Microbiota intestinal, la colonia de microorganismos que tenemos que cuidar para mejorar nuestra calidad de vida
ASTURIAS
«La salud intestinal debe entenderse como el resultado de un estilo de vida globalmente saludable y no únicamente de la incorporación de determinados alimentos o suplementos», advierte la catedrática de Fisiología Sonia González Solares.
19 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Así describe la microbiota intestinal la catedrática de Fisiología de la Universidad de Oviedo, Sonia González Solares: «Está formada por billones de microorganismos (principalmente bacterias, pero también virus, hongos y arqueas) que habitan en nuestro tracto digestivo y desempeñan funciones esenciales en la digestión, el metabolismo, la regulación inmunitaria y la protección frente a microorganismos potencialmente patógenos».
Esta población que nos habita es muy importante para nuestra salud y debemos prestarle atención, porque, además, presenta muchas diferencias individuales: cada persona «posee una microbiota única, comparable a una huella biológica individual, cuya composición viene determinada por factores como la genética, el tipo de parto, la alimentación durante la infancia, el estilo de vida, el uso de antibióticos, el entorno y la dieta a lo largo de toda la vida».
Según la catedrática, la microbiota es importante desde el nacimiento: «su establecimiento comienza en las primeras etapas de la vida y está profundamente influenciado por la lactancia materna», que, además de aportar nutrientes, también contiene microorganismos beneficiosos y compuestos que favorecen el crecimiento de bacterias beneficiosas. ¿Y qué podemos hacer para mejorar la microbiota? Uno de los vehículos más adecuados es la alimentación. Eso sí, Sonia González advierte de que «no existen alimentos «milagro» para mejorar la microbiota; lo importante es el patrón dietético global mantenido en el tiempo».
Por una parte, están los patrones «occidentalizados», que incluyen ultraprocesados, azúcares añadidos, bebidas azucaradas y grasas saturadas, así como una ingesta insuficiente de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, y que se asocian a una disminución de la diversidad microbiana y a alteraciones funcionales de la microbiota (disbiosis).
Por otra, está el modelo mediterráneo, con una elevada presencia de frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva virgen extra, cereales integrales y pescado, que aporta fibra dietética, polifenoles y diversos compuestos bioactivos que sirven como sustrato para numerosos microorganismos intestinales beneficiosos, que contribuyen al mantenimiento de la barrera intestinal, modulan la respuesta inmunitaria y ayudan a reducir procesos inflamatorios sistémicos.
Pero no solo hay que mirar la alimentación para mejorar la microbiota. También son beneficiosos la actividad física regular y el descanso nocturno, así como evitar el estrés y el tabaco y usar con prudencia los antibióticos. «La salud intestinal debe entenderse como el resultado de un estilo de vida globalmente saludable y no únicamente de la incorporación de determinados alimentos o suplementos», concluye Sonia González.
Por otra parte, la fisióloga pone sobre la mesa algunos mitos que se han extendido sobre la microbiota. El primero es que, si tomas un probiótico durante mucho tiempo, dejarás de producir bacterias beneficiosas por ti mismo. No hay pruebas de que esto sea así, ya que el organismo no produce bacterias, sino que aloja un ecosistema microbiano que no se altera permanentemente por tomar probióticos durante un tiempo.
También está extendida la idea de que cuanta más fibra comamos, mejor será nuestra microbiota. «La fibra es uno de los nutrientes más beneficiosos para la microbiota, pero más no siempre significa mejor. Un aumento excesivamente rápido o una cantidad muy elevada puede provocar molestias digestivas como gases, distensión abdominal o cambios en el tránsito intestinal».
Otro mito muy extendido es pensar que, si después de comer sentimos hinchazón, tenemos una intolerancia o un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO). La hinchazón es frecuente tras las comidas y muchas veces es una respuesta fisiológica normal. Es posible que algunas patologías impliquen esa hinchazón, pero para diagnosticarlas es necesaria una valoración clínica más profunda.