Alianzas y nietos: el feroz camino a las urnas abre el curso político de Asturias

ASTURIAS

Imagen de archivo de los portavoces de los grupos políticos de la Junta General del Principado conversan tras finalizar el primer pleno ordinario del nuevo periodo de sesiones del parlamento asturiano
Imagen de archivo de los portavoces de los grupos políticos de la Junta General del Principado conversan tras finalizar el primer pleno ordinario del nuevo periodo de sesiones del parlamento asturiano J.L.Cereijido | EFE

Ninguna fuerza prevé gobernar en solitario en un mapa político donde el PP busca consolidar la reunificación de la derecha y la izquierda trata de encajar las piezas de un espacio fragmentado

12 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Con menos remoloneo que los niños, el curso político en Asturias arrancó casi a la par que el escolar. Mientras los alumnos volvían a las aulas, los diputados de la Junta General regresaron a sus escaños el pasado viernes para un pleno de preguntas al presidente que sirvió, en la práctica, de chupinazo para la campaña electoral, una de las más reñidas que se esperan.

Al menos eso aseguran las encuestas de medios nacionales, como la de Sigma Dos para El Mundo, que ha vuelto a apuntar a un escenario que la misma casa de sondeos presagiaba el pasado mes de mayo: un empate total de escaños entre el PP y el PSOE que decantaría el Gobierno autonómico para los conservadores al sumar más escaños con Vox, partido para el que prevé el mayor incremento de votos. Lo esgrimió y deslizó el presidente del PP asturiano en el pleno, Álvaro Queipo, y encontró la réplica inmediata por parte del presidente del Principado, Adrián Barbón, quien ya en mayo le acusó de padecer «síndrome preelectoral precoz» y le recordó una frase de Fraga que decía: «Hay dos maneras de perder unas elecciones: darlas por ganadas y darlas por perdidas».

En todo caso, la contienda electoral será (ya lo es) feroz y además estará marcada de forma ineludible por las alianzas, pues nadie prevé un Gobierno de un partido en solitario en Asturias. De este modo, en ambos polos del espectro político se hacen cábalas y cálculos: un solo diputado puede ser decisivo, y donde pueden bascular los escaños por un puñado de votos es en las alas de la región. La experiencia dicta en Asturias que, cuando algo así sucede, la diferencia se decide por muy pocos sufragios y, además, por el voto exterior. Ocurrió en el pasado, pero ese es un tiempo ido que nunca ha de volver y el presente político es de todo o nada, blanco o negro.

En los pasados comicios de 2023, el entonces candidato del PP, Diego Canga, hizo un intenso esfuerzo de campaña en países de América para rebañar numerosos sufragios del exterior y llegó al último segundo del recuento con la esperanza (muy poco probable en realidad) de un vuelco final. ¿Puede el PP de Álvaro Queipo repetir esa estrategia, siendo la 'ley de nietos' y su suspensión cautelar por parte del Tribunal Supremo una piedra de toque de la estrategia del PP nacional? Es una incógnita que tendrá que ir despejándose en los próximos meses, ya que la marca del calendario para las urnas de mayo marca una cuenta atrás.

Queipo tiene una ventaja de la que no ha disfrutado ningún presidente del PP asturiano desde los años noventa: llega con la derecha casi reunificada. Ya no queda nada de las escisiones abiertas por Sergio Marqués, ha desaparecido Ciudadanos y Foro apunta a concentrarse en Gijón como grupo local (con fortalezas en otros concejos, como Salas), si bien su acuerdo parlamentario en la Junta lo convirtió de facto en un partido satélite de los populares. Queda, por supuesto, Vox, que crece y gana cada vez más peso, y que ha hecho pagar al PP con sudor el gobierno de numerosas comunidades; también podría hacerlo en Asturias.

Si la derecha necesitaría unirse para gobernar, la izquierda tendría que hacerlo en términos iguales o muy similares, aunque con sus propias cuentas pendientes. Un Ejecutivo de coalición entre el PSOE e IU, como el actual, no es ninguna extravagancia en Asturias, pero la fragmentación del electorado progresista en el Principado es otra realidad tozuda que volverá a aparecer el próximo mes de mayo. Ha habido roces entre las formaciones de Barbón y Zapico (el despertado por el accidente de la mina de Degaña fue el más intenso, como también es potente la discrepancia sobre los proyectos estratégicos), pero ambos grupos han tratado de evitar las colisiones dramáticas y, pese a sus diferencias, ninguno oculta que repetiría la experiencia.

La cuestión es qué ocurrirá con el espacio a la izquierda al margen del PSOE y de IU, que antaño llegó a ser el gran caladero de Podemos (hoy sin posibilidades de regreso al Parlamento) y que heredó, no sin problemas, la diputada del grupo mixto Covadonga Tomé. Tras crear la marca Somos Asturies, hizo su presentación y puesta de largo recientemente acompañada de las principales fuerzas soberanistas de la península. Somos Asturies se enfrenta a dos dilemas: el primero y más urgente, tratar de blindar su representación parlamentaria, aunque sea (como en el presente) con un escaño clave y decisivo; el otro, de darse las condiciones, sería decidir si apoyar desde fuera o desde dentro un Gobierno con el PSOE e IU. Y eso es algo que tanto sus cuadros como sus votantes deberán dirimir; si les dan los números.