Snacks deshidratados, patinetes sostenibles: los negocios «circulares» se abren paso en Asturias

Elena Plaza

ASTURIAS CON R

Foto de familia de los proyectos participantes en la Circular Weekend de Gijón con Juan Carlos Miranda en el centro
Foto de familia de los proyectos participantes en la Circular Weekend de Gijón con Juan Carlos Miranda en el centro

Impulsa Gijón organiza Circular Weekend para dar a conocer proyectos de economía circular

21 nov 2018 . Actualizado a las 11:41 h.

Como decía Vicente Ruiz, miembro del equipo de Enviroo, empresa organizadora de este encuentro que ya ha pasado por otras ciudades españolas, en su introducción a la economía circular, la sociedad tiene que convertirse en parte del cambio. Y ese mismo concepto es el que contempla Juan Carlos Miranda (Gijón, 1969), el emprendedor que recibió el reconocimiento a su proyecto tras exponer su idea de negocio y ser elegido por el jurado después de un fin de semana de trabajo colaborativo. Factoría Vegetal, centrada en los snacks de fruta deshidratada, es la solución a un problema que detectó a lo largo de sus años de desarrollo profesional dentro de la distribución de frutas y verduras y en Asturian Berries, además de como ciudadano. Inmersos de pleno en la Semana Europea de Prevención de Residuos, que el consorcio Cogersa promueve y coordina en Asturias desde 2009, Impulsa Gijón ha organizado el evento Circular Weekend para dar a conocer proyectos de economía circular y apoyar otros dentro de la emprendeduría social y de las oportunidades de negocio que este nuevo modelo económico ofrece.

«Detecté un problema y busqué una solución. Cada día se tiran entre 7 y 10 toneladas de fruta y verdura en Mercasturias, y no porque no sean aptas para el consumo. Se desperdicia un montón de productos perecederos y lo que pensé es en valorizarlo, dando lugar a un nuevo producto de calidad», explica. Y de ahí a la idea de crear una empresa totalmente incardinada en los preceptos de la economía circular, respetuosa con el medio ambiente, dando una segunda vida al producto, apoyando la economía de proximidad, creando empleo social (entre diez y dieciséis puestos a dos turnos), con envases biodegradables 100% reciclables, apostando por la I+D+i y fácilmente replicable en otros lugares. Además minimiza el impacto de la huella de carbono ya que la mayor competencia viene de África o América Latina teniendo también en cuenta la gran demanda de este tipo de producto. Al mismo tiempo utiliza una tecnología de infrarrojo lejano a baja temperatura que mantiene todas sus propiedades tras la deshidratación. Y por supuesto, tiene una rentabilidad económica.

Un patinete innovador

El patinete sostenible Smuber de la empresa Esguil se posicionó como finalista. Un proyecto en un avanzado estado que busca un partner estratégico que le aporte esa financiación que le falta. El prototipo de David de la Vega (Duisburg ?Alemania- pero criado en Asturias, 1975) presenta un patinete tipo scooter urbano sostenible y recargable que se alimenta por carga solar o inductiva, bien dinámica o estática, reconvertible a mochila, con capacidad para dos personas y que permite el desplazamiento con manos libres, llevar una carga auxiliar y hasta almacenamiento, luces de freno y posición, sensores de proximidad… También entra en el concepto de economía circular porque contempla el ciclo de vida tanto de la reposición de piezas como de su reciclaje final, se puede fabricar con materiales reciclados o en aluminio que, aunque es contaminante en su producción, es fácilmente reciclable para darle una segunda vida. De la Vega pretende que se pueda adquirir por compra o en alquiler, es decir, la economía del acceso que propugna este nuevo modelo económico, ofreciéndolo, por ejemplo, a ayuntamientos como ocurre con el alquiler de bicis.