Sangalli: «Hay que vivir los malos momentos con naturalidad y aprender de ellos»

Pablo Fernández OVIEDO

AZUL CARBAYÓN

Marco Sangalli, en El Requexón
Marco Sangalli, en El Requexón Tomás Mugueta

La Voz de Asturias entrevista al extremo del Real Oviedo, uno de los capitanes del conjunto carbayón y que esta temporada le está tocando asumir un rol diferente al de los últimos años

18 mar 2022 . Actualizado a las 09:12 h.

Acaba de cumplir 30 años y, tras ocho temporadas consecutivas en Segunda División, ya suma 274 partidos en la categoría de plata. Y vestido de azul, 99. Es Marco Sangalli (San Sebastían, 1992), uno de los capitanes del Real Oviedo. Después de dos cursos siendo el futbolista de campo más utilizado por José Ángel Ziganda, este año le está tocando asumir un rol diferente debido a un pequeño bajón en su juego y, claro está, a la irrupción de Viti Rozada en la banda derecha carbayona. El extremo donostiarra analiza su situación personal y la del equipo en esta charla con LA VOZ DE ASTURIAS.

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—En las últimas dos temporadas fue el jugador de campo que más minutos disputó en el Oviedo.

—Es evidente que este año estoy teniendo menos participación. Seguramente, en eso dos cursos mi mayor virtud fue la regularidad y siempre pensé que eso podría acabar siendo un defecto, porque acostumbras a todo el mundo a estar siempre al mismo nivel y en el momento en el que bajes puede chocar a la gente.

—¿Cómo se convive con esta nueva realidad?

—Hay que asumir los momentos de bajón o de peor estado futbolístico con naturalidad, es algo que le puede pasar a cualquier persona en el trabajo. Tuve un momento malo hace meses, también en lo personal, pero desde Navidades estoy mucho mejor, tanto entrenando como cuando pude jugar. Somos una plantilla muy amplia y en mi demarcación Viti está muy bien, no queda otra que asumirlo. Toca entrenar día a día, estar disponible y trabajar bien para que cuando llegue el momento aprovecharlo.

—¿Ser capitán le obliga a asumirlo mejor?

—Hay que saber ejercer ese rol de hacer equipo y aportar fuera del campo, estamos en un momento en el que podemos dar ese paso para pelear por algo bonito y sería muy egoísta estar pensando en lo mío.

—¿Este paso del once al banquillo le hubiese costado más si no llega a tener toda la experiencia que tiene?

—No sé decirte, la verdad. Creo que esta es mi octava temporada en el fútbol profesional, son más de 270 partidos y tengo 30 años. No son malos números. Siempre he estado acostumbrado a jugar, pero también a estar disponible para el equipo. Eso último, a pesar de no jugar el fin de semana, es lo que refuerza y te hace sentir vivo. Hay que aprender de todo lo que vivimos y en el momento en el que llegue la oportunidad dar lo mejor.

—Parece que lo está llevando bien.

—Cuando estás tan acostumbrado a jugarlo todo durante seis temporadas acumulas una carga física y anímica difícil de soportar. Al final los futbolistas también somos personas, tenemos nuestros problemas personas y eso también se junta a unos años en Oviedo muy intensos en lo emocional. Puede llegar este bajón. Creo que no hay que renegar de los malos momentos, hay que vivirlos con naturalidad y aprender de ellos para ser más fuerte en el futuro.

—¿El trabajo del día a día es fundamental?

—Si no sigues trabajando es imposible que te llegue la oportunidad. Y ojo, también es posible seguir trabajando y que ese buen momento no llegue, que le pasa a mucha gente. Todos esos eslóganes de Mr. Wonderful están muy bien para vender tazas, pero en la vida real no se cumple. Eso sí, si no lo intentas no llegará. Un entrenador que tuve citaba a Picasso y a su «que la inspiración te pille trabajando». Pues en ello estoy. Es una frase, además, que le repetía la temporada pasada a algún compañero del vestuario que no estaba jugando.

—Consejos vendo que para mí no tengo, se suele decir.

—Totalmente. Hay veces que desde una posición cómoda es muy fácil aconsejar y decir lo que otro tiene que hacer, pero en el momento en el que te toca piensas que igual no era tan fácil. Pero el asumir los momentos en los que no te está tocando participar es algo que como futbolista siempre lo he tenido claro. Sinceramente, en las categorías inferiores de la Real nunca fui un jugador destacado o que desde muy pronto todo el mundo se fijase en mí. Siempre me tocó tener que trabajar y pelear mucho y ver todo desde la segunda o la tercera línea. No era ni el más rápido ni el más fuerte y en los últimos años en la cantera sí desarrollé algo más y pude dar el salto. Durante toda mi carrera he tratado de entrenar bien y ser buen compañero, eso es lo que me ha dado la posibilidad de estar a este nivel.

—¿Qué le está faltando para recuperar su mejor nivel?

—En cualquier faceta laboral todas las personas pasan por determinados momentos, lo que pasa es que en el fútbol tienes un examen cada fin de semana y es muy notorio cuando alguien está bien o mal. Después de la lesión de septiembre me costó entrar, pero creo que a partir de Navidades me estoy encontrando mucho mejor. Lo que pasa es que en las posiciones de ataque y donde yo me desenvuelvo la gente lo está haciendo bien. En el 1-1 ante el Eibar, que fue uno de mis últimos partidos como titular, creo que estuve bien y el equipo también. Tengo ese recuerdo en la cabeza para repetir cuando me vuelva a tocar.

—Su hermano Luca juega en el filial de la Real Sociedad. ¿Hablan mucho de su trabajo?

—Mi hermano es una persona bastante especial. Es muy introvertido, aunque conmigo se suelta. Llevamos tanto tiempo metidos en el mundo del fútbol, también en nuestra familia, que cuando coincidimos o comemos juntos igual hablamos cinco minutos de fútbol, no más. Sí solemos ver el juego de la misma manera, pero hablamos de otros temas.

—Familia futbolera, la suya.

—Mucho. Mi tío (Fuentes) jugó muchísimas temporadas en Primera División con la Real. Mi otro tío lo fue en Segunda y Segunda B y también fue entrenador de fútbol femenino. Satrustegui —histórico goleador de la Real— es mi tío abuelo. Hay muchos ejemplos. Luego todos estos casi no hablan con nosotros de fútbol y el que más lo hace es mi padre, que yo siempre le digo que es el que menos idea tiene [risas].

—Luca y el Sanse podrían poner en aprietos al Sporting en esa lucha por el descenso.

—Lo hablábamos el otro día, eh. Este fin de semana reciben al Mirandés y el Sporting va a Leganés… Ojo con el Sanse. Lo decía hace unas semanas cuando nos ganaron aquí. Lógicamente fue una cagada nuestra, pero son un filial muy peligroso. Seguramente sea uno de los equipos que más jugadores han utilizado: un día te está jugando de extremo un juvenil de primer año y al otro con uno que está de entrenar con el primer equipo y que la temporada que viene, seguro, jugará en Primera División. Son impredecibles y eso les hace ser peligrosos.

Marco Sangalli, en El Requexón
Marco Sangalli, en El Requexón Tomás Mugueta

—Volvamos a Oviedo. ¿Cómo está siendo su relación con Ziganda ahora que juega menos?

—La relación es buena. Soy de los jugadores que más tiempo lleva aquí y, además, ellos llegaron en un momento muy crítico para el club y el equipo. Eso refuerza el vínculo. Lo estamos llevando con naturalidad, la relación no ha cambiado y yo estoy cómodo con ellos, son gente de la que aprendes y eso siempre se agradece. Son muy trabajadores y siempre piensan en el bien del Oviedo.

—¿Ha cambiado mucho el Cuco como entrenador en estos dos años?

—Cuando llegó lo principal era frenar la sangría en defensa y lo consiguieron. En eso se centró en la primera temporada: dos líneas de cuatro, muy juntos todos y pocos espacios. A nivel ofensivo no podíamos hacer unas maravillas tremendas, y más cuando llegó la pandemia y el entrenar se complicó más si cabe. El año pasado no teníamos una plantilla tan amplia, pero sí 13 o 14 jugadores de mucho nivel. Pero lo de siempre: cuando teníamos que dar el paso no fuimos capaces. Recuerdo en Ponferrada, antes de Navidad, por ejemplo. Fallamos en todas las ocasiones que tuvimos y eso nos mató. Eso sí, cuando hemos tenido partidos más críticos siempre los sacamos.

—¿Y esta temporada?

—Se nos critica que empatamos mucho, pero a través de esa consistencia hemos conseguido estar peleando por el objetivo. Ahora es cuando toca dar ese paso adelante, si al final no lo logramos es porque no nos lo merecemos.

—¿Considera que Ziganda está siendo demasiado criticado?

—No estoy muy pendiente, la verdad. Intento no escuchar ni leer opiniones al azar. Creo que es mejor tener una base de información y a partir de ahí hablar con las personas que tú creas que te aportan. Si hay que hacer caso a lo que dice todo el mundo te volverías loco. Entiendo que la afición ve a esta plantilla con un potencial superior al de otros años y que en partidos ante los equipos de arriba hemos dado un gran nivel, por eso piden más. De aquí al final tenemos un calendario bastante propicio para dar ese pasito.

—¿Qué está faltando al equipo para dar ese pasito?

—Antes estaba mirando la diferencia de goles y vi que la Ponferradina tiene un +7 y nosotros un +6. Y nos sacan seis puntos. Eso quiere decir que ellos consiguieron gestionar mejor los resultados que nosotros, pero la diferencia es muy pequeña.

—¿Se hacen cuentas en el vestuario?

—Hay algunos compañeros a los que les agobia pensar en números y luego estoy yo, que me encanta. Ahora mismo la proyección del playoff está en 66 con algo, creo. Tuve un entrenador que decía que para meterse en promoción había que hacer, aproximadamente, la mitad de los puntos en juego: de 126, 63. Siempre oscila entre eso, no sé. Decir lo contrario creo que sería negar la evidencia, hay que llegar a 63 o 64 puntos. Hay que ir partido a partido porque de poco valdrá pensar en lo que viene si no has jugado en Lugo, pero tendremos que llegar a esa puntuación.

—Siempre dijo que le interesaba el juego. ¿Es algo común en el vestuario del Oviedo?

—Hay de todo, no creas, como en cualquier trabajo. Unos van a la oficina y punto y otros dedican más tiempo a la investigación y tal. En el fútbol es igual. Hay gente que viene a entrenar, juega y luego ni les gusta ver los partidos. Y casualmente alguno de ellos han sido entrenadores. A Carlos Vela solo le veía jugar a fútbol cuando entrenaba y jugaba, fuera de ahí pasaba más tiempo tirando a canasta. Yo creo que ni sabía cómo iba la Real en la clasificación. Luego claro, salía al campo y era una maravilla porque tenía un talento innato y una manera de leer el juego al alcance de muy pocos.

—Son casi tres años en el Oviedo, pero desde que llegó han pasado muchas cosas. ¿Qué balance hace?

—Uf, es que llevo aquí dos años y medio y perfectamente me podrían convalidar como seis. Me fichó un director deportivo (Michu) y al mes y medio ya no estaba. Y el director general (Joaquín del Olmo), tampoco. Después se van fuera dos entrenadores, llega el tercero y aparece la pandemia. ¿En qué momento de tu vida te imaginas que vas a vivir una pandemia? Después, la desgracia del año pasado… Son un cúmulo de cosas que van calando y que además pasaron en un club como el Oviedo, donde se vive todo con mucha pasión. Y, además, el rendimiento deportivo del equipo no fue el mejor, sobre todo en la 19/20.

—¿Es feliz?

—Sí, estoy contento de estar aquí y estoy muy adaptado a Asturias y a Oviedo. Tengo ganas de conseguir algo bonito esta temporada porque sería una recompensa a todo lo sufrido estos últimos años.