El reloj celular: Asturias investiga las claves del envejecimiento y el cáncer
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Hay células del cuerpo humano que viven apenas unas horas y otras pueden
acompañarnos toda la vida; entre unas y otras, el organismo mantiene un equilibrio constante de renovación, reparación y control que normalmente pasa desapercibido
03 jun 2026 . Actualizado a las 22:00 h.
Entender qué ocurre cuando ese equilibrio se rompe —por qué una célula envejece, acumula errores o termina convirtiéndose en una célula tumoral— es una de las preguntas a las que trata de dar respuesta el laboratorio de Epigenética del Cáncer y Nanomedicina, un grupo vinculado al CSIC que cuenta con financiación y apoyo del Principado de Asturias a través de FICYT.
Este equipo trabaja desde Asturias en epigenética, un campo clave para entender cómo se regula el funcionamiento de los genes y qué ocurre cuando esos mecanismos se alteran durante el envejecimiento o en enfermedades como el cáncer.
El laboratorio también analiza el posible efecto de factores externos, incluido el estilo de vida, sobre esos procesos biológicos.
Según explica Mario Fernández Fraga, coordinador del grupo, una de las líneas que estudia hoy la investigación biomédica es cómo la alimentación, el estrés o determinados hábitos pueden influir en la forma en que funcionan nuestros genes.
Cuando las células acumulan errores
El envejecimiento celular no es solo una cuestión de tiempo; en condiciones normales, cuando una célula detecta que empieza a deteriorarse, activa mecanismos de muerte celular para ser reemplazada por otra nueva.
El problema aparece cuando ese sistema de control falla, como señala Fernández Fraga, «a veces células viejas pueden escapar de este control y esto puede conllevar la aparición de enfermedades como el cáncer».
Mario Fernández Fraga también pone el foco en las células madre adultas, responsables de regenerar tejidos durante buena parte de la vida del organismo, y explica que «como estas células viven mucho tiempo y se dividen continuamente, pueden acumular errores moleculares en el ADN o en su entorno».
Esa acumulación puede hacer que funcionen peor, que pierdan capacidad para generar nuevas células especializadas o que transmitan parte de esos errores a las nuevas células.
Comprender cómo se acumulan esas alteraciones es una de las líneas de trabajo del equipo, con el objetivo de explicar el desarrollo de algunas enfermedades y aportar claves sobre los mecanismos biológicos asociados al envejecimiento.
Del laboratorio clásico a la inteligencia artificial
El trabajo de este grupo de científicos ha cambiado mucho en las dos últimas décadas. Hace veinte años, explica Fernández Fraga, «el laboratorio funcionaba como un grupo clásico de biología molecular centrado en epigenética y cáncer».
El gran cambio llegó con las nuevas tecnologías de secuenciación genética porque la capacidad para generar datos biológicos creció de forma tan rápida que el problema dejó de ser obtener información y pasó a ser interpretarla.
«Pasamos de dedicar la mayor parte del tiempo a generar datos, a generarlos de forma tan rápida que el cuello de botella empezó a ser el análisis e interpretación», resume el coordinador del grupo y profesor de investigación del CSIC.
Ese cambio transformó también la composición de los equipos científicos y hoy los perfiles biomédicos trabajan junto a matemáticos, físicos e ingenieros especializados en informática y análisis de datos.
El objetivo es utilizar herramientas matemáticas complejas e inteligencia artificial para detectar patrones que ayuden a identificar biomarcadores o nuevas dianas terapéuticas útiles en la práctica clínica.
Buena parte de ese trabajo se basa en los llamados análisis multiómicos, que, en lugar de estudiar una única capa biológica, como el ADN o las proteínas, combinan grandes cantidades de información molecular para obtener una visión mucho más completa de enfermedades complejas como el cáncer.
Hacia diagnósticos más precisos
Una parte importante de la investigación busca aplicaciones clínicas concretas; por ejemplo, el grupo trabaja en la identificación de biomarcadores capaces de anticipar cómo evolucionará un paciente o si responderá bien a determinados tratamientos.
«La inteligencia artificial es especialmente eficiente encontrando patrones», explica Fernández Fraga , y esa capacidad resulta especialmente útil cuando se manejan cantidades masivas de datos biológicos imposibles de analizar manualmente.
El laboratorio también desarrolla proyectos orientados a encontrar nuevas dianas terapéuticas o mecanismos biológicos sobre los que podrían actuar futuros tratamientos, y entre las líneas actuales figura uno centrado en tumores cerebrales.
A pesar de que muchos de esos avances tardan años en trasladarse a hospitales y consultas, Fernández Fraga recuerda que la investigación biomédica ya está presente en la medicina cotidiana, aunque no siempre resulte visible para la sociedad.
«La investigación biomédica hace posible que a los pacientes que acuden a nuestros hospitales ya se les hagan pruebas moleculares que ayudan a tomar decisiones sobre sus enfermedades», señala el coordinador.
A pesar de los años dedicados al estudio del envejecimiento y el cáncer, a Fernández Fraga todavía le sorprende la «complejidad extrema» de la biología humana, que obliga a seguir buscando patrones, pero también a asumir que cada avance abre nuevas preguntas.