Las sociedades de festejos asturianas que vencen con «malabarismos» a la burocracia y la falta de relevo

Marcos G. García REDACCIÓN

ASTURIAS

Gran ambiente y asistencia de público en las calles del casco antiguo y Parque de San Francisco en la fiesta de San Mateo
Gran ambiente y asistencia de público en las calles del casco antiguo y Parque de San Francisco en la fiesta de San Mateo Paco Paredes | EFE

Entidades del Principado explican a La Voz cuáles son algunos de sus principales obstáculos, caso del envejecimiento del movimiento asociativo, las escasas ayudas y la pérdida de arraigo de algunas celebraciones. «Nuestro objetivo es intentar que no se pierdan las fiestas y en eso somos optimistas», afirman

24 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Las sociedades de festejos de pueblos y barrios de Asturias muchas veces tienen que enfrentar, un poco a modo de la irreductible aldea de Astérix y Obélix, a un buen número de trabas para sacar adelante las distintas celebraciones que, año tras año, animan el calendario muchas veces gris de las parroquias y ciudades de la región.

La siempre engorrosa carga burocrática, el complejo relevo generacional y las muchas veces exiguas ayudas por parte de las administraciones hacen que desarrollar este tipo de actividades suponga poco menos que «hacer malabarismos para llevar la economía adelante». Responsables de diferentes asociaciones de festejos de la región explican a La Voz cuáles son los secretos para no arrojar la toalla, seguir al pie del cañón y resistir «todavía y como siempre, al invasor».

Un esfuerzo de todo un año

María Lourdes Noval Cuetos es la vicepresidenta de la Sociedad de Festejos de San Antonio, encargada de organizar las fiestas de las localidades ovetenses de Fitoria y Villamejil. Se trata de una entidad que lleva inscrita desde el año 1948, pero que cuenta con estatutos de, al menos, 1920.

«Prácticamente somos dos familias, padres e hijos la mayoría», afirma. La vicepresidenta de la entidad remarca que gestionar este tipo de eventos y lidiar con las estrecheces económicas requiere de mucho esfuerzo, de manera continuada. De hecho, «la gente ahora mismo no sabe lo que es trabajar la fiesta, ya que no significa dedicar cuatro días y estar en la barra, sino hacerlo todo el año y eso ahora mismo no lo quiere nadie si no lo llevan en la sangre».

Desde su punto de vista, en la actual directiva de la Sociedad de Festejos de San Antonio, para trabajar la fiesta están todo el año «haciendo paellas con otras asociaciones y todos los sábados y domingos hay que ir por ahí a trabajar». «Porque, si no, ¿de dónde sacas el dinero?, que el Ayuntamiento nos da una subvención de 4.000 euros», resalta.

Una de las claves, a su juicio, para asegurar la supervivencia de las sociedades de festejos pasa por «gastar lo que tienes, no más y vivir en el cuento el cuento la lechera, porque si te vienen 4 días de fiesta malos a ver de dónde sacas el dinero; nosotros si tenemos 20.000, pues gastamos 20.000».

No obstante, puntualiza que «no son lo mismo las fiestas de una asociación que trabaja todo el año para el pueblo sin ánimo de lucro, que las que, por ejemplo, venden la barra y no trabajan la fiesta». «Nosotros somos una asociación que trabajamos todo el año para las fiestas del pueblo, sin ánimo de lucro, nos da igual; estamos los 4 días despachando y trabajamos la barra nosotros, no la vendemos», añade. «Yo considero que no debería ser la misma subvención para una fiesta que coge y vende su barra por 20.000 euros y no trabaja la fiesta que para una como la nuestra, que estamos los 8 directivos varios días durmiendo en el prau», concluye.

Pocas ayudas y complejo relevo generacional

Juan José Vega Fanjul es el presidente de la Sociedad de Festejos y Cultura «San Pedro de La Felguera», entidad que nace en el año 1908, siendo su presidente Samuel Carbajal, y que celebró su primera fiesta los días 27, 28 Y 29 de junio como homenaje a Pedro Duro. En la actualidad, la sociedad desarrolla diversos actos culturales y recreativos como el festival de la sidra natural, de la canción asturiana, las fiestas de San Pedro, el mercado tradicional, los concursos de fotografía y literario y la fiesta de Interés Turístico Regional 'Su Excelencia La Fabada', entre otros.

Su presidente reconoce que, en la organización de las fiestas, se encuentran con «una cada vez mayor necesidad económica para competir o agradar a la gente». Y es que reciben «poca ayuda» proveniente de entidades oficiales como el Ayuntamiento de Langreo. «Somos 17 fiestas en Langreo y nos encontramos prácticamente todas con la problemática de las ayudas, ya que tenemos que hacer un esfuerzo sobrehumano para sacarlo adelante», puntualiza.

Comenta que gestionar este tipo de fiestas y eventos «lleva una cantidad de gastos enormes, hay que apretarse mucho al cinturón y hacer malabarismos para llevar la economía adelante». Juan José Vega Fanjul se muestra especialmente orgulloso de todas las actividades que organizan a lo largo del año, ya que «la mayoría de ellas traen consigo un mayor conocimiento y atracción de La Felguera».

Por ejemplo, la Fiesta de la Sidra, que es la primera del año y resulta «vinculante para el Premio Regional de Escanciadores, atrae a «muchas personas de la región y de más allá del Puerto Pajares». Asimismo, el Concurso Nacional e Internacional de Relatos Cortos es «el más antiguo de España y ya va por su 78 edición aproximadamente». Para el certamen de este año ya ha recibido «1.490 relatos de alrededor de 33 países, lo que significa que el nombre de La Felguera aparece por Australia, Israel, Nueva Zelanda, Lesoto...».

Desde su punto de vista, el del relevo generacional «es un problema enorme, pues estamos aguantando personas con una media de 70 años casi». Vega Fanjul tuvo que asumir la presidencia en 2018 y, desde entonces, nadie ha querido relevarle en esta labor de presidencia, que vence en febrero del 2028.

«Fuimos metiendo gente y hay una junta directiva muy bonita ahora, muy compensada, de mucha cohesión entre nosotros, que es lo interesante», apunta. Como otra traba para la actividad de estas sociedades añade que «cada vez más de problemas de datos que nos piden para la organización, que es una locura con el proyecto con el proyecto de seguridad, permisos... lo que te hace trabajar el doble y es muy cansado».

Luchar contra la pérdida «del arraigo y del sentimiento de pueblo»

Aitor Álvarez Fernández es el presidente de la Comisión de Festejos de Deva, en Gijón, y de la federación Vive lo que Sentimos, plataforma creada para reivindicar los intereses de estas romerías tradicionales y asegurar su pervivencia y componente de arraigo. Considera que «el problema principal para la supervivencia de las fiestas es el relevo generacional». Y es que, desde su perspectiva, «la mayoría del movimiento asociativo está envejecido y haría falta que entrara savia nueva».

Otra de estas dificultades, por parte de algunas de estas entidades, es la de las «complicaciones para adaptarse a los tiempos». Desde su punto de vista, la cuestión relacionada con los trámites burocráticos y requerimiento de documentación para gestionar cuestiones como la seguridad de los festejos, «es casi un beneficio y el respaldo que tiene el organizador para cumplir la ley».

«Desde Vive lo que Sentimos una de las cosas que intentamos negociar con el Ayuntamiento de Gijón fue facilitarnos la tramitación de la burocracia y en ello estamos; hay cosas por mejorar y esperamos poder seguir hablando con la administración que hay ahora para seguir corrigiendo y mejorar esas cuestiones», añade. El objetivo, tanto de la Comisión de Festejos de Deva como de Vive lo que Sentimos es «conseguir ir uniendo generación con generación, pues yo tengo gente que estuvo ya hace 40 años haciendo las fiestas».

Aitor Álvarez Fernández considera que otra de las limitaciones de las fiestas de las grandes ciudades de Asturias «quizás es la pérdida un poco del arraigo y del sentimiento de pueblo». Y es que «la zona rural de Gijón cada vez es más residencial y se pierde un poco ese arraigo». «Nuestro objetivo es intentar que no se pierdan las fiestas y en eso somos optimistas», concluye.