Unai Sordo (CCOO): «La extrema derecha viene a por los sindicatos porque formamos parte del gran entramado democrático»

ASTURIAS

Unai Sordo
Unai Sordo Pablo Lorenzana

El secretario general de CCOO analiza el impacto de la inteligencia artificial en las relaciones laborales, el debate sobre el absentismo y los retos económicos y políticos de la izquierda

04 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El secretario general de CCOO, Unai Sordo, cerró el viernes la II Escuela de Verano Laboralista Anita Sirgo, en el edificio histórico de la Universidad de Oviedo, con una reflexión sobre la subida de la inflación y su impacto en el poder adquisitivo de lo salarios, adviertiendo a la patronal contra la tergiversación del debate sobre el absentismo laboral.

—En la escuela de verano han tratado muchas cuestiones del laboralismo y retos del trabajo, me gustaría preguntarle por cuestiones como el auge del teletrabajo o la inteligencia artificial y su impacto en las relaciones laborales desde el punto de vista sindical.

—Creo que tienen que ver, sobre todo, con dos cuestiones muy importantes. Una es la modificación radical de lo que era el centro de trabajo clásico. El teletrabajo implica una cierta desmaterialización de este espacio, pero incluso la digitalización aplicada a muchas de las actividades profesionales actuales hace que el vínculo entre los trabajadores haya cambiado de forma muy importante. Esto apela al sindicato a ser más hábil y a buscar nuevas formas de encontrar y transmitir esos vínculos colectivos entre los trabajadores y las trabajadoras. Por otro lado está la inteligencia artificial, que afecta a muchísimas facetas, no solo del trabajo, sino de la vida en general. A corto plazo, lo que más nos preocupa lógicamente es la potencialidad de su uso, la acumulación de datos y la utilización de estos para modificar las pautas de organización del trabajo. Es decir, que a través de la acumulación de datos y de fórmulas aparentemente neutras se tomen decisiones sobre salarios, intensidad del trabajo, contratación, despidos o promoción laboral; todo ello basado en una acumulación de datos que extraiga conclusiones que, a veces, puedan tener sesgos de desigualdad inmensos y hagan que las leyes queden en papel mojado. Por tanto, hay que tener claro que los algoritmos de la inteligencia artificial también responden a intereses y a criterios. El uso de estas nuevas tecnologías no puede servir como excusa para la no aplicación de las leyes y de las normas que tanto tiempo costó conseguir.

—¿Qué pasará en este sentido en la industria?

—La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías realmente pueden tener usos muy positivos a la hora de utilizar los recursos de una forma más eficaz. En miles de aplicaciones, esa acumulación de datos para tomar las mejores decisiones puede ser muy positiva. Nosotros no estamos en contra de eso. De lo que estamos en contra es de que estas tecnologías se utilicen para deteriorar la calidad del empleo, para desorganizar el trabajo o para tomar decisiones discriminatorias respecto a la clase trabajadora. A partir de ahí, como bien planteas, estamos en un momento de muchísimo interés. Es verdad que durante décadas todos los procesos industriales, con una u otra intensidad, han tendido a deslocalizar buena parte de sus actividades. Creo que hemos llegado a un momento en el que se está estableciendo un consenso distinto: no podemos prescindir de los elementos centrales y críticos para una economía o para una sociedad. Lo vimos en la pandemia, cuando nos dimos cuenta de que no se podía prescindir de mascarillas, ventiladores o geles. Lo hemos visto con las guerras, al comprobar que no podemos tener una dependencia energética exterior absoluta. Pero nos tenemos que dar cuenta también de que la producción básica industrial en una zona como la Unión Europea tiene que contar con una producción propia, porque si no, la dependencia exterior te hace muy vulnerable. Se han roto los equilibrios y las relaciones multilaterales entre Estados Unidos y la Unión Europea se están quebrando. China aparece como un actor socioeconómico de primera magnitud desde hace mucho tiempo. Europa tiene que reconfigurar sus relaciones exteriores, pero, sobre todo, tiene que reducir sus dependencias y mejorar lo que se ha dado en denominar la autonomía estratégica. Esta autonomía no es solo energía y seguridad, es industria también. Claro que estamos ante una oportunidad de relocalización de actividad productiva; se está dando en todo el mundo. El precio más competitivo de la energía renovable, donde España puede constituirse en una gran potencia a nivel europeo, creo que es el gran factor de atracción de inversión. Además, considero que esto tiene que compensar también a los territorios sacrificados en otros momentos históricos que no tuvieron un desarrollo industrial (de los cuales ha habido bastantes en España) o a los que, teniéndolo, sufrieron reestructuraciones y crisis industriales muy fuertes, como es el caso de Asturias.

—¿Qué está pasando con los salarios? Están estancados. ¿Qué consecuencias puede tener el hecho de que un gobierno progresista haya subido el salario mínimo interprofesional —lo cual es el éxito de una política progresista— pero que otras cohortes salariales se hayan quedado estancadas? ¿Qué problemas políticos nos puede generar esa circunstancia?

—Es compatible que se esté generando más empleo y que estén incrementándose, incluso de forma notable, los salarios medios. Pero lo de los salarios medios es como la metáfora de los pollos: si hay dos pollos, yo me como dos y tú ninguno, la estadística dirá que nos hemos comido uno cada uno. ¿Qué es lo que pasa en España? Suben los salarios medios, pero hay en torno a nueve o diez millones de salarios que están estancados. En un contexto de precios altos, esos trabajadores están perdiendo poder adquisitivo, y si a eso le sumas un alquiler o el acceso a la vivienda a precios disparatados, es gente que no llega a fin de mes. Este es el gran problema que ahora mismo tiene España: convivimos a la vez con una buena situación del empleo, más empleo que nunca, y una subida de los salarios medios, pero con nueve o diez millones de salarios absolutamente estancados. Ahí es donde el sindicato quiere presionar en materia de reivindicación, para que los convenios colectivos sirvan para recuperar el poder adquisitivo que se ha perdido con los picos de inflación de estos últimos años.

—Y al respecto antes ha comentado que la reacción de la patronal es poner el foco en el absentismo. Asturias y el País Vasco aparecen siempre en primer lugar, porque tienen industria y buenos convenios, pero también porque las plantillas están envejecidas, ahora hay incluso comentarios de burla de empresarios sobre la salud mental.

—A nosotros lo que nos preocupa es que la CEOE, ante una cuestión tan compleja, quiera hacer una caricatura. Si queremos hacer un análisis riguroso del porqué se han incrementado las bajas laborales en los últimos tiempos, hagámoslo. Existe una relación directa entre el deterioro de los sistemas de atención sanitaria primaria, y los tiempos de respuesta de dicho sistema, con el incremento de la duración de las bajas. Si la edad media de los trabajadores ocupados es mayor, sobre todo en profesiones que exigen un desgaste duro, es lógico que haya un incremento de las bajas. Lo que habrá que hacer será facilitar las jubilaciones anticipadas de estas personas a través de coeficientes reductores por los que tienen que sobrecotizar las empresas. Luego hay un problema enorme de carácter psicosocial: se están extendiendo las bajas de este tipo porque hay muchísimas personas jóvenes que tienen la imposibilidad de conciliar la vida profesional y la laboral, debido a los ritmos de trabajo y a las exigencias de las nuevas formas de organización laboral. Esto está llevando a un incremento paulatino de estas bajas. Por tanto, lo que hay que hacer es mejorar las condiciones de trabajo y de empleo. Los planes de prevención de riesgos en las empresas muy habitualmente no dan respuesta a los riesgos reales que existen. Más del 30% de los accidentes mortales en España se producen por causas que ni siquiera estaban recogidas en un plan de prevención; por lo tanto, hay un déficit de la calidad preventiva de las empresas. Todas estas cosas, y algunas más, son las que están incidiendo en el incremento de las bajas. Si la CEOE quiere abordar este debate en toda su complejidad, nosotros estamos de acuerdo. Ahora bien, no vamos a entrar a jugar a esa caricaturización de la juventud como una «juventud de cristal» que se coge la baja por cualquier motivo, ni a la de unos médicos que las conceden a tontas y a locas.

—También quiero preguntale por la industria en Asturias. Es una comunidad muy castigada por las reconversiones, pero que tiene ahora puesto el foco en la industria de defensa como un motor nuevo para mantener esa columna vertebral en el tejido productivo.

—Lo primero que creo que hay que hacer es distinguir las políticas de rearme de las políticas de incremento de la seguridad a nivel europeo. Creo que España ha hecho bien en rechazar el concepto de la política de rearme cuando está dirigida a financiar un plan industrial para la industria armamentística de Estados Unidos, que no es lo que necesitamos. Si tenemos que reducir nuestras dependencias externas, y una de ellas es la seguridad, creo que en el marco europeo hay que garantizar que mejoramos, en general, nuestros sistemas de seguridad. Esto ya no es solo política armamentística; es también política de ciberseguridad y de gestión de otros riesgos que hoy en día existen en las sociedades contemporáneas. A partir de ahí, estas son industrias que tienen que escalarse a nivel europeo; ningún país tiene capacidad de hacer frente a lo que viene por sí solo. En ese escenario, España y Asturias tienen una industria que puede jugar un papel muy determinante en los próximos años, constituyendo nichos de empleo importantes.

—Hace tiempo en una entrevista con Pepe Álvarez, secretario general de UGT, me comentaba que veía el auge de la extrema derecha como una amenaza existencial para el propio sindicalismo. ¿Comparte ese temor? Lo digo porque realmente hay campañas que vienen a desprestigiar a los sindicatos.

—Si solo fuera una cuestión de prestigio, ya me conformaría. Yo creo que las nuevas extremas derechas son una enmienda a la totalidad y un intento reaccionario frente a los modelos constitucionales que emergieron de la última parte del siglo pasado. La extrema derecha claro que viene a por los sindicatos, al igual que viene a por todos los espacios de mediación democrática, porque buscan recuperar sociedades autoritarias; quizá no autárquicas, pero sí autoritarias, y lo estamos viendo en los propios Estados Unidos. Por tanto, claro que atacarán a los sindicatos, pero no porque nos tengan manía, sino porque formamos parte del gran entramado democrático que existe en España, del mismo modo que harán con los partidos, las instituciones, el multilateralismo, la ciencia o los medios de comunicación. Es la mayor amenaza de regresión social y democrática que hemos vivido desde las dictaduras militares del siglo pasado. Ahí está ubicada el conjunto de la extrema derecha en el mundo, y particularmente la española, que dentro de las distintas familias siempre se sitúa en las alas más radicales. Por tanto, claro que es un riesgo, pero no en sí como un ataque exclusivo a los sindicatos, sino como un riesgo de ataque a la democracia y a los actores que le dan cuerpo, que es todo lo que intermedia en las sociedades complejas y democráticas.

—Con el horizonte puesto en las elecciones generales, hubo muchísimos rumores que le situaban ante la posibilidad de encabezar una candidatura a la izquierda del PSOE. ¿Hay algo de cierto en esos rumores? ¿Alguien se puso en contacto para pedírselo? 

—Que hay algo de cierto en los rumores es verdad, porque ahí están los rumores y eso es innegable. Pero yo, siempre que se me ha preguntado, he dicho lo mismo: tengo un compromiso con el sindicato. Este compromiso lo adquirí hace apenas un año y diez días, por lo tanto, es un compromiso de cuatro años. Es el único compromiso que tengo cerrado; lo demás se ha movido únicamente en el terreno de la rumorología.

—En todo caso, desde el punto de vista del sindicato, ¿Cómo ve el debate que está habiendo dentro de las izquierdas y cómo ves el panorama general? Estamos hablando de una posibilidad muy cierta de tener un gobierno con participación de la extrema derecha en España, no solo en las comunidades autónomas.

—Sí, es un riesgo muy cierto y quizás sea ahora mismo el escenario central o el más probable; no el fijo, pero sí probable. Ante esto, creo que las fuerzas políticas democráticas tienen que ponerse las pilas y situar propuestas que conciten mayorías sociales, enviando mensajes nítidos a la población. En mi opinión, ahora mismo la disputa de nuestra época tiene que ver con la perspectiva desde la cual se le ofrece a las mayorías sociales escenarios de certidumbre, seguridad y bienestar. Hay una opción reaccionaria que va ganando peso, la cual sostiene que para llegar a esa situación de estabilidad, seguridad y bienestar hay que volver a las viejas jerarquías sobre quién manda y quién obedece, a cuando todos éramos blancos. Por lo tanto, es una política de señalamiento que consiste en imputar al débil la responsabilidad que no te atreves a imputarle al fuerte. Es una especie de bote salvavidas en el que, desde la xenofobia, el machismo y el racismo, se pretende un mundo de seguridad basado en cómo era la sociedad hace décadas. Frente a esto, yo creo que hay que poner encima de la mesa un gran marco que defienda que la seguridad, la estabilidad y el bienestar dependen de lo común, de los servicios públicos, de contar con el pleno empleo, de no vernos afectados por la crisis climática, por las inundaciones y las sequías. Dependen, en definitiva, de recuperar un gran contrato social para el siglo XXI desde un concepto de comunidad y desde un modelo de país abierto y convivible. Son dos formas de entender la civilización que están en pugna en todo el mundo, no es una cuestión que se dé solo en España. Ante esto, creo que las distintas familias de la izquierda —porque lógicamente no todo es igual, y cada una tiene sus acentos y elementos de mayor o menor intensidad en muchas de estas reivindicaciones— lo que tienen que plantear son propuestas nítidas, reconocibles y que aporten certeza. Yo creo que en este momento lo peor que se le puede proponer a una sociedad como la española son escenarios de incertidumbre. Pedir el voto para hacer algo que no se sabe muy bien qué es no funciona; tiene que estar muy claro el panorama. Estoy convencido de que en los próximos meses se despejarán esas distintas ofertas electorales y de que va a haber partido todavía.