El Cabillón, la finca de Tapia de Casariego que este mes cumple veinte años, produce, vende y emplea a personas con discapacidad
13 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hace 20 años, la Fundación Edes ponía en marcha en Tapia de Casariego la Finca El Cabillón. Un proyecto muy especial en el Occidente astur con dos vertientes: la agroecología y la inserción laboral de personas con discapacidad de la comarca. Dos décadas siendo referentes y un ejemplo a seguir, en el que profundizan J. Antonio García Méndez, presidente de la fundación, y María Celis García, coordinadora de la finca, que nació después del colegio de educación especial gestionado por una cooperativa de trabajo asociado (el proyecto Edes iniciado en 1992), con la especialidad de agricultura y huerto escolar ecológico propio. La razón de poner en marcha la finca fue «porque era necesario generar oportunidades de empleo para personas con discapacidad intelectual en nuestra comarca, en la que las posibilidades de encontrarlo eran muy escasas».
A base de escuchar, aprender y adaptarse, «pensamos _añaden_ que sigue siendo necesario continuar apoyando este proyecto, que nos sigue ilusionando y posibilitando generar oportunidades de empleo». Es más que puestos de trabajo: «Para muchas personas supone la base para tener relaciones de compañerismo y amistad, y la oportunidad de participación en al comunidad». Y añaden: «El acceso al empleo, además de un derecho y una forma de desarrollo personal, y a recursos económicos, supone un espacio de encuentro, de convivencia, un motivo por el que levantarnos por la mañana, dar sentido a lo que hacemos sobre todo cuando es colectivo y valorado por las personas de tu entorno».
«Porque era necesario generar oportunidades de empleo para personas con discapacidad intelectual en nuestra comarca, en la que las posibilidades de encontrarlo eran muy escasas»
No hay que olvidar su apuesta por la agroecología, pues, subrayan tanto García Méndez como Celis García, que con ese tipo de producción El Cabillón está «contribuyendo modestamente a mejorar la sobería alimentaria del territorio, acercando alimentos de calidad a la población local, a la vez que ayudamos a proteger los ecosistemas y animando a que se incorporen nuevas personas a producir alimentos ecológicos», «Es una actividad «viable», enfatizan desde su sobrada experiencia enarbolando la bandera del km0. Producen y venden directamente en la propia finca y en mercados locales, además de contar con servicio de jardinería y manteniminto de zonas verdes. «Desde el principio se tuvo claro apostar por la venta directa», comentan. Ello ha favorecido, por ejemplo, la creación de «canales alternativos» para que el producto llegue a su destino: «Son una seña de identidad de Finca El Cabillón desde el inicio». Cuentan con nueve grupos de consumo a los que abastecen y que permiten abrir líneas directas, así como ofrecer «precios transparentes, poder conocer quién, cómo y dónde cultivan» los productos. Es un motor claro de desarrollo rural y social.
Gran variedad de cultivos
Al contar con superficies al aire libre y cubiertas pueden jugar con una gran variedad de cultivos de temporada. En las estaciones frías crecen en la finca crucíferas diferentes, puerros, remolacha, de hoja verde, calabazas... En las cálidas tomates, pepinos, calabacines, pimientos, sanídas, fresas, arándanos... Producen lechugas todo el año. Además de probar nuevos productos, «queremos impulsar alguna línea de transformación y es algo en lo que llevamos varios años dando pequeños pasos», anuncian. Están experimentando con manzanas y arándanos, en versión zumo y mermelada, además de comenzar a procesar algunas verduras y a recibir un feedback positivo por parte de la restauración local.
Entre sus actividades anuales figuran jornadas formativas, técnicas, debates, encuentros, visitas escolares y de otros colectivos, jornadas de puertas abiertas, a la vez que otras citas más festivas y lúdicas que proyectan más la finca al exterior: «Finca El Cabillón se ha ido consolidando como un espacio abierto e inclusivo en el que compartir, aprender, enseñar». Importante es la concienciación y cambio de hábitos en la población. Comprueban un mayor interés por lo ecológico.
Plantilla formada por doce personas asalariadas y 70 empleos generados a lo largo de dos décadas
La plantilla de la finca tapiega está formada en la actualidad por 12 personas asalariadas, de las cuáles once tienen «discapacidad reconocida». Cuentan con el apoyo directo de técnicos del Programa de Empleo y Formación de la Fundación Edes, que creó en 2006 el Centro Especial de Empleo, y con la contribucción inestimable de voluntariado al estar El Cabillón integrado en la red internacional de voluntariado Wwoof, «que nos apoyan _resaltan J. Antonio García y María Celis_ en algunas labores de la tierra y con lo que ello supone en cuanto a compartir, convivir y enriquecernos con las relaciones interpersonales». A lo largo de 20 años han empleado a unas 70 personas. Además, la posibilidad de realizar prácticas les abre nuevos caminos a nivel laboral.
En El Cabillón corroboran que el trabajo en el campo es más que satisfactorio, aunque tenga «momentos exigentes». Sin embargo, «como tenemos mucha diversidad de producciones las tareas son muy variadas a lo largo del día y, en la medida de lo posible, se procura alternar actividad para que no se haga monótono ni pesado el trabajo», explican. Los tipos de cultivos se diversifican a lo largo del año y por estaciones. Incluso se podría decir que se produce un «efecto terapéutico» en este contacto con la tierra, a la vez que ver satisfecho a quien va a buscar su cesta de verduras a El Cabillón «siempre es muy gratificante». Motiva.
«Como tenemos mucha diversidad de producciones las tareas son muy variadas a lo largo del día y, en la medida de lo posible, se procura alternar actividad para que no se haga monótono ni pesado el trabajo»
El carácter pionero de este proyecto sigue estando ahí, especialmente en esta comarca. Existen otros ejemplos, en «otros territorios del estado», que les sirvieron de «referencia» para comenzar. Desde Tapia de Casariego han plantado un semilla que sigue creciendo y que quizás se expanda. Como ocurre con la tierra, hay que mimarla y tener paciencia para ver los frutos.