La ucraniana que ayuda a quienes viven en la calle en Asturias: «No tener un hogar no te hace menos persona»

La Voz

ASTURIAS

La ucraniana Olena Chulkova está afincada en Llanes
La ucraniana Olena Chulkova está afincada en Llanes

Olena Chulkova centra buena parte de sus esfuerzos en que los individuos sin ningun tipo de recursos tengan las necesidades básicas cubiertas. Para comprender mejor la realidad de sinhogarismo ha decidido quedarse sin techo

21 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay quienes dejan todo atrás en busca de un futuro mejor. Otros, como Olena Chulkova, emprenden el camino movidos por una necesidad irrefrenable de explorar el entorno que los rodea. «Siempre tuvo interés por ver cómo se vive en otras partes del mundo para así conocer otras realidades», confiesa. Ese afán por descubrir nuevos lugares y ampliar horizontes fue el que la condujo hasta Asturias. Atraída por la naturaleza y la cultura de la región, esta ucraniana de 55 años se asentó en el concejo de Llanes, donde hoy centra buena parte de sus esfuerzos en ayudar a las personas que no tienen hogar ni recursos.

Hace ya muchos años que, con la sensibilidad que la caracteriza, presta apoyo a los individuos que viven en la calle. Cuando residía en Madrid, siempre que se cruzaba con alguien sin hogar se detenía para ofrecerle aquello que estuviera a su alcance, desde comida o ropa hasta una conversación o un gesto de cercanía. «A estas personas solo les importan las cosas más simples, como que alguien se preocupe de que su cartón no se moje con la lluvia o que, simplemente, se acerque a hablar con ellas. Eso es lo que realmente les levanta el ánimo», admite Olena, quien descubrió la relevancia de estos pequeños actos en la carta de agradecimiento que pegó un hombre sin hogar en una pared de Santander.

A su llegada a la tierrina siguió tendiendo la mano a quienes carecen de algo caliente que llevarse a la boca y de un lugar seguro donde pasar la noche, lejos también del frío. En un primer momento pasó a prestarle todo su apoyo a una mujer asturiana sin ningún tipo de recursos. «La ayudaba en todo lo que podía hasta que un día se fue y, desde entonces, ya no la veo», admite. Tiempo después conoció a otro asturiano en situación de calle. Tras escuchar su historia e intercambiar varias conversaciones con él, comenzó a llevarle comida de forma habitual. Cada vez que va a verlo, aprovecha para interesarse por su estado de ánimo y recordarle que no está solo.

La ucraniana dedica su vida a las personas sin hogar en Asturias
La ucraniana dedica su vida a las personas sin hogar en Asturias

Como le duele en el alma saber que nadie vive en la calle por elección, ha abierto un perfil en redes sociales para dar visibilidad a esta realidad. Bajo el nombre de «Vidas sin techo», muestra el día a día de las personas sin hogar, comparte sus historias y trata de romper los prejuicios que todavía pesan sobre este colectivo. Sus publicaciones despiertan el interés de numerosas personas, algunas de las cuales deciden implicarse. «Hay gente que me envía dinero o me trae comida y regalos para que pueda seguir ayudando», asegura esta ucraniana que teletrabaja en una empresa surcoreana.

Sin embargo, reconoce que no todos los mensajes de apoyo llegan a traducirse en hechos. «La mayoría de los comentarios se quedan en simple lástima, no pasan a la acción. Muchos me escriben para decirme que quieren colaborar, pero, a la hora de la verdad, solo tres personas han cumplido su palabra y han ayudado realmente», lamenta. Quienes deseen aportar su granito de arena y hacer que las personas sin hogar puedan tener, al menos, cubiertas sus necesidades más básicas tan solo deben ponerse en contacto con ella a través de Instagram o TikTok, puesto que es quien conoce de primera mano la situación de cada uno y se encarga de canalizar la ayuda para que llegue allí donde realmente hace falta.

Profundamente comprometida con los más vulnerables, Olena es incapaz de mirar hacia otro lado ante una realidad que, insiste, podría afectar a cualquiera. «Las personas que viven en la calle no son diferentes de nosotros. Son exactamente igual que cualquiera que hoy lleva una vida aparentemente normal», advierte. A su juicio, como cualquier otra persona, necesitan sentirse parte de la sociedad. «No tener un techo no las hace menos personas, siguen siendo igual que nosotros. Lo que necesitan es una simple conversación y mucha ayuda», afirma esta ucraniana, quien odia con todas sus fuerzas las injusticias sociales.

Empática, humilde, solidaria, generosa, entregada… son muchos los adjetivos que describen a esta valiente mujer, que incluso ha decidido vivir en la calle para comprender de primera mano la realidad de quienes carecen de un hogar. «Quise renunciar voluntariamente a las comodidades de mi vida cotidiana y vivir esta experiencia. Es una decisión consciente y solo el tiempo dirá qué me aporta realmente. No pretendo demostrar nada a nadie ni persigo un objetivo concreto. Simplemente quiero vivirla con plena conciencia y esperar a que termine para extraer mis propias conclusiones. Tengo curiosidad por descubrir qué me enseña y cómo me transforma», asegura.

No sabe con exactitud cuánto tiempo vivirá en la calle. «No me he marcado un plazo concreto. Esta experiencia durará todo el tiempo que considere necesario», explica Olana, quien decidió no prepararse previamente para afrontar esta situación. «Conscientemente no quise crearme condiciones cómodas ni convertir esto en una excursión», admite. Tampoco le preocupa que esta vivencia pueda afectar a su salud física o mental. «Entiendo que cualquier experiencia fuera de lo habitual conlleva riesgos, pero me lo tomo con responsabilidad y no tengo intención de ponerme en peligro», afirma. De hecho, asegura que «ahora mismo no me asusta nada». «Tomé esta decisión de forma consciente, así que no siento miedo», concluye.

Olena ha decidido vivir en la calle para comprender la realidad de las personas sin hogar
Olena ha decidido vivir en la calle para comprender la realidad de las personas sin hogar

Confía en que esta experiencia le permita comprender «mejor» las necesidades de quienes viven en la calle. «Así podré hablar con más conocimiento sobre esta realidad en mis redes sociales y contribuir a que la gente les preste más atención», explica. A su juicio, uno de los problemas más urgentes es la escasez de aseos públicos. «En Madrid existen, pero en muchos pueblos y ciudades pequeñas no hay ninguno. Si una persona sin hogar necesita ir al baño varias veces al día, a menudo la única alternativa es entrar en una cafetería o un bar y consumir algo. Si tienes que hacerlo unas cinco veces al día, solo poder usar un baño puede llegar a costar cerca de diez euros. Para alguien que vive en la calle, es una cantidad de dinero enorme», advierte.

Como posible medida, plantea que las administraciones habiliten espacios específicos donde las personas sin hogar puedan instalar una tienda de campaña de forma legal. «Esos lugares deberían contar, como mínimo, con duchas y aseos. Sería algo parecido a las áreas habilitadas para autocaravanas, pero destinadas a personas que se han quedado sin techo. Evidentemente, esto no solucionaría por completo el problema del sinhogarismo, pero sí les permitiría mantener unas condiciones básicas de higiene y vivir en condiciones más humanas», concluye.

Olena tiene bien claro que tender la mano a quienes viven en la calle beneficia tanto a quien recibe el apoyo como a quien se le ofrece. «Estamos acostumbrados a pensar que somos nosotros quienes ayudamos a las personas sin hogar, pero yo lo veo de otra manera. Ellas también nos aportan mucho por el simple hecho de permitirnos ayudarles. Cuando ayudas a alguien, sientes plenitud, alegría y comprendes que has hecho algo realmente importante. Esa sensación no se puede comparar con nada», reflexiona, al tiempo que anima a la sociedad a aportar su granito de arena y a mirar esta realidad con más empatía.