José María Martínez, «Jomar», Hijo Predilecto de Tapia: «Todo lo que hice fue porque a mí me gustaba, no lo hice para que el día de mañana me dieran un título»
ASTURIAS
El pintor recibió el reconocimiento el pasado domingo en un auditorio abarrotado
26 ago 2026 . Actualizado a las 22:53 h.«Fue algo impresionante», reconoce al día siguiente el tapiego José María Martínez Jomar describiendo sus emociones en la jornada de su nombramiento como Hijo Predilecto en el concejo de Tapia de Casariego. Un acto tan multitudinario que «fuera había como unas 200 personas que no pudieron entrar», añade con verdadero asombro. No es para menos viendo el auditorio abarrotado de gente. Incluso una asistente le comentó en tono cercano que tendría que haber sido en el Campoamor en Oviedo porque lo llenaría seguramente. Numeroso público quiso arroparle en ese momento tan especial que recibió el pintor: «Casi ni sé ni quién me besó, me saludó, me dio la enhorabuena o me dijo ‘ya tomaremos algo’ o ‘ya hablaremos’... de la cola que había. ¡Una barbaridad!».
—Es el tercer Hijo Predilecto nombrado en el siglo XXI en Tapia. ¿Qué representa para usted?
—El ayuntamiento quiso darme ese premio. Es algo muy difícil porque tienen que estar todas las asociaciones culturales de acuerdo. Todo lo que hice yo fue porque a mí me gustaba, no lo hice para que el día de mañana me dieran un título. Es verdad que hice cosas para el ayuntamiento, las alfombras de las fiestas, en carnavales, en las cabalgatas de Reyes... y llevo 26 años haciendo carteles para Campomar, con el mismo tema pero sin repetirme. Era para las tapiegas y los tapiegos, para el pueblo.
—Hablando de cartelería, sin embargo, en la actualidad se recurre cada vez más a la IA...
—Hay gente que trabaja con el ordenador y en una hora tienen varios carteles preciosos. Yo no, cojo un pincel y un lienzo en blanco y empiezo a pintar al óleo.
«Hace 20 años iba a Oviedo cuando no estaba hecha la autovía, con un coche vieyu a recibir clases»
—¿Siempre estuvo ligado al mundo de la pintura?
—Hice cantidad de cosas en mi vida... ¡Madre mía! Tuve un bar durante muchos años en el puerto y asando sardinas. Mi madre, arriba, haciendo guisos de raya con patata. Ella trabajó en Albo de cocinera, antes de casarse. El escabeche... y todo, lo bordaba. Me decía ‘neno, cópialo que con los años se pierde’. Y tenía razón, que se olvida. También ayudé a mi tío en la fotografía. Recuerdo llevábamos las fotos a la playa para ganar un dinero. Ahí conocí a María Dolores Pradera. Hace 16 años me pidieron que pintara el origen del pan y del vino, para exponer la obra en el museo de la Catedral de Oviedo, que para mí es un honor. Seguí pintando, di clases en muchos sitios. Hace 20 años iba a Oviedo cuando no estaba hecha la autovía, con un coche vieyu a recibir clases. Cinco horas para allá y cinco para acá.
«Un grabado mío lo tienen los nietos de Marie Curie»
—La hemeroteca recuerda que los nietos de Marie Curie tienen obra suya en su colección. ¿Le gustaría contarnos la historia?
—Sí, te cuento. Es muy simpático. Unas chicas de Madrid con casa en el muelle aquí son escritoras. Hicieron un libro sobre la científica, la gran Marie Curie. Para asesorarse contactaron con sus nietos. El libro tuvo un éxito enorme. Un año ellas quisieron llevarle un grabado mío porque les gustaba la pintura, al haber heredado de la abuela muchas obras impresionistas. Allá fue, junto a Picasso y otros artistas impresionistas. Luego ellos vinieron a dar una conferencia a Madrid y quisieron venir a Asturias a probar la fabada. Los tuve aquí en mi estudio. Creo que fue simplemente una cuestión de suerte. ¡Es la única familia en el mundo con cinco premios Nobel!