La segunda vida de Teixidiello: así recuperaron Ana y Max una braña abandonada en Asturias
ASTURIAS
La pareja ha transformado las ruinas en un hogar conectado a la naturaleza y buscan nuevos vecinos para mantener con vida este histórico enclave vaqueiro, ahora amenazado por un proyecto eólico
01 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La tranquilidad de la montaña es ahora parte del día a día de Ana y Máximo. En Teixidiello, una antigua braña situada en Cudillero, han construido un proyecto de vida alejado del ritmo de las ciudades y basado en aprovechar los recursos que ofrece el entorno. Agua de manantial, energía solar e internet forman parte de una rutina que se desarrolla a unos 400 metros de altitud y con el Cantábrico al fondo. Así lo explican ambos en un vídeo publicado por el creador de contenido Álvaro en su canal de Youtube hilux_aventura.
Pero llegar hasta este punto ha requerido años de trabajo. Cuando Ana conoció Teixidiello, el asentamiento se encontraba muy lejos de la imagen que presenta actualmente. La mayoría de sus construcciones estaban abandonadas y la vegetación había terminado ocupando buena parte del terreno.
Ana había terminado entonces su etapa en la minería asturiana y buscaba en qué invertir la indemnización recibida. Una amiga le habló de las propiedades de la zona y decidió subir a conocerlas. No tenía experiencia en el mundo rural ni sabía demasiado sobre las brañas, pero el paisaje terminó inclinando la balanza. Al llegar, pudo ver el mar y tuvo claro que quería quedarse. «Vi un trocito de mar y dije yo: ‘Uy, eso tengo que cogerlo’», recuerda.
La llegada de Máximo cambió también el rumbo del proyecto. Ambos se conocieron después de un accidente de tráfico y, tras visitar el lugar, él decidió sumarse a la aventura. Desde entonces, los dos han trabajado en la recuperación de las construcciones y en la puesta en marcha de los servicios necesarios para poder vivir allí durante todo el año. «Vine con ella, el sitio me enamoró, aparte de ella, y decidimos emprender una vida nueva», explica Máximo.
Teixidiello conserva además la huella de varios siglos de historia. El origen del asentamiento se sitúa en el siglo XIV y, entre sus edificios destaca, La Bouza, una construcción de 1807. La despoblación llegó cuando sus antiguos vecinos fueron marchándose hacia núcleos industriales como Avilés y Gijón. Con el paso del tiempo, las propiedades fueron quedando concentradas en manos de una única heredera.
El enclave forma parte de la tradición de las brañas vaqueiras y está ligado a los vaqueiros de alzada, dedicados históricamente a la ganadería. En Teixidiello, sus habitantes llegaron a establecerse de forma permanente y desarrollaron una forma de vida basada en la autosuficiencia y en los recursos de la montaña.
Esa forma de vida sigue presente en el proyecto de Ana y Max. La vivienda dispone de electricidad procedente de placas solares y agua de un manantial, mientras que la conexión a internet permite mantener abiertas las posibilidades de trabajar y comunicarse desde el enclave. También destacan las condiciones climáticas de la zona, con temperaturas más suaves en invierno y un ambiente más fresco durante el verano.
El paisaje que los llevó hasta allí es, sin embargo, uno de los principales motivos de preocupación en estos momentos. La pareja se opone al proyecto de un parque eólico previsto en la Sierra del Pomar, donde se plantean instalar aerogeneradores de hasta 224 metros de altura.
Ana y Máximo consideran que las dimensiones de estas instalaciones y las obras necesarias para levantarlas alterarían el entorno que llevan años recuperando. También muestran su preocupación por el impacto que las actuaciones puedan tener sobre los recursos naturales de la montaña, especialmente sobre el agua. «Van a desarmarlo todo. Pretenden cambiar esto a polígono industrial», advierte Máximo. A estas dificultades se suma el estado del camino de acceso. El tramo final necesita mejoras para facilitar el tránsito y garantizar que los servicios de emergencia puedan llegar hasta las viviendas.
Aun así, el objetivo de la pareja va más allá de conservar lo que ya han recuperado. Quieren que Teixidiello vuelva a ser un lugar habitado y, por ello, contemplan alquilar las viviendas a largo plazo y a precios asequibles. La intención es atraer a personas que quieran instalarse allí y evitar que el asentamiento vuelva a quedar vacío.
Su experiencia también les ha dejado una idea clara sobre cómo afrontar la recuperación del medio rural: adaptarse al lugar en vez de intentar transformarlo a imagen de quien llega. «A mí el campo, la montaña y la naturaleza siempre me tiraron, y es aquí donde estoy feliz», asegura Ana. Con esa filosofía, continúan dando forma a un proyecto que pretende demostrar que una aldea que perdió a sus habitantes todavía puede recuperar su futuro.