Snacks deshidratados, patinetes sostenibles: los negocios «circulares» se abren paso en Asturias

Impulsa Gijón organiza Circular Weekend para dar a conocer proyectos de economía circular

Foto de familia de los proyectos participantes en la Circular Weekend de Gijón con Juan Carlos Miranda en el centro
Foto de familia de los proyectos participantes en la Circular Weekend de Gijón con Juan Carlos Miranda en el centro

Como decía Vicente Ruiz, miembro del equipo de Enviroo, empresa organizadora de este encuentro que ya ha pasado por otras ciudades españolas, en su introducción a la economía circular, la sociedad tiene que convertirse en parte del cambio. Y ese mismo concepto es el que contempla Juan Carlos Miranda (Gijón, 1969), el emprendedor que recibió el reconocimiento a su proyecto tras exponer su idea de negocio y ser elegido por el jurado después de un fin de semana de trabajo colaborativo. Factoría Vegetal, centrada en los snacks de fruta deshidratada, es la solución a un problema que detectó a lo largo de sus años de desarrollo profesional dentro de la distribución de frutas y verduras y en Asturian Berries, además de como ciudadano. Inmersos de pleno en la Semana Europea de Prevención de Residuos, que el consorcio Cogersa promueve y coordina en Asturias desde 2009, Impulsa Gijón ha organizado el evento Circular Weekend para dar a conocer proyectos de economía circular y apoyar otros dentro de la emprendeduría social y de las oportunidades de negocio que este nuevo modelo económico ofrece.

«Detecté un problema y busqué una solución. Cada día se tiran entre 7 y 10 toneladas de fruta y verdura en Mercasturias, y no porque no sean aptas para el consumo. Se desperdicia un montón de productos perecederos y lo que pensé es en valorizarlo, dando lugar a un nuevo producto de calidad», explica. Y de ahí a la idea de crear una empresa totalmente incardinada en los preceptos de la economía circular, respetuosa con el medio ambiente, dando una segunda vida al producto, apoyando la economía de proximidad, creando empleo social (entre diez y dieciséis puestos a dos turnos), con envases biodegradables 100% reciclables, apostando por la I+D+i y fácilmente replicable en otros lugares. Además minimiza el impacto de la huella de carbono ya que la mayor competencia viene de África o América Latina teniendo también en cuenta la gran demanda de este tipo de producto. Al mismo tiempo utiliza una tecnología de infrarrojo lejano a baja temperatura que mantiene todas sus propiedades tras la deshidratación. Y por supuesto, tiene una rentabilidad económica.

Un patinete innovador

El patinete sostenible Smuber de la empresa Esguil se posicionó como finalista. Un proyecto en un avanzado estado que busca un partner estratégico que le aporte esa financiación que le falta. El prototipo de David de la Vega (Duisburg ?Alemania- pero criado en Asturias, 1975) presenta un patinete tipo scooter urbano sostenible y recargable que se alimenta por carga solar o inductiva, bien dinámica o estática, reconvertible a mochila, con capacidad para dos personas y que permite el desplazamiento con manos libres, llevar una carga auxiliar y hasta almacenamiento, luces de freno y posición, sensores de proximidad… También entra en el concepto de economía circular porque contempla el ciclo de vida tanto de la reposición de piezas como de su reciclaje final, se puede fabricar con materiales reciclados o en aluminio que, aunque es contaminante en su producción, es fácilmente reciclable para darle una segunda vida. De la Vega pretende que se pueda adquirir por compra o en alquiler, es decir, la economía del acceso que propugna este nuevo modelo económico, ofreciéndolo, por ejemplo, a ayuntamientos como ocurre con el alquiler de bicis.

Entre el viernes y el sábado de la semana pasada se trabajaron diferentes proyectos sobre domótica, energías renovables, economía social… en el edificio Cristasa, donde tiene parte de sus instalaciones para emprendedores Impulsa Gijón. Como acto previo, la mañana del viernes se desarrollaron varias mesas redondas y la exposición de varios proyectos empresariales ya en marcha que tienen la economía circular muy presente.

Cierto es que hay sectores o actividades que tienen una clara proyección de circularidad, como los relacionados con el medioambiente, pero lo cierto es que la economía circular encaja en todos y, de hecho, debería darse colaboraciones entre ellos para garantizar una cadena totalmente circular, como explica Paula Baldó (Oviedo, 1981), de Envirall, una consultoría medioambiental estratégica que aporta nuevos enfoques «hacia arriba» en sus propuestas. «Trabajamos con estrategia a largo plazo y donde somos brillantes es en la innovación. Nos encanta diseñar». Paula tiene claro que la economía «será circular o no será» y las legislaciones ya empiezan a contemplar este aspecto, como así ocurre en la nueva ley de contratos del sector público, que pide que se tengan en cuenta los costes de ciclo de vida de productos y servicios en las licitaciones.

Conciencia circular

Envirall lleva funcionando desde 2013, aunque tanto Paula como su compañera Lorena Álvarez-Sala (Gijón, 1980) atesoran una larga trayectoria profesional. Para ellas es «necesario emprender en economía circular. Por un lado es una forma de plantear los negocios y la oferta de productos y servicios más responsable tanto con la sociedad como con el medio ambiente, por otro lado es más rentable a nivel de consumo de recursos que la economía lineal». Es el despertar de una nueva conciencia, aunque en Europa está más instalada que en España: «aquí estamos acostumbrados a que no haya exigencias ambientales o sociales por parte de clientes o proveedores, pero en Europa es el día a día», explica Baldó. En este sentido Miranda apunta que «cada vez hay más conciencia social y emprender en economía circular permite solucionar una parte del problema desde un ideario común».

Envirall, además de ayudar a reenfocar ideas de negocio, dar charlas inspiradoras, ver qué se hace y qué se puede hacer, entre otros proyectos ha desarrollado su propio sistema para certificar eventos sostenibles y calcula la huella de carbono. El cálculo de este impacto era el planteamiento inicial de Francisco del Cid (Avilés, 1989), pero cuando empezó a desarrollarlo vio que había oferta de sobra en este campo, pero lo que faltaba era proyectos en los que compensar este impacto en España. Y ahí surge Bosquia, donde se crean bosques a medida y con clientes potentes y comprometidos con la responsabilidad corporativa, porque no deja de crecer sus intervenciones por todo el estado español reforestando espacios degradados o perdidos como pastos de titularidad pública, estableciendo sinergias con empresas forestales de la zona a intervenir. Algunos de estos lugares se pueden encontrar en Euskadi, la sierra de Gata, Madrid o Barcelona, por ejemplo, en donde cuenta con cinco bosques. Bosquia lleva a cabo el mantenimiento de ese bosque durante los primeros años, reemplazando los ejemplares que hayan fallado, todos ellos autóctonos y de especies variadas para hacer de estos espacios lugares más naturales. Incluso ofrece la posibilidad de que la propia empresa contratadora y su personal y familias puedan participar en esta repoblación.

¿Y cómo aplicar la economía circular a la arquitectura y al diseño gráfico? La respuesta la tienen Marlen López (Lena, 1981), doctora arquitecta biodigital, y Manuel Persa (Pola de Gordón ?León-, 1982), diseñador gráfico y audiovisual. Ambos suman en Volumínica, laboratorio de arquitectura y diseño audiovisual, donde demuestran incorporar el sentido común en su trabajo, centrados también en la biomimética, la arquitectura inspirada en la naturaleza, que aplican en el diseño y la construcción, coincidiendo con esos principios de la economía circular con la reducción de residuos y emisiones.

Arquitectura

Volumínica ha encontrado un gran abanico de posibilidades en la arquitectura efímera, actuando en escaparates, estands, escenografías y eventos, pero también en el marketing de productos, como es el diseño y fabricación de packaging, además de naturalizar la arquitectura, como explica Marlen: «En nuestros proyectos siempre tratamos de ofrecer soluciones de diseño sostenibles mediante la reutilización de elementos, el reciclaje de materiales y la concienciación en la disminución de residuos». En esta línea de trabajo han encontrado un gran aliado en las nuevas tecnologías de fabricación, como la impresión 3D o el corte láser, lo que «hace posible implementar diseños inspirados en la Naturaleza, minimizando la generación de deshechos». A ello se suma, como laboratorio, la experimentación que llevan a cabo durante el proceso de creación y fabricación, «lo que lleva a resultados diferenciadores». Es decir, a la ventaja competitiva, también contemplada dentro de la economía circular: la importancia de la innovación.

La economía circular supone todo un cambio de paradigma mucho más allá de la mera reutilización frente al fabricar, usar y tirar de la economía lineal. En palabras de Vicente Ruiz, «la economía circular no es más que la economía de nuestras abuelas. Se trata de volver, en cierta manera, a lo que hacíamos antes», teniendo en cuenta los recursos finitos e irrecuperables, materias primas que algunas desaparecerán en 40 ó 50 años. Una teoría que descansa en las seis R’s: reciclar, reutilizar, remanufacturar, reparar, repensar, rediseñar y reimaginar. En este reimaginar se podría ver ese reinventarse para construir un mundo mejor y las oportunidades de negocio que este nuevo horizonte presenta.

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