Rodrigo Gil, el urólogo gijonés que ha desarrollado una técnica pionera para practicar la cirugía del suelo pélvico en animales

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

ASTURIAS

Rodrigo Gil, urólogo gijonés
Rodrigo Gil, urólogo gijonés

La práctica con ovejas se ha demostrado mucho más efectiva para aprender que la simulación o los órganos artificiales: «abre una puerta muy importante para que todos los urólogos y ginecólogos puedan practicar»

30 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La cirugía es un arte que requiere tanto conocimiento como pericia técnica. Y si el conocimiento puede aprenderse leyendo libros y escuchando lecciones, para aprender la técnica hay que practicar. No hay otro camino. Por esta razón es muy importante encontrar formas de realizar prácticas que se asemejen lo más posible a lo que sería una cirugía real. Es lo que han conseguido el urólogo gijonés Rodrigo Gil junto a un equipo formado por veterinarios, anatomistas, o anestesistas para mejorar la práctica en una cirugía que trata problemas del suelo pélvico en mujeres: la ectopexia laparoscópica.

En el Centro de Mínima Invasión Jesús Usón, de Cáceres, ha desarrollado una técnica en la que utiliza órganos de oveja, muy similares a los humanos, para practicar la cirugía. Esto permitirá enseñar a los cirujanos en ciernes a realizar una práctica quirúrgica no invasiva que se llevaba haciendo diez años y cuya técnica, hasta ahora, era más difícil de aprender. La ectopexia se emplea en muchos casos en lugar de la colposacropexia, la cirugía clásica en esta especialidad, simplemente porque, como explica el propio Rodrigo Gil, «es equivalente en resultados pero lleva menos, es más sencilla, reproducible, conlleva menos sangrado, menos problemas digestivos y menos posibilidades de complicaciones».

El paso es importante, porque la práctica en animales ha demostrado ser la más válida para emular las operaciones con humanos. Lleva haciéndose años, por ejemplo, con riñones y corazones de cerdo, con muy buenos resultados. Gil subraya que hasta ahora, los que querían aprender y adquirir experiencia en la cirugía debían practicar en simuladores y modelos de órganos artificiales con textura similar a la humana. Y aunque estas prácticas sirven, no tienen el alcance de los modelos animales, porque «ni el simulador ni los órganos artificiales sangran, o no lo hacen como es habitual; tampoco hay latidos ni adherencias». Además está la variabilidad, que no se da en la simulación pero sí en los modelos animales.

Rodrigo Gil con el veterinario Carlos Rumbo
Rodrigo Gil con el veterinario Carlos Rumbo

Todo esto hace que el modelo animal sea una gran ventaja para acelerar la formación. «Para hacer una cirugía tienes que copiar a los que saben hacerlo; la cirugía tiene una parte artesanal que tienes que aprender del que está por encima de ti, y es muy importante reproducir los pasos que vas a hacer en el humano y entrenarlos, hacer el gesto miles de veces antes de aplicarlo en el paciente; y el modelo animal, si el órgano no se parece al humano, no tiene ningún sentido. Tiene que ser muy similar. De ahí que su técnica abra «una puerta muy importante para que todos urólogos y ginecólogos puedan practicar».

El próximo mes de octubre, en el centro de Cáceres, Rodrigo Gil hará un curso para practicar la cirugía de suelo pélvico experimental en el modelo animal. «A día de hoy es el único sitio donde se puede practicar esta técnica en el mundo». La formación es fundamental porque, para ser cirujano, en palabras de Gil, «siempre tienes que tener alguien detrás de ti para guiarte y con criterios de seguridad; cada cirugía es un mundo y cada persona tiene una anatomía diferente. Hay una parte de incertidumbre, de complicaciones inadvertidas que está ahí, y hay que tratar de minimizarlo». Una simulación con órganos muy parecidos a los humanos ayuda a tener un bagaje para afrontar también esta incertidumbre.

Rodrigo Gil lleva 17 años haciendo intervenciones quirúrgicas. Ejerce en el Hospital Universitario de Cabueñes, y el el centro Insuas, ambos en Gijón. Se confiesa enamorado de su profesión, y tiene claro que ser un buen cirujano es, sobre todo, cuestión de oficio. «Siempre se pensó que el cirujano es una persona tocada por un ente divino pero en realidad no es así; lo que tratamos de hacer es minimizar la improvisación, que los pasos sean siempre los mismos, que no nos salgamos del camino que hay que hacer pero teniendo en cuenta las desviaciones que puedan ocurrir, como sangrados inadvertidos, diferencias en la anatomía, lesiones accidentales, etcétera». Con el tiempo, la práctica ayuda a hacer frente con cada vez más solvencia a lo que aparezca, y a afrontar un pequeño porcentaje de situaciones en las que hay que improvisar. «Esa es la clave de la calidad quirúrgica: tener un porcentaje de necesidad de improvisación cada vez más pequeño», concluye.