Un estudio científico concluye que la retirada de los cultivos frutales resulta más útil que los intentos de ahuyentamiento
18 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El control y la gestión de los cultivos frutales en los entornos rurales resultan fundamentales para limitar el acceso de osos a zonas pobladas por humanos según un estudio que recoge además cuáles son las acciones más eficaces para disuadir a los animales. La investigación analiza las causas que originan las incursiones del oso pardo en la Cordillera Cantábrica y evalúa la efectividad de las distintas respuestas de manejo aplicadas por las administraciones públicas frente a estos episodios, subrayando que la disponibilidad de alimento producido por humanos constituye el principal factor de atracción hacia los mismos asentamientos.
Así lo recoge el estudio titulado «Patterns of brown bear (Ursus arctos) visits to human settlements provide insights for human?wildlife coexistence», publicado en la revista científica «Scientific Reports». El trabajo ha sido elaborado por Manuel Díaz-Fernández, investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y de la Fundación Oso de Asturias, junto a Javier Naves (EBD-CSIC), Miguel de Gabriel Hernando (Universidad de León) y Eloy Revilla (EBD-CSIC). El análisis de 73 eventos registrados entre 2009 y 2021 en Asturias, Cantabria y Castilla y León muestra que el 86% de los casos estuvieron motivados por la búsqueda de alimento asociado a la actividad humana, como cultivos frutales, huertas, pienso, colmenas o basura. Las plantaciones frutales fueron el principal atractivo y estuvieron presentes en más de la mitad de los casos. La investigación revela que el 82 % de los episodios ocurrieron en verano y que el 64 % se produjeron durante la noche o en momentos crepusculares, siendo la mayoría de los animales identificados ejemplares jóvenes o subadultos.
¿Cuáles son las acciones más eficaces para evitar estas incursiones de los osos? La retirada física de la fruta madura en las localidades afectadas se posiciona como la intervención con mejor resultado para evitar que los animales regresen. El propio estudio cita como ejemplo la efectividad observada en un informe de la Junta de Castilla y León, donde una osa frecuentó varios pueblos durante años a pesar de los continuos intentos por ahuyentarla, un problema que solo se resolvió cuando se retiró casi por completo la fruta disponible en la localidad. Asimismo, la instalación de cierres y pastores eléctricos en colmenares o huertos, unida a la gestión adecuada de contenedores de basura y pienso animal, presenta un alto nivel de eficacia para impedir el acceso a la comida y prevenir el condicionamiento alimentario de la especie.
En un grado intermedio de efectividad se sitúan las técnicas de aversión mediante dolor controlado, como el empleo de balas de goma por parte de patrullas especializadas de agentes de conservación. Estas intervenciones disuasorias consiguen alejar temporalmente a los ejemplares de las poblaciones y sus efectos pueden mantenerse durante semanas. Sin embargo, según los autores, su capacidad de disuasión disminuye con el tiempo si el oso vuelve a encontrar comida accesible, por lo que estas medidas requieren combinarse obligatoriamente con la retirada o protección de los recursos alimenticios.
En el extremo de menor efectividad, o con resultados nulos a medio plazo, se encuentran las técnicas de disuasión acústica y visual. El uso de gritos, petardos o la simple presencia humana tan sólo genera un impacto momentáneo. Los osos tienden a habituarse con rapidez a estas señales si la recompensa alimentaria sigue disponible, de modo que estas acciones reactivas no logran evitar por sí solas la reincidencia de los animales.
Para determinar por qué unos núcleos reciben visitas y otros no, el equipo recopiló información de las administraciones, realizó entrevistas en las localidades y revisó noticias en la prensa digital, completando los datos con análisis ambientales locales. Los resultados muestran que los pueblos donde se registran visitas suelen encontrarse en áreas cercanas a las zonas de cría, con mayor calidad de hábitat y mayor incidencia de daños. Además, presentan mayor extensión, proximidad al bosque y un relieve abrupto. Según recogió Efe, Manuel Díaz Fernández apuntó que «las visitas de osos a los pueblos generan una gran atención mediática y preocupación social, pero hasta ahora apenas existían estudios científicos que permitieran comprender por qué se producen. Conocer qué factores las favorecen permitirá diseñar medidas preventivas más eficaces». El investigador añade que «este patrón cobra sentido teniendo en cuenta que el 82% de los episodios se dieron en los meses de verano, entre junio y septiembre, que es cuando hay fruta disponible en los pueblos».