Una casona del XVII en Peñamellera Baja transformada en un santuario de caballos ancianos

Marcos Gutiérrez REDACCIÓN

ASTURIAS

Socueto Santuario
Socueto Santuario

Sole Martínez y Rudy Schmid, madrileña y alemán, cambiaron hace dos décadas su vida en la localidad de Cercedilla, en la sierra norte de Madrid, para fundar en Asturias un lugar en el que los equinos puedan vivir en paz los años que les quedan. Esa labor ha ido derivando en talleres en los que las personas pueden relacionarse con los animales en un entorno privilegiado

06 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Sole Martínez y Rudy Schmid, una madrileña y un alemán del sur de Baviera viven rodeados de naturaleza, en un entorno idílico, propio de la Asturias más verde. Hace 20 años, en el 2006, decidieron abandonar el estrés de la gran ciudad para fundar en Socueto, a las afueras de Abándames (Peñamellera Baja) y fundaron en la casona del Socueto, una imponente casona edificada originalmente entre finales del siglo XVI y principios del XVII perteneciente al Barroco Popular, un santuario de caballos ancianos, así como perros y gatos rescatados, aprovechando la amplia finca de la misma.

La idea es darle a los equinos una existencia digna y de calidad, donde puedan vivir en paz y armonía, rodeados de cuidado, atención y respeto. En este espacio abrazado por la Sierra del Cuera y el río Cares también se desarrollan actividades y experiencias vitales destinadas a que las personas que acudan encuentren su equilibrio físico, espiritual y emocional, caso de sus clases de yoga, pilates y relajación. Del mismo modo, en el santuario, Sole y Rudy desarrollan visitas guiadas y talleres educativos para aumentar conocimiento sobre el cuidado equino, actividades de sonoterapia, meditación, talleres de técnicas pictóricas y artesanales, así como eventos personalizados.

Con el santuario se puede colaborar mediante la labor de voluntariado, con donaciones o a través del apadrinamiento de caballos huérfanos. Sole explica que su marido proviene de una zona con «tradición de trabajos en vidrio de todo tipo» que él, al igual que muchos miembros de su familia, ha continuado.

La casa en la que están la adquirieron hace dos décadas. Antes vivían en Cercedilla, en la sierra norte de Madrid. Se decidieron a mudarse al Principado «buscando poder hacer este proyecto, que es simplemente un lugar para poder tener caballos mayores, pero jubilados, digamos, como una especie de geriátrico».

Casona del Socueto
Casona del Socueto

Por eso se pusieron a buscar un lugar con abundante «agua y pasto» y vieron que en Asturias «el terreno era más barato», por lo que vendieron su casa en Cercedilla para poder comprar una finca «que estaba prácticamente en ruinas» pero que, sin embargo, «tenía mucho espacio, en torno a 13 hectáreas de terreno».

Sole Martínez explica que su marido diseña y fabrica joyería en vidrio «y podría trabajar en cualquier sitio». En su caso, su formación es la de bailarina. De hecho, dirigía una escuela de danza en Madrid, «pero tenía ganas de un cambio y, además, la edad lo iba demandando». Es por eso que, ya en el Principado, ha ido redirigiendo su actividad «al bienestar en general, yoga, pilates, relajación, meditación y otro tipo de actividades que en la naturaleza encuentran un sitio mucho mejor que en una ciudad».

Admite que la finca les «absorbió muchísimo durante unos años, ya que había mucho que arreglar, pero se hizo poco a poco». Resalta que, originariamente, la idea era traer caballos que tuvieran dueño y éste pagase «porque estuvieran retirados en un sitio más barato y que al mismo tiempo tuvieran más espacio y estuvieran atendidos».

Una vez instalados comenzaron a traer caballos dentro de este espectro, pero también se ha abierto a otros «residentes». «Han surgido rescates de perros, de gatos, he tenido dos vacas y ahora tengo una, he tenido burritos y me han llegado casos de caballos que eran rescatados de una situación de maltrato o de abandono», apunta.

Tras la pandemia, abrieron las puertas del santuario para que la gente pudiera venir a conocer a los animales en el sitio y esa labor de divulgación ha ido derivando en talleres educativos. Las personas «pueden relacionarse con un animal como un caballo, un burro, una vaca de una forma que normalmente no es fácil, mientras que aquí están en un entorno adecuado para ello».

Por otro lado, a partir de su actividad de recogida de animales, hace unos quince años nació la Asociación Manantial de Socueto, fundada originalmente para poder desarrollar diferentes actividades en la zona que «enriquecían el medio rural» entre un grupo de gente afín. Gracias a esa asociación les llegan donativos y disponen de una entidad jurídica con la que poder gestionar y organizar eventos variados.

En la web socuetosantuario.com se citan las maneras de colaborar con el santuario, ya sea mediante acciones de voluntariado, apadrinamiento de caballos huérfanos o donaciones mediante bizum o en la cuenta de la asociación Manantial de Socueto. «También se puede colaborar en una plataforma que se llama Mi Grano de Arena en dos proyectos, uno que se llama Socueto y otro que es Chloe, la última yegüita que nos ha llegado, de 29 años, que la iban a dormir porque su dueño se iba a Alemania y no sabía qué hacer con ella, no tenía forma de dejarla en ningún sitio y nos la hemos quedado nosotros y estamos ahora intentando pedir fondos para sus gastos», concluye.