Cristina Amores: «No quiero hacer un bolso, quiero crear una cadena de valor de la lana en Asturias»
ASTURIAS
La diseñadora impulsa desde Belmonte de Miranda un proyecto para recuperar la lana de pequeñas explotaciones ganaderas
25 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hay proyectos que nacen para crear una marca. El de Cristina Amores nació para resolver un problema. Lo descubrió casi por casualidad, cuando llegó a Belmonte de Miranda y empezó a convivir con los ganaderos de la zona. Mientras ella utilizaba lino o cáñamo para confeccionar sus diseños sostenibles, veía cómo, tras cada esquileo, sacos y sacos de lana terminaban convertidos en un residuo por el que los propios ganaderos tenían que pagar para deshacerse de él. «¿Cómo puede ser?», se preguntó.
Aquella pregunta acabó dando forma a Biblano, un proyecto que acaba de ser seleccionado por el programa Entama de EDP y que pretende demostrar que incluso la lana que nunca interesó a la industria textil puede tener una segunda vida. No se trata solo de diseñar prendas. La ambición de Amores va mucho más allá: quiere convertir un problema ambiental en una oportunidad para el medio rural.
La pasión de Cristina Amores por la moda nació mucho antes, en casa de su abuela. Ella era modista y le enseñó desde niña a coser, tejer y hacer ganchillo. «Siempre dibujaba ropa y maniquíes», recuerda. Aquella herencia artesanal, unida a la sensibilidad social que le transmitió su madre, hizo que desde sus años de formación en Diseño de Moda sintiera un conflicto con el modelo de producción de la industria textil. «Me encantaba diseñar, pero no me gustaba el consumismo ni el marketing que había detrás», explica.
Tras terminar sus estudios y trabajar en Madrid, decidió regresar a Asturias. En concreto, se instaló en Belmonte de Miranda, un concejo al que le unían las raíces familiares de sus abuelos. Allí encontró una forma diferente de vivir y también la inspiración para redefinir su proyecto profesional. «En el entorno rural todo tiene un porqué», afirma.
Fue precisamente en Belmonte donde empezó a comprobar que la lana de las pequeñas explotaciones ganaderas no tenía salida. Las razas de oveja presentes en Asturias producen una fibra más gruesa y heterogénea que nunca llegó a cumplir los estándares de la industria textil. Durante generaciones se utilizó para colchones o para el autoconsumo, pero esos usos fueron desapareciendo y hoy gran parte de esa lana acaba desechándose.
Lejos de buscar la fibra perfecta, Amores decidió centrar su trabajo precisamente en aquella que nadie quiere. «Yo no busco la mejor lana; busco la que sea útil para crear nuevos productos», explica. Su idea es recoger vellones sin clasificar por razas, colores o calidad, procesarlos y descubrir qué aplicaciones pueden tener, ya sea en moda, decoración o incluso en otros sectores. «No quiero forzar el material. Prefiero conocer sus características y diseñar a partir de ellas», señala.
El proyecto, sin embargo, ha crecido mucho más rápido de lo que esperaba. Tras presentar la iniciativa, recibió decenas de llamadas de ganaderos, no solo de Asturias, sino también del País Vasco, Cantabria o Castilla-La Mancha, interesados en colaborar. En apenas unos días tenía comprometidos cientos de kilos de lana. «Pensaba que el problema iba a ser conseguir materia prima y resultó ser todo lo contrario», comenta. Esa respuesta le hizo comprender que el problema trasciende a una marca de ropa. «No quiero hacer un bolso, quiero crear una cadena de valor de la lana en Asturias», resume.
El camino no está exento de dificultades. La lana está catalogada como residuo, por lo que su recogida y transporte exigen una importante tramitación administrativa. Además, en España apenas queda un lavadero especializado capaz de procesarla. Aun así, Amores está convencida de que el esfuerzo merece la pena. Su objetivo es que los ganaderos dejen de pagar por deshacerse de ella y, con el tiempo, puedan incluso obtener un ingreso por ese recurso.
El proyecto, reconoce, no existiría sin las dos mujeres que marcaron su vida. De hecho, la propuesta con la que se presentó a Entama llevaba por nombre El poder de las abuelas, un homenaje a las dos mujeres que marcaron su vida: una le enseñó el oficio con las manos y la otra le dio el apoyo incondicional para perseguir sus ideas. Un legado que hoy resume en la filosofía que guía a Biblano desde sus inicios: crear sin destruir.