Un paseo casi nostálgico por el Parque de la Vida, que este lunes ya no abrirá sus puertas al público en Luarca

Yolanda García Ramos
y. garcia LUARCA / LA VOZ

ASTURIAS

Luis Laria, su gerente, confirma el cierre, quizás indefinido, de una instalación que nos acerca a quienes somos, a nuestra relación con los seres vivos y la naturaleza y al sueño espacial

28 sep 2026 . Actualizado a las 22:05 h.

Enol y Ercina fueron el motor que en su día impulsó al histórico ambientalista Luis Laria a seguir un camino de pasión y curiosidad extremas, como el de crear el Cepesma. Más adelante, abrir el Parque de la Vida en Luarca, en cuya entrada una pequeña plaza recuerda a los dos delfines con los que él interactuaría en el período de tres años en el que la pareja cetácea se estableció en el litoral valdesano. En verano, con récord de visitantes, recorrimos la instalación. Acabó siendo un paseo, efectivamente, por la vida. Nuestra vida. La del ser humano en este planeta Tierra pero también sus sueños de conquistar el espacio, planteándonos el gran interrogante: «¿Habrá vida extraterrestre?». Entre el misterio y el humor, un muñeco alienígena formaba parte también del circuito que recuerda al famoso «caso» de Roswell. Un pariente de E.T. Entre las curiosidades mil de este homenaje a lo que somos.

El inicio del recorrido comenzó con la descripción de los rescates y necropsias de animales que lleva a cabo Cepesma. «La última tortuga laúd que abrimos aquí tenía casi 300 gramos de plástico en su intestino. Evidentemente falleció por esta causa», explicaba el guia, quien más adelante hablaba de Bambi, un ciervo que ahora pasta tranquilo en este parque y que había sobrevivido a una agresión humana feroz cuando lo encontraron. Otro momento especial fue el contacto del público con las serpientes, explicando Laria que en el Parque de la Vida hubo quien logró superar alguna fobia. Comentando a mayores el papel que ejercía también un lugar como este en el cuidado de la salud mental, pues la naturaleza es también «medicina» para el alma. «Hay que crear conciencia en que si esta sociedad no cambia, nos arrasamos a nosotros mismos», señalaba visiblemente preocupado por la salud mental.

Visita de Yuri Usachev, cosmonauta ruso, a la izquierda junto a Luis Laria, en la visita que hizo al Parque de la Vida en 2019
Visita de Yuri Usachev, cosmonauta ruso, a la izquierda junto a Luis Laria, en la visita que hizo al Parque de la Vida en 2019 LUIS LARIA

  

Tras secciones que nos trasladaban a los orígenes de la Tierra, con muestras de fósiles y otras, desgranando la evolución humana y cómo la ciencia ha contribuido a ello, con recuerdos especiales a Severo Ochoa o Margarita Salas (cuya bata de laboratorio se exhibía en una vitrina como una joya), el mundo de los cetáceos tiene aquí un hueco especial. Una sala evocaba el pasado ballenero de la costa cantábrica, con herramientas reales que se usaban en su caza, como una embarcación con 220 años de antigüedad que se restauró, la lanza llamada «sangradera» o las ollas que derretían su grasa, hasta que quedó prohibida en España. Se aprovechaba su grasa y su carne e incluso las barbas de las ballenas, comentaba el guía, se utilizaban en la corsetería y en los paraguas. Igual de impresionante fue, como no podía ser de otro modo, el apartado dedicado al calamar gigante, al que Laria también ha dedicado grandes esfuerzos. «Aquí en Asturias _decía el guía_ nada de llamarle Kraken. Cuando aparece en una red o varado en la arena se le llama Peludín. Se debe a su piel fina». Vimos un Histioteuthis corona con puntitos en todo su cuerpo que son «órganos que producen luz», explica. Imposible no asombrarse. Igual que con un Ceratias, con el dimorfismo sexual más extremo del reino animal, que recuerda a la película de Nemo. La hembra puede llegar a ser hasta 500.000 veces más pesadas que el macho.

Gracias al Parque de la Vida no hacía falta viajar ni a Estados Unidos ni a Rusia para «vivir» la carrera espacial. Con equipos y materiales además originales (del auténtico Ariane 5) y la recreación del interior de un cohete, que debe utilizar materiales ligeros como el aluminio y un entramado de celdillas que recuerda al panal de una abeja para facilitar su despegue. En una vitrina se guardaba el traje que donó a Luis Laria el cosmonauta ruso Iuri Usachev, uno de los más importantes del mundo, quien llevó a cabo cuatro viajes espaciales. Pasó 553 días en el espacio en total y visitó este lugar en abril de 2019 dejando aquí su huella.

Con 26 años de vida, el Parque de la Vida cierra puertas, sin saber aún si volverá o no a abrir. «Tengo 17 investigadores de máximo nivel internacional que me realizaron donaciones», recordaba Laria, sin olvidar tampoco su estrecha relación con el Smithsonian por los calamares gigantes, en un momento en el que aún no había anunciado su cierre. También quería entonces exhibir la mayor colección del mundo del período Estefaniense. Laria nació en Llanes de Parres, en Parres (Arriondas) pero fueron Enol y Ercina «los que me cambiaron el pensamiento». «No hay ningún ser humano que me hubiera influido como lo hicieron ellos, no puedo expresarlo en palabras», recordaba. «Todo lo que hice fue pensando en ellos porque me dejaron una huella impresionante», finalizó.