Volveremos a cambiar


Este mes tenemos otra plataforma para ver la tele. Hemos vuelto a cambiar, y el chico que ha venido a poner los cables a casa nos ha avisado: no caben más. No hay más espacio, no se puede hacer más hueco de tanto que hemos variado. Esto no me ha pasado a mí, pero en mi casa vamos por el mismo camino. Esta anécdota me la contaba el otro día una amiga desesperada con tanto vaivén televisivo. Y aunque pueda parecer exagerado es verdad. Nos hemos hecho tan a la carta que no hay manera de encajarnos en toda la oferta que hay, porque cada mes pertenecemos a unos distintos.

Hay semanas que en una casa se ven todas las series de Netflix, y a la semana siguiente, todas las de HBO, por aquello de que el primer mes es gratis. En otras de repente compartimos el gasto con los cuñados con el objetivo de ver esos encuentros del fútbol liguero. Pero llega el derbi de turno, el partidazo, y resulta que no lo podemos disfrutar porque ese «plus» va aparte. Hay que pagar más para poder ver lo mejor. Lo mejor que es todo. Y así la tele se ha convertido en un caos más complejo que el del banco. De tal modo que cada vez que le vas a dar al mando ya no sabes si habrá suerte y acabarás viendo lo que deseas. En todas las casas andamos en un sinvivir de cables, en un complejo sistema de tarifas, de plataformas y de gustos que difícilmente hacen que todos coincidamos viendo lo mismo y mucho menos que nos pongamos de acuerdo a la hora de comprar. Así que mientras escribo y espero a conectarme a la serie de moda en la plataforma de turno es posible que ya no funcione, que en cuestión de horas todo haya cambiado. Y este mes nos volvamos a dar de alta para ver otro canal.

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