La mujer asesinada en Llanes por el guardia civil gallego llevaba siete años como víctima de violencia machista

La Voz REDACCIÓN

ASTURIAS

Altar erigido en Llanes en honor a la guardia civil Laura Cruz, asesinada por su expareja, un ferrolano también agente del instituto armado
Altar erigido en Llanes en honor a la guardia civil Laura Cruz, asesinada por su expareja, un ferrolano también agente del instituto armado PACO PAREDES | EFE

El guardia civil ferrolano, «solitario y vengativo» según sus compañeros, iba a ser expulsado del cuerpo

07 ago 2026 . Actualizado a las 15:21 h.

Laura Cruz era una guardia civil de vocación. Llevaba más de 20 años en el cuerpo y la mayor parte de ellos estuvo destinado en Llanes. Los últimos siete figuraba en el sistema VioGén como víctima de violencia machista, la que había ejercido sobre ella su asesino y expareja. Dámaso tenía sus días contados en el cuerpo. Calculó con frialdad su crimen machista que perpetró este miércoles en el cuartel asturiano donde trabajaba su exmujer a la que acribilló a balazos.

El agente ferrolano y su exmujer habían compartido durante años uniforme, familia y tres hijos en común, un chico de 18 años y dos gemelas de 14. Durante buena parte de su carrera, coincidieron en el cuartel de Llanes, donde ella acabó convirtiéndose en una persona muy conocida y apreciada entre compañeros y vecinos. Con el paso del tiempo, sin embargo, la relación se deterioró por la complicada personalidad del ferrolano hasta finalizar en el brutal crimen machista.

Desde hace casi siete años, Laura estaba reconocida oficialmente como víctima de violencia de género y había sido incluida en el listado de medidas de protección. De hecho, su exesposo no podía acercarse ni tampoco comunicarse con ella por ninguna vía tras ser condenado por malos tratos, una sentencia ratificada precisamente hace pocos meses por un tribunal superior. El agente ferrolano no había aceptado el divorcio de su pareja. Tras la separación, fue destinado a la Comandancia de Zamora, donde llevaba nueve años en la unidad cinológica, especializada en la detección de drogas mediante perros adiestrados. Viajaba frecuentemente a Llanes para ver a sus hijos. En uno de esos desplazamientos trató de agredir a Laura en la casa cuartel, y los compañeros de la agente lo evitaron. El hecho llevó a que fuese apartado inicialmente del servicio y se le retirase el arma reglamentaria. A Dámaso se le impuso una orden de alejamiento de su exmujer, a la que se incluyó en el sistema VioGén. Fue a juicio y fue condenado por violencia machista, una sentencia que recurrió. La Guardia Civil no lo expulsó inicialmente del cuerpo a la espera de que la condena fuese firme, pero le abrió un expediente que iba a suponer su salida definitiva. El recurso del agente ferrolano no prosperó. A Dámaso le comunicaron su inminente inhabilitación profesional hace muy poco. Se iba a quedar sin trabajo e ingresos.

De Zamora a Llanes

Lo que ocurrió después ya es conocido. El ferrolano de 49 años se hizo con el arma reglamentaria de un compañero. El miércoles cogió un coche y recorrió los más de 300 kilómetros que separan Zamora de Llanes con el único objetivo de acabar con la vida de su exmujer. Todo sucedió a partir de las 13.30, hora en la que está documentada la entrada del asesino en la comandancia de la Guardia Civil donde trabajaba su mujer. Accedió a través de las escaleras del garaje a la zona donde se encontraba y comenzó a disparar hasta acabar con la vida de Laura. En el tiroteo también hirió a otro agente, un teniente que fue herido en una pierna. Un brigada y otros guardias civiles repelieron el ataque. Damian intentó huir, pero en el garaje del cuartel recibió un tiro en el pecho. Moría dos horas después.

Obsesionado con su expareja

«Él estaba completamente obsesionado y su único objetivo era matarla, más aún desde que sabía que había rehecho su vida», cuentan sus compañeros con una mezcla de rabia, indignación y tristeza, según recoge Colpisa. El autor del crimen trabajaba en la unidad cinológica de la Comandancia de Zamora, especializada en la detección de drogas mediante perros adiestrados. Era una persona «muy reservada», de pocas palabras y que apenas hablaba de su vida personal.

Laura, su exmujer, era todo lo contrario. Estuvo durante años en las patrullas de Seguridad Ciudadana y en los últimos tiempos había pedido el cambio para las oficinas del cuartel para poder cuidar mejor de sus tres hijos, que convivían con ella.