Temor al desabastecimiento y precio de la gasolina por las nubes: así encara Asturias el otoño

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

ASTURIAS

Un consumidor reposta carburante en una gasolinera española.
Un consumidor reposta carburante en una gasolinera española. Mariscal | EFE

El fin de los descuentos fiscales coincide con la escasez que ya se nota en algunas estaciones del Principado, y el sector critica que vigilen con lupa a los pequeños distribuidores mientras se registran beneficios «de escándalo» en las petroleras

30 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La gasolina en Asturias vive uno de sus momentos más críticos en años. El combustible ya cuesta dos euros el litro en la mayoría de las gasolineras del Principado, mientras la escasez empieza a notarse en algunas estaciones, donde el suministro no llega en las fechas previstas porque los barcos que traen el producto se retrasan en el puerto. La situación está muy relacionada con el conflicto entre Estados Unidos e Irán, y sitúa a la región, una vez más, como una de las más caras de España para repostar.

El presidente de la Agrupación Asturiana de Vendedores al por Menor de Carburantes y Combustibles (ASVECAR) Fernando Villa, considera el problema «un planteamiento de puro aprovechamiento de una coyuntura; las petroleras tienen beneficios de escándalo en momentos así», y los que pagan el pato son los pequeños empresarios que están a cargo de los surtidores: «Nosotros somos el final de la cadena y los que tenemos que dar la cara; porque si alguien no gana, otro lo pierde, y eso es un perjuicio para las estaciones asturianas».

Villa asegura que no hace falta mucho esfuerzo para darse cuenta de la situación. Basta buscarlo en internet y los datos aparecen muy fácilmente. La guerra en Irán ha disparado los márgenes de refino - la diferencia entre lo que pagan las petroleras por el crudo y lo que ganan una vez que venden el combustible ya procesado - hasta niveles que solo se habían visto antes con la invasión de Ucrania en 2022. Solo entre enero y junio de este año, Repsol ganó 2.201 millones de euros, una rentabilidad que duplica la de hace menos de una década. «Se está repitiendo una situación que ya se dio con la guerra de Ucrania, con las mismas consecuencias», resume Villa.

Y el malestar del pequeño abastecedor de gasolina se agrava con la actitud de las instituciones hacia el subsector. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha puesto en marcha un seguimiento en tiempo real de miles de estaciones de toda España y ha advertido de que hará pública una lista de surtidores con comportamiento anómalo en sus márgenes. Villa lo vive como una injusticia: «Hay una comisión nacional que nos quiere vigilar a nosotros, que tenemos un margen pequeño, ridículo». Los datos, en este caso, también respaldan la versión de Villa. El propio regulador ha reconocido que el margen de las mayores minoristas ronda apenas el 3,5%. Estos pequeños márgenes que tanto se vigilan contrastan con los enormes beneficios de la petroleras, que no parecen sujetos a ningún control.

«Los que nos encontramos frente a frente discutimos entre nosotros por algo que no podemos decidir, y sufrimos las consecuencias», lamenta Villa, que denuncia que se está «enfrentando a unos pequeños empresarios a la población; hay un montón de gente que está trabajando mucho y no gana ni un duro».

A la subida de precios se suma ahora otro problema. Mañana, día 30, finalizan los descuentos fiscales al gasóleo y a la gasolina que el Gobierno había aprobado en junio para paliar el encarecimiento derivado de la guerra en Oriente Medio, y por el momento no se ha confirmado ninguna prórroga. El fin de la ayuda llega justo cuando llenar el depósito es más caro.

Lo curioso de Asturias es que la escasez se anuncia en una región que se ha constituido como uno de los almacenes estratégicos de España. El Musel custodia una parte significativa de las reservas nacionales de petróleo, gestionadas a través de instalaciones dedicadas a la Corporación de Reservas Estratégicas. Sin embargo, no existen estadísticas públicas de existencias por comunidades autónomas, lo que impide cuantificar con precisión el alcance real de la escasez en el Principado más allá de los testimonios recogidos en las estaciones.

Villa también apunta a una transformación de fondo en el negocio, más allá de la coyuntura bélica: el avance de las estaciones de bajo coste y sin personal, muchas de ellas en manos de fondos de inversión. «En las estaciones de servicio surgen empresas que crecen como la espuma. Son planteamientos de inversionistas inmobiliarios», advierte. «Si todos vamos a un sitio donde hay una reducción de costes a cambio de no tener trabajadores, todo será más barato, pero no habrá trabajadores ni nadie que compre. Es puro egoísmo, insolidaridad». «Como representante de este sector solo me queda constatar lo que hay, y que cada uno haga su reflexión; cada uno sabe lo que hace y veremos las consecuencias», concluye.