Carteles con el mismo patrón: ilustradores y diseñadores alertan del riesgo de la IA para la creatividad y la identidad cultural asturiana
ASTURIAS
Profesionales del sector denuncian que el auge de la inteligencia artificial generativa por parte de instituciones, asociaciones y empresas impacta en su trabajo creativo y difumina la singularidad visual de fiestas, eventos y tradiciones de la región
19 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Montaña, tradición y xuntanza». Así rezaba el título del cartel con el que se anunciaba una jornada festiva organizada el pasado mes de mayo en Cabrales. A simple vista, dicho cartel parecía reunir todos los ingredientes asociados al medio rural asturiano y a la cultura regional: montañas espectaculares, senderistas recorriendo un camino, un hórreo y, bajo este, una comida popular al aire libre con gran afluencia de personas e, incluso, alguien escanciando un culín de sidra. Sin embargo, para los profesionales de la ilustración y del diseño gráfico, lo que representa tal imagen es lo que vienen denunciando desde hace meses: «la homogeneización visual y el borrado cultural» debido a la utilización de la Inteligencia Artificial Generativa.
Así lo explicaba el perfil asturiano de Instagram @avemar_ia, que dedicó una de sus publicaciones a analizar el cartel bajo un título tan contundente como revelador: «Tradición, xuntanza e IA: o cuando reivindicamos lo mismo que destruimos». En ella, sus responsables cuestionaban una imagen que, según indica, construía una visión artificial del territorio a partir de elementos generados mediante inteligencia artificial: «la IA genera una imagen artificial de lo que es un lugar, desde el total desconocimiento y sin ningún respeto», se puede leer en el análisis de la publicación.
Lo preocupante para el sector es que no se trata de un caso aislado. Según denuncian los profesionales de la ilustración de la región, cada vez son más los carteles promocionales de fiestas, ferias, eventos turísticos, actividades culturales o competiciones deportivas que recurren a herramientas de inteligencia artificial generativa para crear imágenes que hasta hace poco encargaban a ilustradores o diseñadores profesionales. Y van más allá, el fenómeno no se da solo en Asturias; se extiende por toda España, por lo que el sector creativo observa con preocupación cómo una parte de su trabajo comienza a ser sustituida por algoritmos capaces de producir ilustraciones en cuestión de segundos.
La tendencia ha provocado, incluso, la aparición de perfiles en redes sociales, perfiles dedicados a identificar y analizar estas prácticas a modo de denuncia. Así, cuentas como @el_mismo_póster, @avemar_ia o @yasturies recopilan ejemplos de imágenes generadas mediante inteligencia artificial y señalan los elementos que se repiten una y otra vez: tipografías de letra impactantes, personajes con rasgos similares, composiciones intercambiables, fondos difuminados, tonos envejecidos artificialmente, manchas y salpicaduras decorativas y escenas construidas a partir de fórmulas visuales que terminan pareciéndose entre sí aunque anuncien actividades completamente diferentes. Es decir, da igual que se anuncie una fiesta en el oriente asturiano o un festival en el sur de España, «los carteles terminan pareciéndose entre sí», critican los profesionales.
Para Isabel Muñoz, vicepresidenta de la Asociación de Profesionales de la Ilustración de Asturias (APIAST), el problema no es la tecnología como herramienta de apoyo ni radica en la inteligencia artificial aplicada a tareas técnicas o de automatización, sino en el modelo de la IA generativa, un modelo que, denuncia, está nutrido de millones de obras sin el consentimiento de sus autores. A este respecto, la misma explica que, aunque «muchas veces oímos que necesita una regulación y que lo digital va muy por delante y lo legal siempre va por detrás», a su entender eso «no es del todo correcto porque en realidad tenemos una ley de propiedad intelectual que protege el trabajo creativo y a los autores», por lo que ensalza que son «las empresas de inteligencia artificial las que están incumpliendo de manera sistemática todo esto».
La representante del colectivo APIAST considera que los ilustradores están siendo «la primera línea de batalla» y uno de los primeros colectivos afectados por la IA Generativa porque, añade, este agente se ha entrenado utilizando obras de creadores sin autorización expresa: «fuimos los primeros que caímos, pero ya es un problema de carácter social que acabará afectando a absolutamente a todos, porque no sólo robaron ilustraciones, robaron fotos, robaron textos, robaron música, robaron información y ya se están anunciando cambios en determinadas redes sociales con los que, básicamente, van a poder utilizar tu cara, salvo que te opongas». Con esto Isabel Muñoz se muestra convencida de que la situación terminará afectando también a otros sectores creativos como la fotografía, la música o la escritura.
Pero la preocupación de ilustradores y diseñadores gráficos va más allá de la pérdida de encargos. Los profesionales alertan de una progresiva uniformización de la cultura visual porque, lo que antes nacía de una mirada artística concreta, de una investigación previa o de un proceso creativo personal, la IA generativa lo sustituye ahora por conglomerado de imágenes que son el resultado de millones de referencias acumuladas por algoritmos. «Lo que está generando es una cultura de bajísima calidad y nos lo están vendiendo como si fuera comida gourmet, pero es comida fast food de la peor calidad», critica la vicepresidenta de APIAST.
Para los profesionales del sector creativo, la cuestión resulta especialmente sensible cuando quienes recurren a la IA Generativa son administraciones o entidades públicas que promueven, precisamente, la cultura local, la artesanía o el patrimonio de un territorio. En este sentido, Isabel Muñoz ve una contradicción evidente e «incoherencia en el discurso» cuando asociaciones, colectivos o las propias administraciones públicas destinan recursos económicos a otras partidas organizativas, pero prescinden de profesionales creativos para diseñar la imagen de sus actividades: «igual que destinas una partida de dinero para el gaitero, para que se pongan luces o para el que pone la música, pues destinas una cantidad de dinero para la parte del diseño, la creatividad, la ilustración, que además les va a ayudar a diferenciarse y a tener un valor extra sociocultural», sostiene. Además, llama la atención sobre que la profesión creativa es muy amplia y «igual que hay gente que está consolidada y lleva años, hay gente que está empezando y a todos ellos se pueden acercar y preguntar por sus tarifas para este tipo de trabajos. A veces, incluso, haces intercambios de la forma más básica», plantea.
Devaluación de un sector precario
Una visión similar comparte Marta López, coordinadora de The Asturianer y estrechamente vinculada al mundo de la ilustración. Aunque reconoce el potencial de la inteligencia artificial en ámbitos como la investigación científica o el desarrollo tecnológico, considera que su utilización masiva en la creación visual plantea importantes interrogantes éticos en tanto en cuanto «la inteligencia generativa lo que hace es robar las ideas y el trabajo de otras personas sin permiso», afirma. Además, la misma coincide en que cada vez más organismos, empresas y entidades recurren a este tipo de imágenes para promocionar actividades, carteles que presentan rasgos fácilmente identificables incluso para quienes no están familiarizados con el diseño gráfico. «Todos los carteles estos de la inteligencia artificial tienen ese tono amarillento, viejuno, con unos personajes de una calidad ínfima», apostilla.
La coordinadora de The Asturianer cree que el fenómeno está contribuyendo a devaluar una profesión que ya arrastraba problemas de precariedad y dificultades para acceder al mercado laboral, ya que a la competencia habitual se suma ahora la irrupción de herramientas capaces de producir imágenes de manera instantánea y a un coste prácticamente nulo. En este sentido, de lo que advierte es de que «competimos con una herramienta con la que cualquiera que no tenga ninguna formación puede acceder a la ilustración, a escribir o a hacer cualquier trabajo creativo», lamenta.
Pero, al igual que trasladaba Isabel Muñoz, Marta López señala que la preocupación del sector no se limita a la cuestión económica, sino que muchos profesionales están advirtiendo de que la inteligencia artificial está empezando a construir «una representación artificial de la cultura y de los territorios». Esto es porque en eventos que reivindican la tradición, la identidad local o las raíces de una comunidad aparecen imágenes creadas por sistemas que desconocen el contexto cultural que se pretende representar y es, precisamente, esa paradoja la que más se repite en las críticas formuladas desde distintos colectivos creativos: que actos destinados a promover el patrimonio cultural o el respecto al medio ambiente terminen comunicándose mediante imágenes generadas automáticamente a partir de referencias globales y estandarizadas. Es por ello que los profesionales reivindican una reflexión que vaya más allá del ahorro económico inmediato, ya que consideran que la discusión afecta, no solo al futuro de los sectores creativos, sino a la calidad de la comunicación pública y a la forma en que se construye el imaginario colectivo de una sociedad y de una cultura como la asturiana.
Por otro lado, el debate ha llegado ya a las instituciones europeas, en las que España ha planteado la necesidad de revisar la normativa comunitaria sobre derechos de autor para reforzar la protección de los creadores frente al uso de obras protegidas en el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial generativa. Una reivindicación que coincide con las demandas planteadas desde asociaciones de sectores creativos de distintos países. Pero, mientras el ámbito internacional estudia posibles cambios regulatorios, la polémica continúa creciendo en el ámbito local y regional con cada nuevo cartel generado mediante inteligencia artificial generativa que pone en riesgo al sector de la ilustración y la identidad cultural de un territorio.