Su actual responsable, Mónica García, lleva 10 años al frente del negocio, pero antes estuvo 14 como empleada. Admite que siente «muchísima pena por el trabajo», la gente que deja, las «amistades y el cariño», pero reconoce que también se va con «alegría», porque considera que es momento de «empezar otra nueva etapa»
17 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Pocas cosas hay más tristes para las calles de una ciudad que cuando cierra un negocio de los de toda la vida. Es en ese momento cuando los vecinos se dan cuenta de lo mucho que el comercio de proximidad ayuda a hacer ciudad, vestir con un poco de color el cemento de nuestras ciudades y dar un trato cercano y amable que no se encuentra, por lo general, en las franquicias y grandes superficies.
Precisamente Pravia acaba de decir adiós a uno de sus establecimientos más emblemáticos. El kiosco El Revoltijo, situado en el parque Heno, ha cerrado sus puertas dejando un poco huérfanas a varias generaciones que han pasado por el establecimiento. Un kiosko que, además de tienda, era lugar de reunión, punto para quedar y referencia espacial y casi emocional para muchos vecinos de la localidad.
Su actual responsable es Mónica García. Explica que lleva «10 años sola al frente del negocio, pero antes de eso, 14 como empleada». Más allá del retiro, admite que «otros motivos» le han llevado a dar el paso de cerrar el negocio, ya que aún le quedan «bastante años» para la jubilación.
Admite que necesita «parar un poquitín estos dos meses, porque lo necesito después de 24 años seguidos trabajando». «Necesito parar y dedicarme a la familia, a las dos hijas que tengo y disfrutar un poco de ellas», añade. El plan pasa por «luego ya retomar la vida laboral, porque hay que trabajar».
Reconoce que, ahora que ya se han cerrado las puertas de El Revoltijo, siente «muchísima pena por el trabajo, por la gente que dejo aquí, amistades y cariño», pero admite que también se va con «alegría», porque es momento de «empezar otra nueva etapa y para eso hace falta tiempo».
Pese a todo, lo tiene muy claro de cara al futuro. «No quiero ser más autónoma, quiero ser trabajadora», asevera. Apunta que muchos de sus ya antiguos clientes, «desde los más pequeños, hasta los más grandes», se han acercado a ella para lamentar el cierre de su kiosko.
No en vano «fueron varias generaciones» las que pasaron por su negocio a lo largo de los años. «Yo, cuando entré aquí, había un grupo de críos que tenía 4 años, ahora ya tienen 28 esos nenes, es que es toda una vida aquí dentro», explica. Ese cariño y añoranza lo ha sentido por parte de «los críos y con la gente mayor, que mucha también falleció y la fui perdiendo». Se trata de «gente que te dejó muy buen recuerdo y yo la verdad tengo recuerdo bueno de todo el mundo».