En el IPLA-CSIC de Asturias se investiga cómo los microorganismos pueden mejorar la salud, los alimentos y la sostenibilidad
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Los microorganismos están presentes en entornos tan diversos como el intestino de un recién nacido, la corteza de un queso de montaña o los residuos de la industria alimentaria. Y aunque suelen pasar desapercibidos, comprender qué hacen y cómo interactúan, es el trabajo del grupo MicroHealth
02 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.No todos las formas de vida microscópica son una amenaza. Muchos forman parte del equilibrio del cuerpo humano, intervienen en la generación de los alimentos que consumimos y pueden ofrecer respuestas útiles para mejorar la salud o controlar mejor determinados procesos.
Esa es la premisa de partida del grupo Funcionalidad y Ecología de Microorganismos Beneficiosos, conocido como MicroHealth, que trabaja en el Instituto de Productos Lácteos de Asturias del CSIC (IPLA-CSIC) y participa en el Área de Inmunología, Microbiología e Infección del ISPA. Su labor cuenta con financiación del Principado de Asturias, a través de FICYT, en la convocatoria de ayudas a grupos de investigación de 2024.
Formado por quince investigadores y técnicos, el equipo trabaja en varias líneas que van desde el estudio de los microbiomas en la cadena alimentaria y la microbiota intestinal hasta la funcionalidad de microorganismos beneficiosos, el desarrollo de modelos experimentales y la búsqueda de soluciones microbiológicas para mejorar la sostenibilidad agroalimentaria.
El punto de partida es una distinción que parece técnica, pero que cambia la forma de abordar estas investigaciones. Como explica Abelardo Margolles, investigador del grupo, la microbiota es el conjunto de microorganismos que habitan un entorno determinado, mientras que el microbioma incluye también los compuestos que generan y el ambiente en que viven.
La diferencia no es solo terminológica y permite pasar de identificar cuales están presentes a comprender qué función desempeñan y cómo influyen en el ecosistema que ocupan.
Microorganismos con potencial para la salud y la alimentación
Una parte importante del trabajo de MicroHealth consiste en identificar y estudiar estas comunidades microbianas beneficiosas para comprender qué funciones desempeñan y qué aplicaciones pueden tener.
«Buscamos microorganismos que puedan ser de utilidad en distintos campos relacionados con la alimentación», explica Patricia Ruas Madiedo. Ese trabajo comienza con el aislamiento y caracterización de bacterias y levaduras procedentes tanto del microbioma humano como de los alimentos, con el objetivo de conocer qué función desempeñan y evaluar posibles aplicaciones probióticas, tecnológicas o biotecnológicas.
Uno de los ejemplos es la colección de bifidobacterias que el grupo ha obtenido a partir de muestras humanas de donantes sanos. Estas bacterias presentan propiedades probióticas que podrían contribuir a mejorar la salud humana.
Pero las aplicaciones no se limitan a la salud humana y el grupo ha estudiado también las primeras fases de elaboración del queso DOP Gamonéu, identificando bacterias lácticas autóctonas que podrían utilizarse para diseñar fermentos capaces de controlar el proceso y mantener las características sensoriales del producto.
«Los alimentos también tienen su propia microbiota», recuerda Abelardo Margolles. En los fermentados, esas comunidades no solo contribuyen a la seguridad alimentaria, sino que influyen directamente en el sabor, el aroma y la textura que percibe el consumidor.
El conocimiento generado en este ámbito está permitiendo, además, explorar nuevas herramientas para verificar la autenticidad de los alimentos, detectar microorganismos patógenos o identificar qué especies participan en procesos beneficiosos durante su elaboración.
Un diagnóstico más difícil de lo que parece
Con ese enfoque, MicroHealth ha analizado cómo varía la microbiota en pacientes con enfermedades autoinmunes o inflamatorias y ha estudiado la evolución de estas comunidades microbianas en distintos grupos de edad, desde niños lactantes hasta personas mayores.
Uno de sus proyectos actuales, desarrollado junto con pediatras de atención primaria y del Hospital Universitario Central de Asturias, trabaja con niños que padecen el síndrome de enterocolitis inducida por proteínas alimentarias, una enfermedad difícil de diagnosticar.
Susana Delgado, investigadora del equipo, explica que, en este caso, el objetivo es buscar «a partir de muestras de heces, nuevos o potenciales biomarcadores que faciliten el diagnóstico de este síndrome».
De residuos a recursos: el reto que viene
La línea más reciente del grupo, la de sostenibilidad, parte de una pregunta directa: ¿qué hay aprovechable en lo que se descarta? «La idea es dejar de considerar los subproductos agroalimentarios como residuos y entenderlos como una fuente de biomasa con potencial para generar ingredientes de alto valor añadido», explica Lorena Ruiz García, investigadora de MicroHealth.
El planteamiento conecta con la economía circular y abre la puerta a aprovechar lo que antes se tiraba y reducir el impacto ambiental de la cadena agroalimentaria.
Aunque la investigación sobre microbiomas ha avanzado enormemente durante las últimas dos décadas, los científicos consideran que algunos de los mayores desafíos aún están por delante.
Uno de ellos consiste en comprender mejor qué función desempeñan realmente los microorganismos en los ecosistemas que habitan. Como señala Lorena Ruiz, «el reto ya no es solo describir estas comunidades microbianas, sino entender qué están haciendo y cómo influyen en procesos biológicos o tecnológicos».
A ello se suma la necesidad de evaluar la enorme cantidad de información que generan las nuevas herramientas de análisis. «El principal reto al que nos enfrentamos es integrar la gran cantidad de datos generados», explica Patricia Ruas. Para ello resulta cada vez más necesario incorporar especialistas capaces de desarrollar nuevas herramientas de análisis y aprovechar el potencial de la inteligencia artificial.
Sin embargo, el objetivo final va más allá de los desafíos técnicos. «Uno de los retos más importantes es pasar del conocimiento básico de los microbiomas a aplicaciones reales», resume Abelardo Margolles.
Después de dos décadas construyendo conocimiento sobre estos ecosistemas invisibles, el desafío pasa por transformar ese conocimiento en aplicaciones capaces de mejorar la salud, la alimentación y la sostenibilidad. MicroHealth lleva tiempo trabajando precisamente en esa dirección.