Un informe del Instituto Elcano desvela que los extranjeros europeos llegados a España ya no son grupos de jubilados
11 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.No se suele oír tanto hablar de ella, pero la inmigración europea se ha consolidado como un fenómeno de larga trayectoria que, sin embargo, dibuja un mapa de enormes variaciones regionales a lo largo del territorio nacional. En las últimas décadas, el perfil de este colectivo ha experimentado un giro radical: la tradicional imagen del siglo XX vinculada de forma casi exclusiva a flujos residenciales de ciudadanos ancianos o jubilados ha dado paso otra corriente: en la actualidad, el grueso de esta población se concentra en tramos de edad jóvenes, integrados de forma directa en el tejido productivo y con un nivel formativo que, en términos medios, supera al de la población autóctona.
Así lo recoge el último análisis del Real Instituto Elcano sobre la integración laboral de los inmigrantes en España. No obstante, el informe evidencia que la intensidad de este flujo difiere notablemente según la geografía peninsular. En el caso de Asturias, los inmigrantes procedentes de Europa representan el 2,8% del total de la población del Principado, una cifra que sitúa a la comunidad autónoma en el punto medio exacto de la cornisa cantábrica, muy cerca de territorios vecinos como León (2,9%), Cantabria (3,2%) o Pontevedra (2,8%), y por encima de Vizcaya (2%). Esta realidad contrasta abiertamente con los grandes polos de atracción del litoral mediterráneo y las islas, donde el peso de la población europea sobre el censo total alcanza los dos dígitos, sobresaliendo provincias como Alicante (13,4%), Málaga (10,3%) o Baleares (8,8%), pero son territorios con una larga tradición de acoger a jubilados del norte de Europa.
A nivel general, el estudio del Instituto Elcano detalla que los inmigrantes europeos ocupan el 6,3% de los puestos de trabajo existentes en el país, mostrando tasas de actividad y ocupación semejantes a las de los nativos. Entre los procedentes de países comunitarios de alta renta (como franceses, alemanes o italianos), destaca una fuerte orientación hacia puestos directivos, actividades profesionales, científicas y la educación privada, con una tasa de autónomos y empresarios que triplica a la española. Por el contrario, los flujos originarios de países europeos con menor renta per cápita (tanto comunitarios como extracomunitarios) registran una mayor inserción en la construcción, la hostelería, el transporte y el servicio doméstico, conviviendo además con un fenómeno de retorno muy acusado: casi una tercera parte de la población rumana y búlgara ha regresado a sus lugares de origen en los últimos 15 años.
En Asturias, el panorama migratorio global ofrece dinámicas particulares, ya que, a diferencia del litoral mediterráneo, el grueso de la población nacida en el extranjero procede del continente americano. Las estadísticas oficiales sitúan a Colombia, Venezuela y Cuba como las tres principales nacionalidades de origen en el Principado. Sin embargo, la corriente europea mantiene una presencia histórica y una evolución singular en el tiempo. Por un lado, destaca el retorno de descendientes de la emigración asturiana que tuvo lugar entre 1960 y 1975 hacia Europa Occidental, principalmente desde Francia, Alemania, Bélgica y Suiza. Por otro lado, la recepción de extranjeros comunitarios estuvo liderada durante trece de los primeros veinte años del siglo por la comunidad rumana, a la que se ha sumado recientemente un fuerte repunte de flujos procedentes de la Europa no comunitaria, multiplicándose de forma exponencial las llegadas desde Ucrania tras el conflicto iniciado en 2022.
La huella en la vivienda
Esta presencia europea tiene un reflejo directo en el mercado inmobiliario asturiano, donde los extranjeros ya protagonizan el 12% de las compraventas de vivienda nueva. Según los datos del Consejo General del Notariado, las nacionalidades europeas lideran de forma clara las adquisiciones en las principales ciudades del área central. En Oviedo, la comunidad ucraniana encabeza el ranking con el 9,25% de las operaciones foráneas, seguida de cerca por la italiana (9%) y la rusa (7,54%). En Gijón, la plaza con los precios más elevados del Principado, el mercado inmobiliario extranjero adquiere un marcado acento mediterráneo, liderado por los compradores italianos con una cuota del 10,76%. Por su parte, en Avilés, la estadística vuelve a situar a los ciudadanos de origen ucraniano a la cabeza con un 11% de las transacciones, seguidos por rumanos e italianos.
El empleo foráneo Asturias se concentra de forma prioritaria en los sectores de la hostelería, el comercio, la construcción y el servicio doméstico. Demográficamente, mientras que la pirámide nativa asturiana tiene su mayor grupo de edad entre los 50 y los 54 años, la población inmigrante se caracteriza por su juventud, localizándose su mayor concentración entre los 35 y los 39 años. Este rejuvenecimiento es especialmente visible en el tramo de los 25 a los 29 años, donde más del 26% de los jóvenes residentes en el Principado ha nacido en el extranjero.