Con la Iglesia hemos topado

Chema Vega
Chema Vega OVIEDO

ASTURIAS

A su llegada al aeropuerto de Adolfo Suárez Madrid-Barajas, el sábado 6 de junio, el papa fue recibido por Felipe VI, que junto a Letizia le acompañó en numerosos momentos de su estancia en España.
A su llegada al aeropuerto de Adolfo Suárez Madrid-Barajas, el sábado 6 de junio, el papa fue recibido por Felipe VI, que junto a Letizia le acompañó en numerosos momentos de su estancia en España. Mariscal | EFE

De la visita del Papa León XIV a una España en unos tiempos muy revueltos

18 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

«Con la Iglesia hemos topado amigo Sancho» Creemos, para comenzar este artículo, que es de razón hacer un recabo histórico de una expresión usada y de desconocido origen para demasiada gente quizás. La cita cervantina se usa, cada vez menos, para indicar que ha surgido un impedimento o problema religioso para llevar a término alguna acción. No obstante, se suele aplicar, en general, cuando ese obstáculo o impedimento surge ante cualquier tipo de autoridad superior.

Su origen procede de un episodio de Don Quijote de la Mancha, capítulo IX de la segunda parte, en que don Quijote y Sancho entran de noche en el pueblo del Toboso buscando el palacio o alcázar de Dulcinea y se encuentran frente a la iglesia de San Antonio Abad de El Toboso. En realidad la frase que pronunció don Quijote fue «Con la iglesia hemos dado, Sancho». Cervantes hacía referencia a que los personajes llegaron al templo, y por eso la palabra iglesia aparece en minúscula. Cuando se usa con el sentido de referirse al estamento eclesiástico aparece en mayúscula. Además, la cita, que es falsa, aunque inspirada en esta frase, dice «topado» y no «dado».

La cuestión es que como el Quijote es una magistral sátira de la sociedad de su época que en ocasiones provocaba segundos sentidos, o sentidos figurados, desconocemos si, en esta ocasión, tuvo la intención de darle un doble sentido y provocar una fina sátira anticlerical y del poder abrumador de la institución eclesial.

Por otro lado, no hay referencias de en qué momento se tergiversó esta frase. Lo que sí podemos afirmar es que si entitulamos esta frase quijotesca no es para dar, exactamente, un sentido negativo a la reciente visita papal a España. Podríamos considerar que llevamos dos papas «buenos» si los comparamos con los ultraderechizados Juan Pablo II y Benedicto XVI, ambos bastante enlodados en la corrupción y con una siniestra sombra que se agiganta sobre sus papados, una de tantas en casi dos mil años; la de la sospecha fundamentada sobre el posible asesinato de Juan Pablo I, el Papa que quiso atajar la infección creciente en el Vaticano. Apareció muerto al poco tiempo de acceder al sillón papal. Un horrible mundo, in crescendo, estaba tomando forma en aquellos mediados y finales de los años setenta y las fuerzas de la desmesurada reacción conservadora no se podían permitir un Papa Bueno; quizás útil sí y mejor con pocas luces y con ganas de revancha contra el comunismo soviético que para el extinto e inefable Juan Pablo II era todo lo que estuviera dentro del campo del socialismo, incluidas las socialdemocracias.

Benedicto, un hombre con tanta fe y obcecación como para haber militado en las juventudes hitlerianas, siguió, puede pensarse que conscientemente, esa, dicen, consigna de lo más carcomido de la carcundia que versa en: «el que pueda hacer que haga». La oscura directriz se atribuye a Aznar, pero como publicista lo vemos muy limitado para hacer eslóganes con algo de contenido, aunque sean mediocres y perversos.

Que sepamos, Cristo dio un ejemplo de vida y de muerte, si se quiere, pero no impartió cursos de catolicismo, ni de marketing ni de negocios. Es muy seguro que el Cristo histórico ni se propuso ni se imaginó una mole aparentemente religiosa, irreconocible desde su teórica fundación, una mega institución utilizada y enfangada por los sucesivos poderes temporales y sobreviviente gracias a sus purgas internas y externas. ¿Milagro? Si el diablo tiene poderes para hacer milagros sí creemos que la Iglesia Vaticana (y todos los chiringuitos religiosos de El Libro) son un milagro, un monumento a la estupidez humana, salvo para cuando sirve, efectivamente, de consuelo para almas atribuladas y para ayudar al prójimo, sea este cual sea.

Haciendo un poco de pantalla histórica, como nos gusta en esta sección, podemos constatar que cada concilio eclesiástico supuso una vuelta de tuerca, una losa más sobre la verdad de un Cristo histórico que trasluce a un ser humano demasiado avanzado para aquellos tiempos salvajes de la época en que vivió, aunque pensando en el tiempo que nos toca vivir hoy sentimos el gran desaliento de comprobar cómo el simio iracundo sigue ahí y siempre al frente de las sociedades que, inertes e inermes, son conducidas al abismo de la destrucción y de todo lo que lleva a ello.

La Historia reciente, pues, nos lleva a pensar que los dos últimos guardianes de la Fe pueden ser una anomalía dentro de una Iglesia, de unas curias y bases creyentes petadas de sacerdotes trabucaires 2.0, odiadores profesionales aberrantemente politizados que cualquiera un poco leído en Historia, incluso en historia eclesiástica, podría identificar, no sin un respingo, como los agentes de la cueva del Mal.

Aterrizando en la última y contingente visita papal del actual León XIV, parece que hubo un protocolo de amordazamientos y trágalas voluntarios e involuntarios. La visita fue inoportuna sobre todo para la derecha de nuestro cainita país. En concreto la visita a cada lugar y con sus personajes. En ese Madrid tan castizo, tan esencia de la España cañí y tan estratégicamente alejado de sus costas por antiguas obsesiones e intereses filipinos. Ahí, precisamente en la guarida de la caverna, la derecha se la vio forzadita a limitar sus ladridos por las circunstancias, acostumbrados a monopolizar todo lo que tenga que ver con religión católica (y banderitas carolinas). ¿Tanto para Pedro Sánchez? Puede, si hablamos de desmovilizar a muchos odiadores profesionales o no.

El pulido papal fue impecable con sus niñas y niños guapos y ricos en plazas y catedrales, coloraditos por el sol y atentos cuando los enfocaban las megapantallas. Desde luego León no es Francisco, pero tiene su miga y con la que está cayéndonos hasta parece un progresista auténtico. De otro modo, a gente de mi edad y condición nos dio una subida peligrosa de azúcar sobre todo al ver y oír tanta pureza diseñada y empaquetada; ¡ah, qué canciones, qué cantantes!, hasta Pimpinela eran menos amerengados.

¿Podría la derecha rebelarse ante tal escenografía que haría las delicias de aquellas abuelas esposas de antiguos alféreces provisionales? ¿Iba a protestar por la enorme cobertura de RTVE? Se pegaría un tiro en el pie y aunque ladró la caverna se vio ensombrecida. En Cataluña entró un aire más moderno y futurista pese a que Gaudí va camino del bicentenario. Los episodios de la estelada y el coro que quiso cantar Els segadors quedaron en detalle obligado. Para lo que fue Canarias, con sus silencios y sus pobres de atrezo, hubiera sobrado la visita (menudo papelón del solidario y caritativo presidente canario).

Podemos valorar que la Iglesia oficial va mejorando comparada con antiguos monstruos como Maciel, Bertone, Marzinkus, manos derechas de sotanas blancas. Parece, solo parece, que hay una mejora en los propósitos de una institución tan antigua como adaptable; ¿una excepción? Lo normal hoy es elegir cada vez peor a los que nos gobiernan. Casi siempre fue así; al frente de la sociedad, por ignorancia, cobardía, incomparecencia o vagancia suicida, casi sempiternamente colocamos a los peores bichos de la humanidad para dirigirnos a los que, incluso en nuestros días, consideramos héroes y benefactores todavía. Vivir para ver lo mismo.