Sanatorios para la segunda vida de los objetos

El consumo sostenible, el respeto al medio ambiente y la función social se dan la mano en las tiendas de ropa y muebles usados que varias ONG mantienen en la ciudad. La demanda va al alza.

Tienda de Koopera
Tienda de Koopera

Redacción

Existe una segunda vida posible en objetos de los que hasta hace poco muchos hogares se desprendían sin pensar. El mercado para los muebles, los electrodomésticos, los libros y la ropa usada va al alza a medida que mucha gente recurre a él sin complejos y con una frecuencia creciente. Hay quien llega a ese tipo de tiendas por convicciones ecológicas, hay quien lo hace por compromiso social, hay quien sigue la moda de rebuscar a la caza de chollos y oportunidades y hay quien, simplemente, aspira a comprar barato. Desde el punto de vista medioambiental, no importa cuáles sean los motivos de esos consumidores concienciados. La elección de la segunda mano evita la generación de residuos y ayuda a ahorrar los recursos finitos del planeta. No hace falta fabricar nuevos artículos cuando aún pueden aprovecharse los anteriores. En Oviedo empiezan a proliferar las opciones para quienes se interesen por ese tipo de comercios.

El rastro de El Campillín lleva ahí desde siempre, pero ahora también existen alternativas que no dependen de la venta ambulante ni de esperar por un día determinado de la semana para salir a comprar. Entre las organizaciones sociales, Cáritas y Reto han abierto locales fáciles de encontrar. Y hace pocos meses que ha entrado en el boca a boca de los lugares que merece la pena recorrer la librería de segunda mano abierta en la avenida de Galicia. En noviembre se celebra la Semana Europea del Reciclaje y Cogersa, el consorcio autonómico para la gestión de las basuras, ve con buenos ojos el despegue de ese tipo de establecimientos que tan bien se adaptan a uno de sus lemas: el único residuo bueno es el que no se genera o, dicho con un lenguaje más formal, la prevención es el primer paso para no generar basuras de las que a los ecosistemas les cuesta mucho trabajo librarse. Cogersa ha organizado más de 200 actos por toda Asturias para difundir ese mensaje. En este mes se multiplicarán los mercadillos, los bonos de consumo responsable o los bancos de libros donde intercambiar volúmenes. 

Espacios permanentes

A diferencia de esas iniciativas temporales, los proyectos de Cáritas y Reto son permanentes. La primera mantiene una tienda en pleno centro (calle Uría, 31) donde pone a la venta la ropa que recupera en los contenedores rojos con el logotipo de la organización instalados en toda Asturias (hay 145). La segunda tiene en Viella (Siero) los talleres para arreglar los muebles y electrodomésticos que recoge y, al mismo tiempo, gestiona una tienda donde los pone a la venta en el barrio de Teatinos (calle Bermúdez de Castro, 46).

Sara García, la responsable del proyecto textil de Cáritas, expone con igual calor los beneficios sociales y los ambientales que aportan los objetos usados. «El reciclaje recupera vidas, no solo objetos», explica. ¿Por qué echar un vistazo a la ropa usada? Porque evita el gasto y la contaminación del agua. Fabricar una camiseta exige el uso de 1.000 litros de agua que queda sucia e irrecuperable. Un pantalón se lleva 3.000 litros. Frente a esos datos, la selección de prendas de segunda mano permite hablar de moda sostenible.

La idea empieza a calar y se han caído muchos prejuicios. No toda la ropa recuperada por Cáritas llega a las estanterías de sus tiendas. La organización hace una primera selección para separar las prendas en buen estado de las que no lo están. Las primeras pasan por un proceso de higienización y se abren camino hacia el público. Las segundas pasan al reciclaje. Sus materiales pueden aprovecharse para fabricar paneles de aislamiento térmico o acústico con utilidad en la construcción o para recuperar hilatura para nuevas prendas. En el 2017, los contenedores rojos recuperaron en Asturias más de 1.850 toneladas de textiles.

Cáritas es una ONG de acción social y no todo el mundo paga por la ropa que se lleva. Quienes tienen recursos usan dinero como en cualquier establecimiento. Los beneficiarios de las ayudas de la organización, por su parte, pueden hacer uso de los vales que se les entregan. Sirven como medio de pago discreto y aceptado y les permiten elegir y llevarse la ropa sin preguntas y con la misma facilidad y el mismo trato que cualquier otra persona. La tienda siempre está animada. «Hay clientes que vienen a buscar marcas a buen precio y hay quien ha descubierto la moda sostenible. Lo que todos saben es que aquí se consigue ropa en buen estado y a precios económicos. A nosotros todo nos sirve. O le damos una segunda vida o lo reciclamos con respeto al medio ambiente», apunta Sara García. El año pasado, la organización entregó gratis 8.570 prendas a usuarios que no podían comprárselas. 

Arreglos y gestión de residuos

En los alrededores de la ciudad, Juan Manuel Noval trabaja con muebles y electrodomésticos. Es tanto voluntario como trabajador de Reto a la Esperanza porque en Reto conviven dos entidades: la asociación que funciona como ONG y la empresa autorizada de gestión de residuos (una cooperativa) que surgió de las actividades de la primera. Al recuperar objetos de casas particulares, arreglarlos o restaurarlos y ponerlos de nuevo a la venta, la organización necesita licencias, permisos y acreditaciones para manejar los materiales que encuentra y separa y para no hacer competencia desleal a otras firmas del sector.

Noval enseña a quien visita las naves de Viella las instalaciones para recuperar gases de neveras o aceites de motores y un circuito cerrado que usa agua de lluvia para probar las lavadoras recogidas y reparadas. Los residuos que necesitan tratamientos especiales se van en camiones a un centro de tratamiento en León, gestionado por una empresa dependiente de la Fundación Once. La basura ordinaria sale hacia el vertedero de Cogersa en Serín. Reto está orgulloso de regirse por un ideario cristiano y de su labor de voluntariado. Organiza talleres ocupacionales por toda Asturias y usa el trabajo como vía para ayudar a los toxicómanos a desengancharse de las drogas y a volver a encontrar un lugar en la sociedad. «De aquí salen personas muy preparadas para llevar una vida bien», destaca.

Los frutos de toda esa labor se acumulan en Viella, donde también se venden, y en la tienda del barrio de Teatinos. Hay muebles antiguos, grandes, con poca cabida en un piso corriente pero muy demandados por hoteles y casas rurales. Hay toda una variedad de electrodomésticos: microondas, lavadoras, neveras de todos los tamaños y colores. Y objetos variopintos que salen de las casas que vacían sus voluntarios: palos de golf, cuadros, figurillas, libros, deuvedés, alfombras. Todo a buen precio, revisado y reparado para que luzca como nuevo.

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