Benjamín Fernández, especialista en medicina del deporte: «En la muerte súbita, la prevención no es eficaz al cien por cien»
ASTURIAS
Fallecimientos como el del joven de 28 años en la Ruta de la Reconquista son difíciles de prever porque casi siempre son causados por afecciones cardíacas ocultas
07 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El pasado 30 de mayo, moría Guillermo Díaz Riera, un joven de 28 años que estaba disputando la Media Maratón Ruta de la Reconquista. La causa probable, según hipótesis no confirmadas oficialmente, sería un paro cardiaco. Y, como cada vez que ocurre una desgracia como esta, volvió a surgir la pregunta: ¿pudo haberse evitado? La respuesta, como no puede ser de otra manera, es muy compleja. En este caso, se activaron en el acto todos los protocolos de emergencia y, aun así, el joven no sobrevivió. Se han dado muchos casos en las mismas circunstancias en los que el corredor sí sobrevive.
Benjamín Fernández, médico especialista en Medicina del Deporte, que trabaja en el grupo de investigación Intervenciones Traslacionales para la Salud de la Universidad de Oviedo, sostiene que «En la muerte súbita, la prevención no es eficaz al cien por cien». Por una parte, explica que este tipo de fallecimientos hasta aproximadamente los 35 años obedece casi siempre a una de estas dos afecciones cardíacas: o una miocardiopatía hipertrófica o una displasia arritmogénica del ventrículo derecho. En el caso de los que la sufren a edades más avanzadas, el origen está mayormente en una arteriosclerosis.
Los reconocimientos médicos antes de las pruebas son una oportunidad para encontrar signos de que hay alguno de estos problemas, pero no siempre se ven. El problema es que si todo el mundo tiene que hacer un reconocimiento médico antes del ejercicio físico, en opinión del especialista «no hay sistema de salud que lo soporte, ya hay listas de espera para las patologías, podemos imaginar si incluyéramos también lo preventivo».
En un principio, se aplica el criterio de que, si una persona es sana, no necesita aparentemente ningún tipo de reconocimiento salvo que haya antecedentes o tenga algún síntoma. ¿Y cuáles pueden ser estos síntomas? Si hay mareos, taquicardias o síncopes, es obligatorio parar de hacer ejercicio y visitar al médico. «La clave es: si notas algo raro, para. Tienes más oportunidades de ir a correr. El monte está ahí, la carrera está ahí. Si no puedes ahora, ya podrás en otro momento», señala Fernández, que en cualquier caso considera que no se puede culpabilizar al deportista, ya que muchos van muy preparados, hacen los entrenamientos adecuados y siguen las pautas que hay que seguir pero son víctimas del hecho de que las afecciones están ocultas hasta el momento del incidente. «Esa persona no sabe que tiene el problema, y a lo mejor si tuvo un mareo no lo apreció mucho»
Es cierto que reconocimientos médicos exhaustivos pueden ayudar a prevenir estos accidentes. «Hacer una prueba de esfuerzo es un dar un paso muy cualitativo, y también una ecografía es un paso muy cualitativo, pero eso no hay sistema sanitario que lo soporte actualmente», insiste. Entonces, lo más razonable está en tomar un mínimo de medidas: un reconocimiento médico mínimo, que el corredor que tenga síntomas vaya al cardiólogo, que haya desfibriladores en las carreras y, después, la preparación del corredor.
Con todo, el riesgo de que ocurra un incidente como este es extremadamente bajo. Según los datos oficiales, la muerte súbita entre deportistas habituales en España está en 0,82 casos por cada 100.000. El perfil más frecuente es el de un varón de entre 35 y 54 años que practica deporte recreativo, y la causa es cardiovascular en el 99% de los casos. Lo que ocurre, como señala el facultativo, es que se da siempre «ante las cámaras». Esto, que por una parte puede magnificar en el imaginario colectivo la idea de que se da con más frecuencia, también tiene una ventaja: los deportistas siempre tienen a alguien que los asista, hay desfibriladores y equipos de asistencia, «siempre hay un intento de reanimación; si vas solo caminando, nadie podrá hacerlo». De ahí que se salve tanta gente. Un buen ejemplo fue el del futbolista Christian Eriksen, que sufrió una parada cardiorespiratoria durante el Europeo de fútbol en 2021 y, gracias a la intervención inmediata de sus compañeros de equipo, del médico del equipo y de los servicios de emergencia, sobrevivió.
En el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) hay un grupo de investigación de la miocardiopatía hipertrófica que sí puede contribuir a salvar muchas vidas, en el que trabajan Julián Reguero y Rebeca Lorca. Cada vez que llega un paciente que ha sufrido esta afección, ya haya sobrevivido o fallecido, le hacen el consejo genético, y ponen sobre aviso al resto de su familia. Porque hay una clara predisposición genética. Si no tienen el gen, no hay ningún riesgo, pero si lo tienen, la familia debe saber que puede tener un problema. Entonces, muchas veces, aunque la persona en concreto no sobreviva, sí se puede ayudar a que su madre, padre, hijos o hermanos se pongan en guardia a tiempo ante el problema.
Benjamín Fernández insiste en la idea de que no hay que culpabilizar al deportista, convencido de que, aunque se den estos casos raros y muy aislados, «es mucho más problemático no hacer ejercicio, porque hacerlo tiene un beneficio sobre la salud». Es cierto que las personas que no han hecho nunca ejercicio y se ponen a practicarlo sin control pueden tener problemas, pero en todo caso es cuestión de sensatez: «hay que empezar con mucho cuidado». Lo ideal es hacer un electrocardiograma para descartar algún indicador, y a partir de ahí utilizar el sentido común, y hacer una progresión y planificación del entrenamiento. «Por ejemplo, no puedo con 38 grados salir a entrenar con calor cuando nunca salí; pero una vez que estás adaptado, no tiene por qué haber ningún problema; para una persona altamente entrenada hacer una carrera extrema no es ningún riesgo; lo importante es adaptarse a las circunstancias y a las exigencias de cada prueba».
Los requisitos de prevención en las pruebas deportivas cambian mucho entre países. El referente mundial en este aspecto es Italia, que desde 1982 exige por ley un certificado médico para todos los deportistas en competición organizada, que obliga a realizar un electrocardiograma. Por su parte, Francia aplica desde 2022 un sistema digital obligatorio —el PPS (Parcours Prévention Santé)— cuya implantación generalizada se consolidó en 2024, y que combina un cuestionario de factores de riesgo con derivación a visita médica cuando se detectan señales de alerta. Por su parte, tanto Estados Unidos como el Reino Unido no exigen certificación médica universal y priorizan la respuesta de emergencia sobre la prevención. En España, hay una fragmentación considerable en el abordaje del problema, que se pone en manos de las comunidades autónomas o de los organizadores de las pruebas.
Dicho todo esto, para Benjamín Fernández, lo importante es que los incidentes son muy infrecuentes y «lo que tiene que llevar es a establecer líneas de prevención, estructurales del sistema sanitario y personales, en el sentido de que si aparecen síntomas hay que consultar al médico y hacerse un reconocimiento, y enfrentarse a las carreras con sentido común y entrenamiento».