Adaptarse a la velocidad del mundo

Pablo Junceda Moreno
Pablo Junceda Moreno DIRECTOR GENERAL ADJUNTO DE BANCO SABADELL

ASTURIAS

El director general adjunto del Banco Sabadell, Pablo Junceda Moreno, este viernes en el foro Encuentros en el Eo
El director general adjunto del Banco Sabadell, Pablo Junceda Moreno, este viernes en el foro Encuentros en el Eo Vítor Mejuto

Discurso íntegro de Pablo Junceda, director general adjunto de Banco Sabadell, durante la octava edición de los Encuentros en el Eo

05 jun 2026 . Actualizado a las 21:39 h.

Cuando en el 2017 se celebró la primera edición de estos Encuentros en el Eo, tanto en la Corporación La Voz de Galicia como en el Grupo Sabadell nos planteamos un claro objetivo: poner estos encuentros en marcha para que continuasen en el tiempo. Y esta sigue siendo —unos años después— nuestra misma idea: impulsar iniciativas serias, rigurosas, con altura de miras, perdurables y alejadas de «ocurrencias» que muchas veces solo buscan réditos comerciales.

Alcanzada ya la octava edición, podemos congratularnos todos de que la perseverancia, cuando se trata de mejorar juntos, es esencial. Y, sobre todo, nos alegramos de la capacidad de nuestros presidentes —los que les precedieron y los actuales— de apostar por los ciudadanos de sus territorios como máxima prioridad, por encima de banderías, ideologías e intereses que a veces —al común de los votantes— se nos escapan.

Hoy nos volvemos a reunir (bajo el «paraguas» del buen periodismo que es el que ejercita La Voz de Galicia y La Voz de Asturias) con dos personas serias, comprometidas con su tierra y políticos de vocación y de raza que tienen la enorme responsabilidad de presidir dos tierras vecinas y hermanas con 3,8 millones de almas, que aman estas tierras y que quieren vivir e impulsar sus proyectos vitales en ellas, desde la frontera oriental de Asturias, hasta las otras fronteras que nos hermanan con Portugal y la querida Castilla y León.

Vivimos en un mundo que ya no corre, sino que vuela; vivimos en un mundo a las puertas de muchas transformaciones que, sin duda, cambiarán nuestra forma de ver las cosas, de trabajar, de vivir, de aprender…; vivimos en un mundo plagado de incertidumbres provocadas por una revolución tecnológica que parece no tener límites… y, sin embargo, vivimos en unas comunidades, la gallega y la asturiana, en las que sus gentes —sus hombres y sus mujeres, sus jóvenes— necesitan tener algunas certezas para afrontar su día a día, sus retos personales y familiares, sus proyectos empresariales, sus enfermedades o su más que segura longevidad vital.

Y en la búsqueda de estas «certezas» siempre están en el centro, porque los españoles nos hemos ganado hace ya muchos años una bendita democracia. Siempre están en el centro, les decía, nuestros políticos, nuestros dirigentes, personas de carne y hueso, que pienso que tienen como principal reto hacernos avanzar a todos con cierta seguridad —con ciertas certezas— por un camino que cambia (en ocasiones cada semana) y que, de nosotros, pero también de los presidentes, dependerá que el cambio sea para mejor, en definitiva, para que nuestros hijos, los asturianos y gallegos del futuro, aspiren a vivir mejor de lo que hemos vivido nosotros. Desde luego, tarea nada fácil.

Muchas veces pienso que la política no es una profesión de poder, sino una vocación de servicio. Pero una vocación de servicio de las instituciones hacia sus ciudadanos y no de estos hacia las instituciones que muchas veces crecen más que las familias, los pueblos, las comarcas o las empresas en una especie de «espiral» que consume recursos escasos, aumenta el gasto, mientras muchas veces nuestros jóvenes no encuentran fácilmente dónde vivir o trabajar o nuestros mayores no encuentran quien les cuide.

Los ciudadanos de Galicia y Asturias no necesitan héroes ni salvadores (que para eso ya hay en abundancia en otras latitudes), tan solo necesitamos servidores públicos rigurosos, eficaces y comprometidos y, aquí, en este córner de Europa que es el noroeste, no somos ni más ni menos que nadie, pero creo que tenemos suerte de poder contar con dos presidentes a los que no les podemos negar su vocación de servicio y su compromiso con sus gentes.

Quizá sea un poco —no sé si la palabra adecuada es iluso o visionario—, pero muchos pensamos (y yo soy uno de ellos) que debemos recuperar de una vez por todas la «buena política»: esa que sustituya el ruido por las soluciones, la confrontación por el diálogo y los privilegios por el servicio.

Una política que no se cuestione qué pueden hacer los ciudadanos por ella, sino qué puede hacer ella por los ciudadanos de a pie. Una política que genere confianza en las instituciones y que ponga las soluciones a los problemas en el centro de las decisiones.

Ninguna ideología ni puede ni debe impedir que resolvamos las dificultades y los problemas de cada día de nuestras gentes y mucho menos que nos sitúe en la retaguardia de este mundo que parece que va demasiado deprisa.

Precisamente para tratar los temas que nos preocupan y nos ocupan, nos reunimos en esta querida tierra de A Mariña, donde se unen los mismos verdes y los mismos azules de nuestras tierras con problemas comunes, con anhelos semejantes y con retos similares.

De nosotros depende que los afrontemos juntos o que vayamos separados a buscar soluciones dispares. Sinceramente, pienso que estos primos hermanos que somos los gallegos y los asturianos queremos ir de la mano.

Y finalizo utilizando una frase de una reina en un país verdaderamente rodeado de muy serios problemas y graves conflictos como es Jordania. En una reciente entrevista a la reina Rania en la cadena ABC News norteamericana, declaró: «We are stronger when we listen, and smarter when we share» (somos más fuertes cuando escuchamos y más inteligentes cuando compartimos).

Ojalá hoy todos escuchemos mucho, salgamos de aquí un poco más unidos y, así, consigamos también estar un poco más preparados y «aprendidos» para resolver nuestros problemas comunes.

Nunca olvidemos que la política inspira, pero la gestión transforma; sencillamente, porque la gestión es la forma más tangible de servicio público, es donde las palabras se convierten en hospitales, escuelas, viviendas, carreteras, ferrocarriles, empleo y oportunidades.