¿Por qué cada vez menos docentes quieren dirigir un colegio en Asturias?: 45 centros arrancarán el curso con directores «forzosos»
ASTURIAS
La falta de candidatos en casi la mitad de las vacantes de dirección obliga a la Consejería de Educación a recurrir a nombramientos extraordinarios. Los sindicatos alertan del creciente rechazo hacia unos cargos marcados por la burocracia, la responsabilidad y unas condiciones que consideran insuficientes
30 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El próximo curso escolar comenzará en Asturias con 45 centros educativos dirigidos por docentes que no solicitaron voluntariamente el cargo: son los «directores forzosos». La falta de candidatos para cubrir las vacantes de dirección ha obligado a la Consejería de Educación a recurrir una vez más a los llamados «nombramientos forzosos», un mecanismo previsto para garantizar el funcionamiento de colegios e institutos cuando nadie da un paso al frente pero que, a su vez, vuelve a poner sobre la mesa las dificultades para encontrar profesores dispuestos a asumir la gestión de esos centros. El dato que preocupa a los sindicatos es el siguiente: de las 93 plazas de dirección que salieron a convocatoria la pasada primavera para cubrir vacantes, 45 quedaron desiertas.
La situación no es nueva, aunque sí cada vez más frecuente, apuntan tanto desde ANPE como desde CSIF, y es que detrás de estas vacantes hay una realidad en la que coinciden las organizaciones sindicales: cada vez hay menos docentes que quieran dirigir un colegio en Asturias. La acumulación de tareas administrativas, el incremento de las responsabilidades y una compensación que consideran «insuficiente» han convertido estos puestos en una responsabilidad que muchos profesores prefieren evitar.
Mariela Fernández, presidenta de ANPE Asturias, explica que cuando un centro se queda sin candidatos en el procedimiento ordinario, la Administración debe garantizar que exista una dirección y recurre a la inspección educativa para designar a una persona. «Nosotros lo llamamos nombramientos forzosos», señala la misma, que matiza que lo habitual es que la persona elegida forme parte del propio claustro, aunque también pueden producirse excepciones mediante comisiones de servicio por lo cual docentes de un centro pueden asumir la dirección de otro. Pero en los casos de «nombramientos forzososo», la dirigente sindical explica que el proceso genera incertidumbre entre quienes son designados porque «si la gente ya no ha aplicado al puesto de dirección voluntariamente, cuando se ven en la tesitura de que lo van a tener que hacer sí o sí, a la gente le genera muchísima inseguridad y nervios, porque es un cargo que tiene muchísimas responsabilidades», afirma.
La misma señala que los docentes nombrados por la Consejería de Educación para estas funciones ya conocen, en la mayoría de los casos, cuál será su situación durante el próximo curso porque los nombramientos se realizaron una vez finalizado el procedimiento ordinario. Sin embargo, Mariela Fernández incide en que asumir la dirección de manera sobrevenida dista mucho de hacerlo tras haber preparado un proyecto propio, ya que quienes concurren voluntariamente a una plaza deben presentar un plan de dirección con una hoja de ruta para los siguientes cuatro años. Los nombrados de forma extraordinaria, en cambio, llegan al cargo sin ese proceso previo de planificación y, por tanto, «en estos casos todo es mucho más atropellado», manifiesta Fernández, quien recuerda que muchas de estas personas deben familiarizarse en pocas semanas con tareas de gestión económica, contratación o administración que hasta entonces no formaban parte de su trabajo habitual.
La pregunta que surge es: ¿por qué cada vez hay menos candidatos dispuestos a asumir estas responsabilidades? Para ANPE, la respuesta está en la evolución que han experimentado los propios centros educativos y en la creciente complejidad de la función directiva: «el principal motivo es que los puestos de dirección han ido sumando complejidad», sostiene la misma, que refiere que a la gestión pedagógica se han añadido cambios normativos constantes, nuevas exigencias administrativas, protocolos relacionados con la convivencia escolar y situaciones derivadas de transformaciones sociales que acaban recayendo sobre los equipos directivos. «Son puestos muy exigentes que luego no se ven reflejados en un incentivo económico suficiente ni en un apoyo administrativo suficiente», resume.
Desde CSIF Asturias comparten el diagnóstico y advierten de que la tendencia puede agravarse en los próximos años. Su responsable del sector educativo, Jorge Caro, es contundente: «cada vez van a quedar más puestos de dirección vacantes». A su entender, buena parte del problema reside en una burocracia que absorbe tiempo y recursos que deberían destinarse a la labor educativa, como es que muchos directores deben asumir procedimientos administrativos ajenos a la enseñanza, por lo que el mismo critica que la Consejería de Educación siga descargando sobre ellos tareas que podrían desempeñar otros perfiles profesionales, como personal administrativo. «Y el problema de las direcciones de los centros educativos no se va a resolver con esta Consejería porque la Consejería de Educación del Principado de Asturias entiende que los equipos directivos no merecen unas condiciones de trabajo dignas y adecuadamente remuneradas», dice con contundencia. Jorge Caro también cuestiona el recurso de los nombramientos obligatorios para cubrir las vacantes porque considera que «la Consejería abusa de un privilegio para solucionar sus carencias» en tanto en cuanto, indica, la existencia de este mecanismo reduce la presión para mejorar las condiciones laborales de los equipos directivos.
Así, tanto ANPE como CSIF coinciden en una de las principales reivindicaciones: reforzar el personal administrativo de los centros. En este sentido, Mariela Fernández advierte que todavía existen colegios en los que una sola persona asume funciones de dirección, jefatura de estudios y secretaría, además de impartir clase. Por su parte, Jorge Caro reclama «refuerzo administrativo en todos los centros, hasta en los centros más pequeños», ya que denuncia que algunas direcciones tengan que gestionar cuestiones relacionadas con contratos o mantenimiento que, a su juicio, deberían depender directamente de la Administración educativa.