El cantante ovetense asegura que creó una imagen de «macarra» para ocultar su vulnerabilidad y admite que durante años confundió fortaleza con dureza
31 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Melendi atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Tras publicar el pasado mes de mayo Pop Rock, su duodécimo álbum, el cantante ovetense prepara una extensa gira que arrancará en septiembre. Sin embargo, en su última aparición pública en el pódcast El rincón de los errores ha dejado a un lado la música para abrirse como pocas veces sobre su vida personal.
El cantante reconoce que la imagen que proyectaba en los comienzos de su carrera poco tenía que ver con quién era realmente. Según explica, creó una especie de coraza para ocultar un rasgo de su personalidad que siempre consideró una debilidad. «No me gusta que la gente vea mi corazón. Mi labor desde que soy pequeño ha sido esconder mi sensibilidad y que soy buena persona», afirma durante la conversación.
Esa necesidad de aparentar dureza acabó dando forma al personaje con el que muchos le conocieron en sus primeros discos. «Poco a poco construyes un personaje que funciona porque por lo menos no se meten contigo», recuerda.
El artista reconoce que, cuando vuelve a ver aquellas actuaciones, apenas se identifica con quien aparece sobre el escenario. «Ahora veo aquellos vídeos y digo: «Pero si ese no eres tú. Estás impostando absolutamente algo». El que cantaba al principio era un personaje, no era yo», asegura.
El cantante explica que ese comportamiento nació durante su infancia y adolescencia, cuando entendió que mostrar su lado más sensible podía hacerle sufrir. «Para mí la sensibilidad era un síntoma de debilidad por las consecuencias que me había traído», admite.
Aunque buena parte de la entrevista gira en torno a ese proceso de autoconocimiento, Melendi vuelve a señalar el incidente que protagonizó en un vuelo con destino a México en 2007 como el gran punto de inflexión de su vida. El cantante recuerda que entonces era un joven que acababa de alcanzar el éxito y que vivía convencido de que nada podía salir mal. Tras el altercado en el avión, que obligó a regresar a Madrid y terminó con su detención, todo cambió. «Ahí mi mundo se frena en seco. Empiezas a ver a tu madre sufrir y empiezas a mirarte a ti mismo desde otro lugar», relata.
Aquel episodio también le llevó a iniciar un proceso terapéutico que, reconoce, al principio aceptó casi por obligación. «Yo no estaba preparado para recibir ayuda. Me vi obligado porque puse mi carrera en peligro. Lo hice porque no me quedaba otro remedio», confiesa.
Con el paso de los años, aquella experiencia terminó convirtiéndose en el inicio de un profundo cambio personal. «Una vez que has visto la verdad, es muy complicado seguir creyéndote tus propias mentiras y seguir justificándote», reflexiona.
Durante la entrevista, Melendi también habla con naturalidad de algunos de los problemas de salud mental que atravesó durante aquellos años. El artista revela que sufrió ataques de pánico y pensamientos intrusivos que llegaron a hacerle temer perder el control. «El miedo que más tengo es que me falle la cabeza», reconoce.
Recuerda, por ejemplo, que mientras conducía aparecían pensamientos como «¿Y si ahora hago así con el volante?», aunque aclara que aprendió a entender que esos pensamientos no definían quién era. También relata algunos comportamientos obsesivos que padeció durante años. Uno de los más llamativos tenía que ver con el volumen de la televisión. «No podía poner el volumen en el número de mi edad porque pensaba que podía morirme ese año», cuenta antes de explicar que consiguió superar ese tipo de conductas enfrentándose poco a poco a ellas.
A sus 47 años, Melendi asegura que continúa trabajando en sí mismo, aunque ya no vive pendiente de mantener aquella imagen que construyó en sus comienzos. De hecho, concluye que el mayor miedo que conserva ya no tiene que ver con el éxito o el fracaso, sino con volver a alejarse de quien realmente es.