Se alquila hasta junio: el mercado de vivienda que nace cada curso en Asturias para los docentes desplazados

Carmen Liedo
Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

Imagen de archivo de un portal en el que se anuncia el alquiler de una vivienda.
Imagen de archivo de un portal en el que se anuncia el alquiler de una vivienda. Eduardo Parra | EUROPA PRESS

El calendario escolar genera un mercado temporal en el que los educadores buscan alojamiento durante el periodo lectivo y algunos propietarios encuentran una alternativa al alquiler vacacional durante el invierno

28 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

«Se alquila desde septiembre hasta junio». «Alquiler temporal durante el curso escolar». «Busco piso. Soy profesor y sería para todo el curso». Mensajes como estos dan cuenta de que el inicio del curso escolar activa en Asturias un mercado específico de alquiler temporal en el que confluyen la necesidad de los docentes desplazados de encontrar un lugar donde vivir y el interés de los propietarios de ocupar las viviendas durante el periodo lectivo, cuando la demanda turística desciende, teniéndolas disponibles para uso propio o para el alquiler turístico durante el verano. Así, grupos de redes sociales, como el de Facebook «Alojamiento para docentes en Asturias», se han convertido en puntos de encuentro clave para unos y otros, y es que en ellos coinciden quienes necesitan una habitación, un piso o una vivienda para poder acudir cada día a su centro de trabajo, quienes buscan compartir para poder afrontar los gastos y propietarios que ofrecen alquileres temporales.

Para Javier Pérez, profesor de Formación Profesional en Cangas de Onís y opositor, encontrar vivienda se ha convertido en una cuestión importante para poder compaginar el trabajo con la preparación de las oposiciones. Desde Gijón tarda alrededor de una hora y cuarto en llegar al centro en el que imparte clases, un tiempo que se multiplica cuando se suman los desplazamientos de ida y vuelta. «Estoy buscando vivienda para quedarme este año básicamente porque hay oposiciones y esas dos horas y media o tres horas de viaje todos los días me desarman un poco la capacidad de estudio», explica el mismo, que añade que por el momento la búsqueda de casa no le está resultando asequible porque, asegura, lo que ha encontrado hasta ahora son habitaciones por más de 400 euros o peticiones de hasta 650 euros por un apartamento de una habitación. «No es ni medio normal lo que te encuentras», sostiene el docente, pensando que a ese alquiler tiene que añadir, además, el coste de mantener su vivienda habitual y otros gastos derivados de ella.

Además, la temporalidad introduce también sus propias condiciones, ya que, según comenta Javier, algunos propietarios hacen planteamientos como que los inquilinos abandonen el alojamiento durante Semana Santa para aprovechar esos días de mayor demanda turística. Para el profesor de FP, que se desplaza con herramientas y maquinaria, hacer varias mudanzas al año no resulta precisamente una solución cómoda. Es por ello que, abriéndose a alternativas, no descarta compartir piso: «mientras pueda estar tranquilo para estudiar, no tengo problema», señala.

Laura Prieto, profesora de Audición y Lenguaje en un pueblo de Cangas del Narcea, traslada otra de las claves de este mercado: la duración del contrato. En su caso, dice que casi todos los propietarios le pedían que tuviera contrato hasta junio para asegurar el alquiler durante todo el curso escolar. En su caso, contar con una vacante hasta final de curso le facilitó la búsqueda, aunque ha terminado compartiendo vivienda con otra compañera para reducir gastos, ya que trabaja a media jornada y mantiene además su casa en León. Otro aspecto del que da cuenta es de que la diferencia entre una estancia larga y una sustitución de pocas semanas o meses puede ser influir en el precio del alquiler. En uno de los alojamientos que miró, el precio mensual disminuía cuanto más tiempo permanecía el inquilino: unos 450 euros al mes si se quedaba hasta junio, frente a más de 600 euros cuando la estancia se reducía a unos meses. «Si tienes un contrato hasta junio, no te suelen poner problemas», resume.

Alquiler de invierno para afrontar gastos

 Al otro lado están los propietarios que intentan dar salida a sus viviendas fuera de los meses de mayor actividad turística. Cristina de la Fuente Díaz tiene apartamentos turísticos en Niembro, Llanes, que suele alquilar por días sueltos fuera del periodo estival. Cuenta que este año se ha decidido a probar por primera vez con el alquiler temporal durante el invierno, aunque todavía no ha encontrado inquilino porque «en invierno aquí no se alquila nada», explica. La decisión se basa en que los gastos que genera esa vivienda continúan, aunque no haya huéspedes: gastos de autónomos, recibos de suministros o comunidad, entre otros. Es decir, «sigue habiendo gastos y no ingresas nada», manifiesta la misma, consciente de que, en su caso, la ubicación también tiene peso para lograr alquilar en invierno porque «Niembro está junto a la playa, pero durante el invierno pierde servicios y quien llega a Llanes para trabajar suele preferir quedarse en la propia villa o en Posada».

Una situación parecida, aunque por motivos diferentes, explica Delia Soto, propietaria de un piso en Gijón. Lo ofrece durante los meses de invierno porque vive fuera y quiere disponer de él personalmente durante el verano. «Es una forma de sacarle rendimiento a la vivienda, no tenerla parada y tener unos ingresos con los que afrontar los gastos», indica la propietaria, que publicó su anuncio en el grupo dirigido a docentes, aunque aclara que la vivienda no está necesariamente destinada a profesores.

Así, mientras unos necesitan un alojamiento que les permita ejercer su profesión sin afrontar largos desplazamientos, otros buscan una fórmula para que una vivienda no permanezca vacía durante los meses de menor actividad. El calendario escolar se convierte en el punto de encuentro entre ambas necesidades.

Para Javier, sin embargo, el problema va más allá de encontrar un piso concreto. La combinación entre los precios de la vivienda y las dificultades de comunicación puede complicar la llegada de docentes a determinados destinos. Su propuesta, casi recuperada de otro tiempo, es contundente: «Van a tener que acabar haciendo como en los años 40, o en los años 30, hacer casas de profesores».

Mientras tanto, cada comienzo de curso se vuelve a poner en marcha el mismo mercado: profesores para los que conseguir casa en la que vivir hasta junio es casi tan difícil como conseguir plaza y propietarios que encuentran en ellos una posibilidad para rentabilizar una vivienda que, cuando llegue el verano, volverá a tener otro destino.