Sure y su vida en las montañas de Asturias: sin carretera, electricidad ni comodidades
ASTURIAS
Sin carretera ni electricidad, Sure ha construido junto a sus dos hijas una forma de vida basada en la autosuficiencia, el cuidado de la tierra y los conocimientos sobre plantas medicinales que aprendió desde niña
13 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En un rincón de las montañas de Asturias, al que todavía no ha llegado la carretera ni el suministro eléctrico, Sure ha construido su vida junto a sus dos hijas. Tiene 45 años y lleva más de dos décadas instalada en esta aldea, rodeada de bosque, animales y caminos que obligan a desplazarse a pie para llegar hasta su casa. Allí cultiva la tierra, cría animales, recoge plantas y mantiene unas costumbres que forman parte de una forma de vida cada vez menos habitual.
Su historia ha vuelto a darse a conocer a través del canal de Youtube hilux_aventura, cuyo creador, Álvaro, regresó recientemente a la aldea para reencontrarse con Sure y sus hijas después de varios años. El primer vídeo sobre esta familia alcanzó millones de reproducciones y dejó abiertas numerosas preguntas sobre cómo era realmente vivir en un lugar tan apartado. En esta nueva visita, el creador muestra cómo ha evolucionado su vida y qué supone mantener este modo de vida en pleno siglo XXI.
Para Sure, la autosuficiencia no significa vivir completamente al margen de la economía. Una parte de sus ingresos procede de los productos que elabora con plantas y que después vende en ferias. «Me mantengo haciendo productos que luego vendo en las ferias; con el dinero hago la compra y complemento con cursos sobre plantas», explica.
Su conocimiento de la naturaleza comenzó en la infancia. Sus padres, procedentes de Madrid, llegaron a la zona cuando ella era pequeña buscando precisamente una vida ligada a la tierra y a los animales. La familia comenzó a instalarse en la aldea cuando Sure tenía alrededor de ocho o nueve años. Después de pasar una etapa estudiando fuera, regresó con 23 o 24 años y desde entonces ha permanecido allí durante más de dos décadas, salvo un paréntesis obligado por motivos de salud.
Una vida marcada por el regreso
Durante su trayectoria, Sure tuvo que abandonar temporalmente la aldea después de que le diagnosticaran un cáncer. Se trasladó a Cabranes, donde permaneció alrededor de tres años durante el tratamiento y la recuperación. Dejar atrás de forma repentina una vida en la que estaba acostumbrada a cortar leña, cuidar de los animales y desenvolverse sin las comodidades habituales supuso un cambio radical.
Aquella experiencia también modificó su manera de entender la vida. «Para mí, lo más importante fue el no darle tanta fuerza a las cosas», explica. La enfermedad le llevó a poner el foco en el presente y a restar importancia a las preocupaciones cotidianas. Volvió después a la aldea y retomó poco a poco su actividad, aunque con una perspectiva diferente: hacer cada día aquello que puede y dejar para mañana lo que no sea imprescindible.
Esa filosofía se refleja también en su forma de afrontar las difultades. «Aquí hay que hacerlo todo. Aquí no hay un botón que enciendes y el horno se calienta», resume cuando le preguntan por quienes idealizan la vida en el campo.
Plantas medicinales y saberes heredados
Uno de los pilares de su actividad son las plantas medicinales. Sure ha ido recuperando conocimientos transmitidos durante generaciones y los aplica tanto en su día a día como en los productos que elabora y en los cursos que imparte en diferentes zonas rurales de Asturias.
Entre sus preparaciones se encuentran cremas elaboradas con romero, árnica y consuelda, además del aceite de hipérico. Cuenta que desde pequeña en su familia recurrían a las plantas para tratar diferentes problemas y que, con el paso de los años, ha ido recopilando conocimientos de personas mayores que conservaban esa tradición.
Ahora transmite parte de ese aprendizaje a sus propias hijas y también a otras personas mediante cursos. Ha impartido formaciones en localidades como Villaviciosa, Cangas del Narcea o Tineo. «Esta investigación y todo mi periplo de vida es algo que me entusiasma mucho, pero sobre todo porque lo practico mucho con mis hijas», explica.
Su relación con las plantas no se limita, por tanto, a una actividad económica. Forma parte de la educación que quiere transmitir a sus hijas y de la manera en la que entiende el entorno que las rodea.
El trabajo que no se ve detrás de la autosuficiencia
Vivir en un lugar aislado implica también asumir tareas que en otros entornos están resueltas con un simple gesto. Cultivar una huerta requiere planificación y protección frente a la fauna; la leña debe cortarse y transportarse antes de que llegue el invierno; los caminos necesitan mantenimiento y los animales forman parte constante de la vida cotidiana.
Los osos son una de las principales preocupaciones. Según explica Sure, durante la noche se acercan a la zona de la casa y ha llegado a destrozar árboles frutales y vallas para acceder a la comida. Los perros avisan de su presencia, aunque eso no siempre evita tener que salir de madrugada para ahuyentarlos.
También están los animales domésticos. Sure mantiene ovejas, cabras y caballos asturcones, una raza autóctona de Asturias que conoce bien y que forma parte de la actividad de la familia. Son animales adaptados al terreno, capaces de desplazarse por caminos estrechos y alimentarse de la vegetación que encuentran en el monte.
Las propias hijas han crecido vinculadas a ese entorno. La mayor estudia en Cangas del Narcea y se desplaza durante la semana al instituto, mientras que la pequeña permanece todavía en la aldea y participa en la vida cotidiana de la familia.
«No necesitamos tantas cosas»
Para Sure, la vida en la montaña también supone cuestionar algunas de las comodidades y necesidades que se han instalado en la sociedad actual. Quienes llegan desde la ciudad pueden comprobar rápidamente que allí no existe la posibilidad de solucionar las tareas pulsando un botón, pero también que muchas de las cosas que parecen imprescindibles pueden sustituirse por recursos disponibles en el entorno.
Ella considera que la experiencia obliga a cambiar la manera de entender la vida y a reducir el peso del consumo. En su día a día, cultivar sus propios alimentos, recoger frutos del bosque o utilizar los recursos que tiene a mano forman parte de una rutina asumida con naturalidad.
Después de tantos años en la aldea, Sure no presenta esta forma de vida como un camino sencillo ni como una escapada permanente de la realidad. Al contrario, reconoce el esfuerzo que exige. La diferencia está en cómo afronta ese esfuerzo, sin intentar hacerlo de golpe y buscando maneras de aprovechar mejor los recursos. «Hoy llevo un tronco y mañana llevo otro», explica para resumir esa filosofía. El objetivo no es eliminar el trabajo, sino hacerlo más llevadero.
Entre el bosque, la huerta, los animales y el río que utilizan como zona de baño, Sure ha encontrado una manera de vivir que también quiere transmitir a sus hijas. Una vida alejada de las prisas y del consumo, pero que exige trabajo, organización y una relación constante con la naturaleza.