«Que no estén ayudando a subsistir a mi hija es de vergüenza»

Elena García denuncia el escaso apoyo que recibe su hija, con importantes problemas psicológicos, para hacer frente a todos los gastos del día a día

Elena García
Elena García

Redacción

«A todos los sitios voy yo con ella», cuenta Elena García, una madre coraje que lucha por que su hija, de 33 años, no caiga en el pozo de la pobreza sin retorno. Hasta hace apenas dos años, la hija tenía un pequeño negocio hostelero que tuvo que abandonar por el desencadenamiento de trastornos psicológicos severos. Carente de ayudas de ningún tipo que le permitan subsistir más allá del apoyo que recibe de organizaciones como Cáritas y Cruz Roja, pronto cumplirá un año desde que no percibe ni un euro en su cuenta. «Que no estén ayudando a mi hija es de vergüenza», denuncia.

«Desde los 18 hasta los 31 años nunca ha dejado de trabajar», explica García. El punto de inflexión vino con su paso por psiquiatría y la consecuente baja, cuya duración no fue suficiente. Según asevera García, su hija pasó por un Tribunal Médico, «que se conoce que no miró bien todos los informes y le dieron de alta. Después todo ha ido a peor». Ahora es ella la que acarrea con el peso de pagar dos hipotecas, la suya y la de su hija. «Tuve que endeudarme para ayudarla. Yo tenía mi piso en propiedad desde hace 10 años pero en agosto tuve que hacer una hipoteca sobre él para poder sostenerla, porque es mi hija y a mí no me lo lleva el estómago. Ahora tengo una hipoteca de 420 euros, más los 370 de la suya, y cada vez la puedo ayudar menos».

El principal problema al que se enfrenta es la tardanza. Los Servicios Sociales de Corvera le aseguran que si no lleva dos años empadronada no puede recibir ayudas como el salario social o la ayuda a la energía. Su hija, que siempre había vivido en Avilés, estuvo durante un pequeño período en Ciudad Real, donde se empadronó, lo que, sin saberlo, acabó por derivar en el conflicto presente. «Tiene acumulados recibos de agua, de la comunidad, y al menos pedíamos que la pudieran ayudar con eso», explica García. La respuesta de los Servicios Sociales es que, dadas las deudas, no era posible asumir ese gasto por su parte, «pero es normal que, si no te ayudan, las deudas vayan a más», sostiene.

Deudas en aumento

La parálisis de la situación de la hija de García se traduce en una acumulación de deudas. Sus gastos de comunidad empezaron siendo de 20 euros menuales. Entonces llegaron las derramas y la suma se elevó hasta los 120 euros. García asegura que tal cantidad es ahora «inasumible. Yo soy la única que está ahí para pagar y ya cuesta porque no es solo eso, luego está el comer día a día, que le vengan los recibos..., y es que yo no puedo».

Los meses pasan y todo se mantiene. «Ella no está para nada, no puede trabajar», afirma. Razón por la cual hace más de un año solicitaron la minusvalía, «pero aún no la han llamado ni para pasar el reconocimiento», asegura. Entre las enfermedades que padece su hija se encuentran: trastorno de inestabilidad, trastorno de la conducta alimentaria, bulimia nerviosa y comorbilidad ansiosa depresiva y persistente. A ello se le suman otros desajustes. García cuenta que, desde el pasado verano, su hija sufre una menstruación constante sin más parada que veintidós días en seis meses. «Imagínate mantener eso», declara. La hija siente tanta presión por que todo el peso de su sustento recaiga sobre su madre que ha llegado a utilizar toallitas como método de contención. «Yo le digo que no se preocupe, que no es ningún abuso y que yo voy a estar hasta donde llegue. Pero no es fácil».

50 euros cada mes y medio

El único apoyo externo a su madre que recibe es el vale de alimentación de 50 euros de Cáritas, cada mes y medio, y la caja de alimentos de Cruz Roja, cada tres o cuatro meses. «Somos agradecidas y todo viene bien cuando no hay nada, pero casi todo lo que dan son espaguetis, macarrones, fideos, latas de tomate, atún... No da para llenar una pota». La hija asegura que con el vale de Cáritas «no me da para comer un mes, en tres días ya se acaba -hay que tener en cuenta que no solo puede comprar con él alimentos sino productos de higiene y limpieza, entre otros-. Siempre miro las ofertas y voy a por lo esencial, pero no me puedo permitir ni tener pescado, eso es un lujo». Excepcionalmente, y como medida de emergencia, la Cruz Roja de Avilés le otorgó un pago único de 300 euros hace tres meses.

«El caso de mi hija es penoso y que no la ayuden porque no lleva dos años empadronada es de vergüenza. No puede ir sola a ningún lado, a veces se siente ida, perdida». Y aunque ya han llevado a los de Servicios Sociales los informes de sus enfermedades y la solicitud de minusvalía «no hicieron nada. No puede ser que con algunas personas levanten las manos pero que con mi hija no», cuenta.

García explica que su hija nunca lleva dinero consigo. A veces, cuando la ve, le suele dar algo «para que se tome un refresco», dinero que siempre suele rechazar porque «me dice que ya se lo he dado todo». Cuando la vuelve a ver lo tiene en la cartera porque «no se lo quiere gastar. Ella es un amor como hija, pero ha tenido la mala suerte de que a cada enfermedad se le ha ido encadenando la siguiente».

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