La acumulación de matorral y el abandono rural elevan el riesgo de grandes incendios en Asturias
ASTURIAS
Los expertos alertan de que el Principado cerró 2025 con cerca de 8.000 hectáreas calcinadas y ya suma otras 5.000 en lo que va de año
30 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La acumulación de matorral derivada del abandono del medio rural, el incremento de la biomasa y los efectos del cambio climático están configurando un escenario en el que Asturias podría enfrentarse cada vez con mayor frecuencia a incendios forestales de gran magnitud. La advertencia parte de la Real Academia de Ingeniería, que considera que España ha entrado en una nueva era marcada por fuegos más extensos, intensos y difíciles de controlar y sitúa al noroeste peninsular entre las zonas donde esta amenaza puede hacerse más evidente. El aviso llega, además, después de que el Principado cerrara 2025 con cerca de 8.000 hectáreas calcinadas, la cifra más elevada desde 2020, y de que en el primer semestre de este año ya se hayan quemado otras 5.000.
El informe, elaborado por el Grupo de Trabajo en Medio Ambiente y Clima de la institución académica, sostiene que el modelo basado casi exclusivamente en apagar los incendios ha llegado a su límite y que resulta imprescindible actuar sobre el territorio antes de que se produzcan los fuegos. Los investigadores advierten de que el principal problema ya no es tanto el número de incendios que se originan como su capacidad para propagarse y alcanzar dimensiones que desbordan los dispositivos de extinción.
En el caso de Asturias, los expertos ponen el foco en una realidad que consideran especialmente preocupante. El progresivo abandono de los usos tradicionales del monte ha favorecido la acumulación de biomasa y de grandes extensiones de matorral que actúan como combustible cuando se declara un incendio. A ello se suma el aumento de las temperaturas y de los episodios meteorológicos extremos, factores que, según el estudio, están modificando el comportamiento del fuego y favoreciendo incendios mucho más agresivos que hace apenas unas décadas.
La Real Academia recuerda que desde 2019 se ha producido un cambio de tendencia en España. Después de más de veinte años de descenso continuado de la superficie quemada, tanto 2022 como 2025 superaron las 300.000 hectáreas calcinadas, unos registros que no se alcanzaban desde finales del siglo pasado. Paradójicamente, esta evolución coincide con una reducción del número total de incendios, lo que demuestra, según los investigadores, que cada vez son menos los fuegos, pero mucho más destructivos.
Entre las principales causas de esta transformación figuran precisamente la acumulación de combustible vegetal y el cambio climático. El informe señala que la intensidad mínima de los incendios en la Península Ibérica ha aumentado entre un 30% y un 40% en lo que va de siglo, especialmente durante la noche, lo que reduce notablemente la capacidad de actuación de los equipos de extinción y complica las labores de control.
Los investigadores alertan también del crecimiento de los llamados incendios piroconvectivos, capaces de generar su propia meteorología y de avanzar a velocidades muy superiores a las conocidas hasta ahora. En muchos casos, explican, estos incendios escapan a la capacidad de respuesta de los medios disponibles. Asimismo, desmontan algunas ideas extendidas sobre el origen de los grandes fuegos. Aunque la mayoría de las igniciones continúan teniendo origen humano, los rayos se han convertido en el principal desencadenante de los megaincendios, mientras que el combustible que los alimenta no son tanto los pinares o los eucaliptales como la vegetación arbustiva acumulada durante años sin una gestión adecuada.
La Academia subraya además que los incendios forestales ya no constituyen únicamente un problema ambiental. Sus consecuencias alcanzan también a la salud pública, la protección civil, las infraestructuras, el turismo o la economía. Solo durante la campaña de 2025, recuerda el informe, la contaminación provocada por el humo estuvo relacionada con 1.622 muertes prematuras en España y obligó a evacuar a cerca de 40.000 personas.
Ante este escenario, los expertos defienden que la prevención debe convertirse en la principal herramienta para reducir el riesgo. Según sus cálculos, cada euro invertido en la gestión del combustible forestal puede evitar alrededor de cuatro euros en daños posteriores. Por ello proponen un Pacto de Estado específico contra los incendios forestales, dotado con una inversión de 3.000 millones de euros hasta 2032, destinado a impulsar la gestión activa de los montes, reforzar los sistemas de alerta, restaurar las zonas quemadas, favorecer la bioeconomía y adaptar la legislación forestal al nuevo contexto.
Precisamente en esa línea se enmarca una de las últimas medidas adoptadas por el Principado. El Consejo de Gobierno ha autorizado una convocatoria de ayudas por importe de 5,5 millones de euros dirigida a empresas privadas y particulares para mejorar la gestión forestal, restaurar masas arbóreas afectadas por incendios y reforzar la prevención. El programa reserva 800.000 euros para la ejecución y mantenimiento de cortafuegos, pistas y fajas auxiliares, la creación de puntos de agua, sistemas agroforestales y actuaciones en la interfaz urbano-forestal, además de destinar 1,8 millones a la recuperación de bosques destruidos por el fuego y otras partidas para reforestaciones, tratamientos selvícolas y planes de ordenación forestal.