Enrique Pérez-Campoamor, historiador asturiano: «Hay conchas de almejas en iglesias usadas como pilas de agua bendita que llegan a medir casi un metro»
ASTURIAS
Este viernes dará la charla «Colosos del mar al servicio de la iglesia» en el Teatro-Casino de Castropol, finalizando el ciclo que ofreció en Ribadeo y resto del Occidente astur también
27 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Teniendo en el Occidente astur, en Luarca concretamente, el Museo del Calamar Gigante parece que no extrañaría tanto oír hablar también de «almejas gigantes». Esta es la curiosa propuesta que el historiador y arqueólogo independiente Enrique Pérez-Campoamor Miraved ha lanzado este verano con la serie de conferencias «Colosos del mar al servicio de la Iglesia. Almejas gigantes en el entorno del Eo» que han sorprendido a muchos de los asistentes, al desconocer su existencia en templos de la zona, conchas en las que se deposita el agua bendita. El ciclo finalizará este viernes 28, dando aún otra oportunidad para escucharle, en el Teatro-Casino de Castropol a las 19.00 horas.
—¿Cómo ha sido la acogida, y reacción, a estas charlas suyas?
—La gente se ha quedado muy sorprendida, sobre todo al saber que las tenían mucho más cerca de lo que creían. Primero hablo del animal en si y de su vinculación con el hombre, a lo largo de la historia para acabar explicando dónde están. Son conchas que miden 80 ó 90 centímetros pero otras casi un metro (y pueden llegar a metro y medio), almejas gigantes que se emplean como pilas de agua bendita (el término correcto es taclobo, de las escasas palabras filipinas incorporadas al diccionario español, que en tagalo significa algo muy cerrado que no puede abrirse) en iglesias de toda España, aunque la concentración en el entorno del Eo (conté un total de 17) es la mayor a nivel nacional y probablemente a nivel mundial. Contabilicé unas 140 en España y de esas hay dos, que yo sepa, que se usan como pilas bautismales.
—¿Cómo tiró de este ‘hilo rojo’ de investigación tan curioso?
—Emilio Marcos Vallaure, que fue director del Museo de Bellas Artes de Asturias, descubrió los primeros del entorno del Eo y me dio la idea. Empecé a buscar pero solo encontré algún artículo en Internet que habla de unas 15 en España. Yo encontré unas 140 y sé que puede haber más si se tienen en cuenta ermitas privadas. No era tan común como parece porque estas conchas vienen todas de Filipinas. Históricamente estas piezas tienen una importancia enorme pero han sido prácticamente olvidadas.
—¿Cómo llegaron aquí?
—Llegaron en el siglo XVIII y XIX a través de buques recorriendo miles de kilómetros estas conchas, que pueden llegar a pesar 300 kilos. La especie es endémica del sudeste asiático: la Tridacna gigas es el mayor bivalvo del mundo. España tenía colonia en Filipinas. Hay crónicas del siglo XVI y XVII que dicen que se emplean como pilas de agua bendita allí por parte de los sacerdotes españoles. Los romanos ya veían en la concha un símbolo de purificación. También es del Camino y los peregrinos.
—¿Seguirá investigando?
—Sí, porque este núcleo del Eo es muy interesante. Están muy concentradas. Una clave sería el puerto de Ribadeo. Antes la comunicación era marítima y el ribadense tiene una tradición histórica importantísima, como distribuidor del comercio hacia la provincia de Lugo y el Occidente astur y tenía conexión con un barco que semanalmente hacía el trayecto Bilbao-Barcelona. Como un Alsa. En Barcelona, además, había un barco que iba a Manila. También paraba en Cádiz pero no hay tantas allí. ¿Por qué? Es lo que todavía no sé. Aquí hubo muchos religiosos vinculados con Filipinas. En la iglesia de Ribadeo llegué a encontrar tres.
—¿Algunos creerán que son artificiales?
—Sí, porque son de color de la piedra y muchas están desgastadas. De ahí mi interés en inculcar que cuando se entre una iglesia se admiren porque detrás hay una historia fascinante.