Paz en el conflicto

Jesús Menéndez | Víctor García OVIEDO

ASTURIAS

Metro.Estación de Metro
Estación de Metro Pixabay

La ciudad ante la incertidumbre: infraestructuras para proteger a la ciudadanía en tiempos prebélicos

21 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

«Lo único que debemos temer es al miedo mismo» Franklin D. Roosevelt (1933). El proceso de hacer ciudad no está, o no debe estar, al margen de la situación de los ciudadanos, porque la ciudad es la urbs (morfología), pero, también la civitas (mentalidad) desde la polis (gobernanza), y la realidad es que nos estamos encontrando en una contexto bélico o prebélico.

Nuestro entorno, ya no solo habla de crear un futuro próspero, sostenible, en definitiva amable (tampoco se pide mucho más) y donde primen los principios básicos de la ciudadanía desde la libertad, igualdad y fraternidad, que tantas guerras ha soportado. Hasta otros ideales más inclusivos que pueden atender al desarrollo que desde esos principios nos hemos estado anteponiendo y dándolos como conseguidos, que podrían estar incluidos en «el estado del bienestar» (educación, sanidad…) o en otros conceptos todos ellos cercanos a evitar la desigualdad (social y espacial), y a la redistribución de la riqueza (aunque sea parcial). O sea, la solidaridad, el respeto o el entendimiento con el otro, tanto a nivel individual como de la sociedad en la que estamos inmersos.

La guerra, en un «formato» seguramente diferente, ya está presente. Hablamos sin ambages sobre ella y dedicamos, promovemos y transformamos nuestra industria para la guerra, lo que significa que ésta ya está presente. Pero, siempre, que se producen allende nuestras fronteras; y, en ninguna de las circunstancias, parece que no nos van a afectar.

España en la historia ha tenido una participación parcial en los conflictos externos, y no ha desarrollado las iniciativas necesarias para asegurar a la población «fuera» de la paz, y sobre todo para dar la confianza a la ciudadanía en los momentos bélicos o prebélicos.

Las guerras, fueron las nuestras y casi siempre contra y entre nosotros, contra la propia ciudadanía, por lo que no tenemos «la cultura», ni hemos pensado en la protección y el cuidado de los ciudadanos en tiempos de paz para el conflicto (los ciudadanos casi siempre eran los enemigos),

Hoy, parece que hemos hecho parte de nuestros deberes, y hemos transformado el ejército para que entendiera que los enemigos no son los ciudadanos. Se han creado unidades cercanas a la sociedad, y se trasladan a cooperar a nivel internacional y por lo tanto una parte de la sociedad, la élite de la defensa, tal vez esté situada correctamente en el lugar que corresponde.

Pero pensemos en el ciudadano, ¿hemos ordenado y construido las ciudades y sus infraestructuras adecuadamente para atender las necesidades básicas que ofrecer a la sociedad en momentos de conflicto? No, las infraestructuras, seguramente ejemplares en muchas de las comparaciones que se puedan hacer, no están ni proyectadas ni implementadas, en la parte que podía o debería corresponderles, para tiempos de conflicto.

Asturias, por estructura económica, formación e historia es productora de bienes para la guerra. Por lo tanto, tal y como lo fue durante «nuestras guerras», será un «punto» señalado en la estrategia bélica, a la que no debemos ignorar.

Pero se produce la paradoja de ser productores de arsenales de guerra pero en la memoria colectiva se produce una situación de disponer de un certificado territorial de «paz perpetua». Si se traslada la reflexión a nivel local, para representar las propuestas que todavía se pueden llevar a cabo dentro de los escenarios posibles de conflicto es incorporar a las inversiones la nueva lectura o la reflexión de las necesidades o de las alternativas que se deben ofrecer para los momentos de conflicto en las infraestructuras públicas (y seguramente parte de las privadas) para dar seguridad a la población.

No se trata de hacer infraestructuras para la guerra, se trata de incorporar en la estructura y ordenación pública aspectos que, en el caso de conflicto, mejoren y salvaguarden a la población y permitan dar continuidad en la atención a la ciudadanía.

Como ejemplos sencillos, y que no nos debería ni asustar, ni confundir, se deben construir sótanos con condiciones de seguridad en caso de conflicto bélico, y asegurar que se salvaguarda una parte básica de las «estructuras» económicas, sociales y asistenciales existentes para cubrir las necesidades de la población.

Conclusión: Mas allá de la proliferación de intervenciones, de manera significativa:

  1. El sistema educativo, principalmente el escolar, debe tener refugios establecidos. Al estar ubicados en los centros de los barrios es asegurar el acceso de la población y su distribución.
  2. Para permitir una continuidad en la atención sanitaria, a modo de ejemplo, en el caso del Hospital Universitario de Cabueñes se debe realizar en continuidad, al margen de las otras actuaciones, un módulo orientado a resolver las necesidades asistenciales de una sociedad «señalada» como objetivo estratégico en un entorno global prebélico como el que tenemos. Este módulo de hospitalización deberá poder reconvertir sus sótanos en servicios generales que permitan la continuidad asistencial.
  3. En Gijón se debe asumir la ejecución de las estaciones del «metrotren» como parte de la infraestructura de refugio de la población, y mantener ese soterramiento en un estado permanente de posible necesidad.
  4. Los presupuestos destinados a la fábrica de la guerra deben, en la parte que corresponda, derivarse a sufragar las consecuencias de estas estrategias e incorporarlos a las transformaciones o construcciones de las infraestructuras que cubran las necesidades ciudadanas. Preparar a los ciudadanos en la paz, seguramente también es lo correcto para alejarse de la guerra. Se vive en tiempos de incertidumbre e inseguridad.