Analizamos en cinco claves la derrota del conjunto carbayón ante el Deportivo
12 nov 2018 . Actualizado a las 15:38 h.En casa del equipo de Segunda con más capacidad para encerrar al rival en su propia área, el Real Oviedo fue dominador del balón (que no del partido) y besó la lona a base de mordiscos al espacio. Así se puede resumir la visita del conjunto carbayón a Riazor. A día de hoy, el de Anquela es un equipo con herramientas que todavía no sabe para qué sirven y que se desangra cada vez que su rival da tres pases seguidos.
Anular el rombo del Natxo, el gran objetivo de Anquela
«Es un sistema normal pero que lo hacen muy bien, aunque todo se puede contrarrestar», dijo Juan Antonio Aquela en la previa del partido. Dicho y hecho. El Oviedo impidió al Dépor explotar su esquema y desde el primer momento trabajó para desactivar el plan A de Natxo González.
Ibra y Joselu se turnaban en la presión: mientras uno iba con el central que tenía el balón, el otro tapaba el pase interior a Bergantiños. Mientras, Tejera y Javi Muñoz se cerraban vigilando a Vicente Gómez y Edu Expósito y Folch se quedaba con Carles Gil. El Deportivo no lograba conectar conectar las diferentes alturas y el balón largo desde Duarte y Pablo Marí a la espalda de Folch era la única vía local para superar líneas.
Posesión inerte
Fruto de esta buena presión, el balón llegaba pronto a los dominios del Real Oviedo. El conjunto azul no se puso nervioso cerca de su área y, con Carlos Hernández y Alanís muy abiertos, aceptaba el pulso al Dépor. Pero daba la sensación de que el plan estaba incompleto.
Tejera y Javi Muñoz se iban a los costados y el Oviedo encontraba una salida fácil, pero era llegar al centro del campo y todo se volvía oscuro. A los azules les costaba un mundo progresar con balón en campo del Dépor y las conducciones imposibles de Sergio Tejera eran el recurso más vertical de los de Anquela. Salvo la ocasión de Joselu y Folch del minuto 4, Dani Giménez no tuvo trabajo en todo el primer tiempo.
KO al primer golpe
Al margen de la falta de ideas con balón, esa sensación de que en cualquier momento el Oviedo puede recibir un gol es el problema más grave del conjunto azul. De nada sirve estar maniatando a uno de los mejores equipos de la categoría si en la más rutinaria de las ocasiones el partido se te pone cuesta arriba.
El mejor rematador del rival remató solo en el corazón del área de Champagne y el oviedismo tuvo un déjà vu. El Dépor se puso 1-0 cuando todavía estaba buscando la manera de hacer daño al Oviedo. No le hizo falta.
Pequeña reacción y de vuelta al suelo
Tras el descanso, Yoel Bárcenas cogió el relevo de Tejera y se convirtió en la mejor individualidad del Real Oviedo. El panameño, partiendo desde el carril derecho, hacía daño al Dépor con sus conducciones anárquicas pero llenas de intención. Con el '11' en plan líder, los de Anquela seguían impidiendo a los de Natxo hacer su juego y se acercaban un poco más al área de Natxo.
Pero a los blanquiazules les dio igual. A las pérdidas de balón en la circulación carbayona se unió la aparición de Carlos Fernández en el encuentro y el resultado fue letal para el Oviedo. El sevillano, tanto de espaldas a puerta como corriendo al espacio, castigó cada error visitante y, después de ese 2-0 inexplicable, el partido llegó a su fin antes de tiempo.
Agonía con la cabeza en el derbi
La entrada de Mossa y Boateng no influyó para nada porque el gol de Quique mató el partido. Cayeron el tercero y el cuarto mientras el oviedismo se preguntaba porqué Tejera seguía en el campo y con la salida del catalán se confirmó el final del Dépor-Oviedo y el inicio del derbi asturiano.
Frenar la hemorragia y, a partir de ahí, pensar en qué hacer con el balón. Si bien el fútbol es un todo y no se debe desligar el ataque de la defensa, parece imposible hablar de la profundidad del equipo con el esférico cuando en el momento en el que lo pierde lo raro es que la jugada no acabe en ocasión clara para el rival.