos trabajan alineados, el impacto cambia mucho. Hay intervenciones que dejan huella precisamente por eso, porque muestran que una respuesta coordinada, humana y respetuosa puede ayudar a que una situación muy difícil no se convierta necesariamente en una experiencia traumática duradera. 

—A veces se piensa que la intervención psicológica en emergencias consiste únicamente en actuar después del suceso. Sin embargo, ustedes hablan también de prevención. ¿Cómo se puede preparar emocionalmente a una comunidad escolar antes de que ocurra una crisis?

—Preparar no significa generar miedo ni anticipar desgracias. Significa construir recursos. Eso incluye disponer de protocolos conocidos, entrenar la comunicación en crisis, trabajar habilidades de regulación emocional, fortalecer vínculos dentro del centro y aclarar roles: quién comunica, quién acompaña, cómo se coordina con familias y recursos externos. Una comunidad preparada no es la que evita todas las crisis, sino la que sabe responder sin quedar paralizada. 

—Esta guía se presenta en el marco de las X Jornadas de Psicología de Emergencias del COPPA. Que se alcance ya la décima edición, ¿es una señal de que la salud mental en emergencias está ocupando por fin el lugar que merece dentro de la sociedad?

—Creo que sí refleja una evolución positiva. Durante mucho tiempo, en emergencias se priorizó únicamente la respuesta material o sanitaria y el impacto psicológico quedaba en segundo plano. Hoy entendemos mejor que atender las reacciones emocionales no es algo accesorio: forma parte de una respuesta integral y eficaz. 

—En la jornada participarán además profesoras y orientadoras de distintos centros educativos asturianos. ¿Qué importancia tiene escuchar también la experiencia de quienes están en primera línea del día a día escolar y no solo la visión clínica o técnica?

—Es imprescindible. La intervención psicológica en emergencias no puede construirse solo desde el conocimiento técnico. Quienes están cada día en los centros conocen los tiempos reales, las dinámicas de grupo, las familias y las necesidades concretas del alumnado. Escuchar al profesorado y a los equipos de orientación permite que las recomendaciones sean aplicables y no se queden en teoría. Las mejores respuestas nacen precisamente del diálogo entre evidencia científica y experiencia práctica.