Francisco Suárez, geriatra: «No se debe esperar a que las personas mayores tengan sed para ofrecerles líquidos»

Carmen Liedo
Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

FRANCISCO SUÁREZ GARCÍA, PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD DE GERIATRÍA Y GERONTOLOGÍA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS (SGGPA)
FRANCISCO SUÁREZ GARCÍA, PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD DE GERIATRÍA Y GERONTOLOGÍA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS (SGGPA) Carmen Liedo

El presidente de la Sociedad de Geriatría y Gerontología del Principado de Asturias advierte de que el envejecimiento reduce la percepción de la sed y dificulta la regulación de la temperatura corporal, factores que elevan el riesgo de deshidratación y golpe de calor durante los episodios de altas temperaturas

23 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Las olas de calor o episodios de altas temperaturas, como el que estamos viviendo estos días, son cada vez más frecuentes en Asturias, una región en la que casi 3 de cada 10 asturianos son mayores de 65 años. El caso es que las personas mayores constituyen uno de los colectivos más vulnerables cuando el calor aprieta, y más aún si hay enfermedades crónicas, tratamientos farmacológicos o situaciones de dependencia. Según explica el geriatra Francisco Suárez García, presidente de la Sociedad de Geriatría y Gerontología del Principado de Asturias, la disminución de la sensación de sed y los cambios que el envejecimiento provoca en los mecanismos de regulación térmica hacen que la deshidratación pueda pasar desapercibida hasta que aparecen síntomas de gravedad. Así, en la entrevista concedida a La Voz de Asturias el especialista habla de cuáles son las señales de alerta que deben vigilar familiares y cuidadores, identifica los perfiles con mayor riesgo y repasa los errores más frecuentes que se cometen durante el verano, uno de los errores más importantes, «asumir que, si tienen sed, lo pedirán». Es por ello que recalca que «no se debe esperar a que las personas mayores tengan sed para ofrecerles líquidos» ni confiar exclusivamente la hidratación al agua porque, a su entender, «insistir únicamente en que beban vasos de agua, a menudo genera rechazo si no les apetece»: infusiones o zumos de frutas son alternativas que recomienda Francisco Suárez para mantener a los mayores bien hidratados.

—Las personas mayores figuran entre los grupos más vulnerables durante las olas de calor. ¿Qué cambios provoca el envejecimiento en el organismo para que el riesgo de deshidratación o golpe de calor sea mayor que en otros grupos de edad?

—Los mayores de 65 años corren más riesgo de sufrir un golpe de calor al presentar un porcentaje importante alteraciones del centro termorregulador, lo que produce una menor sensación de calor que no activa la necesidad de protegerse de altas temperaturas. Además, se produce una disminución de la percepción de sed lo que conlleva un alto riesgo de deshidratación, especialmente en los mayores que sufren una enfermedad neurodegenerativa, sobrepeso, enfermedades crónicas o tienen prescritos fármacos que favorecen dicha deshidratación. 

—¿Cuáles son las señales de alerta que deberían hacer sospechar a familiares o cuidadores que una persona mayor no está hidratándose correctamente?

—Desde la SGGPA se considera importante saber detectar los síntomas de la hipertermia como son: dolor de cabeza, la sensación de boca seca y pastosa, las náuseas y vómitos, la sensación de mareo, la presencia de escalofríos, la piel seca y enrojecida, los calambres musculares en brazos, piernas o vientre, la desorientación, la pérdida de conciencia, los cuadros confusionales y la ausencia de sudoración ante las altas temperaturas. 

—¿Existen perfiles especialmente sensibles a la deshidratación dentro de la población mayor? 

—Sí, existen varios. Uno serían las personas con deterioro cognitivo o demencia: las personas que padecen enfermedades como el Alzheimer a menudo olvidan beber agua o pierden la capacidad de reconocer y comunicar la sensación de sed. En fases avanzadas, también pueden presentar dificultades para tragar (disfagia). Otro perfil son los pacientes con movilidad reducida o dependencia, es decir, aquellos mayores que dependen de un cuidador para moverse, o que están encamados, tienen un acceso limitado a los líquidos. Si no pueden alcanzar un vaso de agua por sí mismos o no tienen a alguien que se lo ofrezca con frecuencia, el riesgo se dispara. Un tercer perfil serían las personas polimedicadas, porque ciertos tratamientos farmacológicos habituales en la edad avanzada alteran el equilibrio hídrico del cuerpo, como son los diuréticos, laxantes o sedantes. En cuarto lugar, los mayores con enfermedades crónicas, como la diabetes no controlada, porque los niveles altos de glucosa en sangre obligan a los riñones a excretar más orina, aumentando la pérdida de agua; o la insuficiencia renal, en este caso, porque los riñones pierden la capacidad de concentrar la orina adecuadamente, lo que dificulta la retención de líquidos. Un último perfil sería las personas de edad muy avanzada (mayores de 80 años), porque a mayor edad, los cambios fisiológicos naturales se acentúan de forma drástica: el mecanismo de la sed se debilita notablemente y la composición corporal cambia, reduciéndose de forma natural el porcentaje total de agua en el organismo. Es clave que, en el caso de los adultos mayores, no se debe esperar a que tengan sed para ofrecerles líquidos, ya que este mecanismo de alerta suele estar muy disminuido o ausente.

—En ocasiones, síntomas como la confusión, los mareos o la apatía pueden atribuirse a otras patologías propias de la edad. ¿Cómo distinguir cuándo esos signos pueden estar relacionados con el calor o la falta de hidratación?

—Distinguir si la confusión, los mareos o la apatía se deben a la deshidratación o al golpe de calor, y no a sus patologías de base, puede ser un reto porque los síntomas a menudo se solapan. Pero si hay algunos puntos que ayudan. Hay que observar si la boca y la lengua están pastosas, secas o presentan una saliva muy espesa, es un signo claro de falta de líquidos. Otra señal es el «signo del pliegue»: esto es que al pellizcar suavemente la piel del dorso de la mano o del tórax, si esta tarda varios segundos en volver a su posición normal, refleja una pérdida importante de elasticidad por falta de agua. También es signo de falta de hidratación si la confusión o la apatía aparecen de forma repentina en cuestión de horas o de un día para otro, es muy probable que se deba a una causa aguda como el calor, la deshidratación o una infección, más que a la progresión normal de una demencia o enfermedad crónica. Además, si los mareos o el aletargamiento se intensifican por la tarde, tras las horas de más calor, o después de haber estado en una habitación calurosa.

— ¿Qué errores se cometen con más frecuencia durante el verano en el cuidado de las personas mayores que pueden favorecer una deshidratación o un golpe de calor?

—Se pueden citar varios. El primero, ofrecer agua solo cuando la persona la pide; es un error asumir que, si tienen sed, lo pedirán. En segundo lugar, confiar exclusivamente en el agua para hidratar; el error está en insistir únicamente en que beban vasos de agua, lo que a menudo genera rechazo si no les apetece. El tercer error es gestionar mal la ventilación y la temperatura de la vivienda, como mantener las ventanas abiertas de par en par durante las horas centrales del día para «que corra el aire». El cuarto, abrigarlos en exceso por inercia o costumbre y dejar que sigan usando ropa de manga larga, chaquetas o mantas porque ellos dicen que «tienen frío». Un quinto error es mantener las rutinas de paseo en horarios inadecuados; es un error salir a caminar «cuando baja un poco el sol» pero todavía hace demasiado calor (por ejemplo, a las 17:00 o 18:00 de la tarde), o hacer recados en las horas centrales del día. Y un sexto y último error que destacaría es no ajustar las dosis de la medicación con el médico y mantener exactamente el mismo tratamiento farmacológico que en invierno, especialmente si toman diuréticos o fármacos para la tensión.

—Si una persona mayor comienza a presentar síntomas compatibles con un golpe de calor, ¿cómo debemos actuar durante los primeros minutos mientras llega la asistencia sanitaria?

—Dentro de los indicativos de un golpe de calor, hay que prestar especial atención al aumento de la temperatura corporal por encima de los 40 grados, acompañado de piel seca y caliente, ausencia de sudor, mareos o dolor de cabeza. La primera pauta de actuación ante estos síntomas debe ser llamar a emergencias (112) y solicitar ayuda médica. Durante la espera, se debe intentar bajar la temperatura corporal a los 37 grados lo antes posible, buscando una zona ventilada y a la sombra. Se debe también quitar y aflojar la ropa y aplicar toallas o paños fríos, además de beber agua poco a poco.

—Más allá de beber agua, ¿qué papel juegan la alimentación o la planificación de las actividades diarias en la prevención de estos problemas?

—Lo principal es que los mayores necesitan un buen aporte de líquidos. La falta de sed es engañosa, por lo que se debe consumir frecuentemente agua, infusiones, zumos de frutas, aunque no se tenga la sensación de sed; y evitar el consumo de bebidas alcohólicas. Además, las comidas deben ser ligeras, lo que permite digestiones ligeras. Por otro lado, como decía anteriormente, hay que evitar la exposición al sol con temperaturas elevadas, sobre todo en las horas de mayor intensidad (12-16 horas) y con una humedad relativa alta (mayor del 60 por ciento).  Tampoco se debe realizar ejercicio ni deportes que aumenten el esfuerzo y la sudoración en momentos de calor. Insistir en que hay que mantener la casa fresca y ventilada; no permanecer en vehículos estacionados o cerrados; evitar llevar ropa ajustada y elegir tejidos ligeros, como el algodón y de colores claros, preferentemente; y es recomendable, además, el uso de sombreros o gorras que protejan nuestra cabeza del sol.

—Asturias suele asociarse a temperaturas suaves, pero en los últimos años se han registrado episodios de calor cada vez más intensos. ¿Perciben desde la geriatría que existe una mayor preocupación o incidencia de problemas relacionados con el calor entre las personas mayores asturianas?

—En general no lo percibo. Siempre ha habido casos puntuales.

—El Principado cuenta con una población especialmente envejecida y con muchos mayores que viven solos, sobre todo en zonas rurales. ¿Qué medidas de prevención considera más importantes en estos casos para evitar situaciones de riesgo durante una ola de calor?

—En zonas rurales con una población especialmente envejecida y donde predomina la soledad, las estrategias de prevención no pueden depender únicamente del autocuidado de la persona mayor. Deben basarse en redes de apoyo comunitario y en una gestión activa de la administración local. Las medidas de prevención más importantes en entornos rurales para evitar situaciones de riesgo durante una ola de calor se basan en la cercanía vecinal, que es la herramienta más potente. El cuidado vecinal consiste en fomentar que vecinos, comerciantes locales (panaderos, farmacéuticos) o el cartero detecten anomalías (como persianas que no se abren, no ver a la persona a sus horas habituales o cambios en su aspecto). Además, son importantes las llamadas y visitas de control: establecer un sistema donde un voluntario o vecino visite o llame por teléfono a los mayores que viven solos al menos dos veces al día (a mitad de mañana y al final de la tarde) para asegurar que están bien y recordarles que beban agua.

—De cara a este verano, ¿qué mensaje le gustaría trasladar tanto a las personas mayores como a sus familiares para que disfruten de la temporada con seguridad y sin que el calor se convierta en un problema de salud?

—Pues disfrutar del buen tiempo, que no dura mucho en Asturias, y tomar las medidas básicas antes comentadas, y que tampoco es necesario el calor y el sol para disfrutar de estos meses.