El análisis cruzado de los anuncios y el pago final ante notario revela el amplio margen de rebaja
28 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Si bien la mayoría de las comunidades autónomas españolas ha experimentado un notable encarecimiento del mercado inmobiliario en los últimos años, la estadística evidencia que Asturias encadena un largo periodo de subidas sostenidas en el coste de los inmuebles, con un encarecimiento acumulado superior al 15% en la última década. Esta tendencia continuada ha convertido el acceso a la vivienda en una problemática social de primer orden para los ciudadanos, afectando con especial severidad a los jóvenes que buscan independizarse. Sin embargo, las principales ciudades asturianas se cuentan entre las que es más fácil regatear y renegociar el precio final, hasta el punto de rebajar en un tercio el importe definitivo alcanzado en la compraventa de una vivienda.
Esta brecha entre lo que se pide en los anuncios (en los portales inmobiliarios) y lo que realmente se firma ante notario ha quedado al descubierto tras un análisis realizado por el diario El País, que ha cruzado los precios publicitados con los datos de las escrituras de compraventa del Consejo General del Notariado en diversas ciudades del país. Oviedo destaca en el mapa nacional con un sobreprecio de salida del 29%, situándose entre las capitales donde los vendedores inflan más sus pretensiones iniciales respecto al valor acordado en la firma, lo que supone un descuento efectivo de entre 300 y 570 euros por metro cuadrado. Por su parte, Gijón registra una diferencia media del 21% entre el coste de salida publicado y el precio notarial; ambas ciudades se encuentran entre las que más se puede rebajar el precio final en una negociación.
Esta constante disparidad entre las expectativas del vendedor y la realidad económica final responde a diversos factores sociológicos y dinámicas del mercado general. Tras fases prolongadas de incrementos acumulados en el sector inmobiliario, muchos propietarios tienden a mantener una inercia alcista e introducen sus viviendas en el mercado a precios de partida desproporcionadamente elevados. Sin embargo, estas aspiraciones chocan directamente con los límites financieros de los compradores, cuya capacidad adquisitiva y acceso al crédito fijan un límite a menudo infranqueable. A esto se suma la estrategia comercial de algunas agencias inmobiliarias, que aceptan valorar de inicio las viviendas por encima de su precio real para captar el encargo de los propietarios, asumiendo que el ajuste terminará produciéndose de forma inevitable durante el proceso de negociación.
En el caso concreto asturiano, la amplitud de esta brecha obedece a razones vinculadas a la propia estructura de su oferta. Un elemento determinante es que la vivienda de segunda mano se erige como el principal motor del mercado en el Principado, con repuntes interanuales en las operaciones que contrastan con la caída de la obra nueva. Al tratarse mayoritariamente de pisos usados y con cierta antigüedad en concejos como Oviedo, Gijón o Avilés, los compradores utilizan las futuras obras de reforma y el encarecimiento de los materiales para exigir descuentos sustanciales sobre la oferta inicial. Además, mientras los vendedores lanzan «globos sonda» al fijar sus anuncios basándose en las subidas históricas de la última década, la demanda real luego puede forzar a los propietarios a reajustar sus pretensiones para evitar que los inmuebles permanezcan estancados durante meses en los portales.
A escala nacional, esta situación dibuja un panorama profundamente polarizado en España. Por un lado, coexisten grandes mercados altamente tensionados y con acusada escasez de oferta (como Madrid, Barcelona o Bilbao) donde la diferencia entre el precio publicado y el firmado apenas oscila entre el 1% y el 11%, dejando un margen de maniobra residual al comprador. Por otro lado, la amplia mayoría de las ciudades medias del mapa peninsular, entre las que destacan de forma muy pronunciada las asturianas, ofrecen un escenario diferente, donde el precio del anuncio no constituye un importe cerrado, sino únicamente un punto de partida a partir del cual el comprador dispone de un amplio recorrido de negociación.