Tener empleo ya no basta: Cáritas alerta del aumento de los trabajadores pobres en Asturias
ASTURIAS
La Memoria 2025 de Cáritas Diocesana de Oviedo advierte de que la precariedad laboral, el coste de la vivienda y la fragilidad de las redes de apoyo empujan a muchas familias a situaciones de exclusión pese a contar con ingresos
16 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hace unos años, tener un empleo era sinónimo de estabilidad; tener una nómina significaba poder acceder a una vivienda, poder afrontar los gastos cotidianos y, por tanto, poder construir un proyecto de vida. Sin embargo, esa relación entre trabajo y bienestar se ha ido debilitando y, hoy por hoy, tener un trabajo ha dejado de ser una garantía para vivir con dignidad. Así se desprende de la Memoria 2025 de Cáritas Diocesana de Oviedo, que pone cifras y argumentos a una realidad que las entidades sociales vienen observando desde hace años: cada vez hay más personas que, pese a trabajar, continúan atrapadas en situaciones de vulnerabilidad y pobreza porque siguen teniendo dificultades para cubrir necesidades básicas. Es más, la entidad alerta de que la recuperación del empleo registrada en los últimos años no ha ido acompañada de una mejora en las condiciones de vida de una parte de la población.
El informe describe, por tanto, un escenario marcado por la desigualdad, en el que el crecimiento económico y la recuperación del empleo conviven con dificultades crecientes para una parte de la población. «En Cáritas seguimos constatando cómo el empleo ya no garantiza necesariamente una vida digna, cómo numerosas familias deben destinar gran parte de sus ingresos al pago de alquileres y suministros, y cómo muchas personas viven atrapadas en procesos de exclusión que afectan no solo a lo económico, sino también a los vínculos, la participación y la esperanza», señala la directora de la entidad, Elsa Suárez Álvarez-Cascos, en la presentación de la memoria.
Según recoge Cáritas, el empleo ha recuperado terreno en términos cuantitativos, pero ha perdido capacidad como herramienta de inclusión social. Además, señala que los salarios reales apenas han avanzado, que la temporalidad sigue presente en numerosos sectores y la inestabilidad laboral dificulta que muchas personas puedan planificar su futuro con un mínimo de seguridad. A ello se suma un factor que aparece de forma recurrente a lo largo del documento: la vivienda. Para miles de familias, el alquiler se ha convertido en el principal quebradero de cabeza. El aumento continuado de los precios, unido al encarecimiento de suministros básicos, como la electricidad o el gas, obliga a destinar una parte cada vez mayor de los ingresos al mantenimiento del hogar.
La consecuencia es que muchas personas que trabajan se encuentran en una situación paradójica: tienen ingresos, pero esos ingresos no bastan. Es decir, el sueldo permite sobrevivir, aunque no garantiza una vida digna ni protege frente a cualquier imprevisto. Una avería doméstica, una enfermedad o la pérdida temporal del empleo pueden desencadenar rápidamente una situación de exclusión.
Los datos de atención son una prueba de esa dura realidad. Durante 2025, Cáritas acompañó a 4.812 hogares en Asturias, en los que viven 11.109 personas. Otra cifra que deja la Memoria Anual es que en cuatro de cada diez hogares atendidos había menores a cargo, mientras que el 65% estaban integrados por familias en las que viven personas migrantes. Precisamente la población migrante constituye uno de los colectivos más expuestos a esta realidad, ya que muchas de estas personas encuentran empleo, pero lo hacen en sectores especialmente precarios o con dificultades añadidas derivadas de su situación administrativa. El documento destaca que el acceso a derechos, la regularización documental o la estabilidad residencial continúan siendo obstáculos que limitan sus posibilidades de integración.
Otros motivos de la exclusión social
Sin embargo, el informe insiste en que la exclusión social no puede medirse únicamente en términos económicos: el deterioro de las relaciones personales y comunitarias, la soledad no deseada y el debilitamiento de las redes de apoyo agravan situaciones que ya son complicadas desde el punto de vista material. Así, señala Cáritas que, a menudo, las personas atendidas no solo necesitan ayuda para afrontar un recibo o pagar un alquiler, sino también acompañamiento para recuperar confianza, autonomía y participación social. Igualmente, en el balance anual se hace referencia a que «el acceso a la salud presenta crecientes desigualdades vinculadas a la situación económica de las personas», ya que muchas familias encuentran dificultades para acceder a medicamentos, tratamientos especializados o servicios de salud mental. A este respecto, en el informe pone de manifiesto que «la exclusión social y los problemas de salud se retroalimentan, generando situaciones de especial vulnerabilidad y sufrimiento social», señala textualmente.
La entidad alerta, además, de que los sistemas de garantía de ingresos siguen presentando importantes limitaciones. Así, muchas familias encuentran dificultades para acceder a prestaciones o se enfrentan a trámites administrativos complejos que retrasan o impiden la llegada de ayudas esenciales.
Ante este panorama, Cáritas reclama respuestas que vayan más allá de la asistencia inmediata. La organización considera prioritario reforzar las políticas de vivienda, facilitar el acceso a las prestaciones sociales y promover empleos más estables y mejor remunerados. También defiende la necesidad de actuar antes de que las situaciones de vulnerabilidad se cronifiquen y desemboquen en procesos de exclusión más severos. En definitiva, la Memoria 2025 deja una advertencia clara: la pobreza ya no afecta únicamente a quienes están fuera del mercado laboral, sino que también alcanza a personas que trabajan cada día y que, aun así, no logran escapar de la incertidumbre; una realidad cada vez más visible que cuestiona una de las certezas sobre las que se construyó el Estado del bienestar: que el empleo era la puerta de entrada a una vida digna.