El centenario del Real Oviedo no es solo una fecha redonda en el calendario del fútbol español. Es, sobre todo, un recordatorio de hasta qué punto un club puede confundirse con la identidad de una ciudad y con la memoria compartida de varias generaciones. Para La Voz de Asturias, además, la efeméride tiene un matiz especial: fue en las oficinas de este periódico donde se firmó la constitución de un club que, un siglo después, sigue siendo una de las grandes referencias deportivas y sentimentales del Principado.
Aquel nacimiento, el 26 de marzo de 1926, fruto de la unión del Real Stadium Club Ovetense y del Real Club Deportivo Oviedo, dio forma a una institución que muy pronto encontró su lugar en el fútbol español. Las primeras décadas del Real Oviedo estuvieron marcadas por el crecimiento y por nombres que hoy forman parte del imaginario azul. El viejo Buenavista primero y el Tartiere después fueron escenario de tardes que consolidaron una manera de entender el fútbol en la ciudad: competitiva, orgullosa y profundamente arraigada a su gente.
Pero si algo ha demostrado este club en sus cien años de vida es su capacidad para resistir. La historia del Real Oviedo no se explica sin los años del barro, aquellos en los que el descenso administrativo y deportivo llevó al equipo hasta la Tercera División. Fue entonces cuando la palabra afición dejó de ser un tópico para convertirse en un hecho tangible. El llamado espíritu 2003 no fue solo una campaña de supervivencia, fue la demostración de que un club puede sostenerse cuando su gente decide no soltarlo.
De aquel momento crítico surgió también una nueva etapa. La llegada del grupo Carso permitió estabilizar una institución que venía de caminar demasiado tiempo al borde del abismo. Fue una reconstrucción lenta, a veces ingrata, pero necesaria para devolver al club una mínima normalidad institucional y deportiva.
Años después, la entrada del Grupo Pachuca abrió otra página en esa historia. Con una visión global del fútbol y una estructura más sólida, el Real Oviedo volvió a pensar en crecer. El ascenso de 2025 a Primera División fue la culminación de ese proceso y una de las mayores alegrías recientes para el oviedismo, una celebración largamente esperada por una afición que llevaba décadas acumulando paciencia.
La temporada del centenario, sin embargo, ha recordado que el fútbol rara vez concede guiones perfectos. El regreso a la élite se ha convertido en un camino áspero, un auténtico calvario competitivo en el que cada jornada ha puesto a prueba la resistencia del equipo. El descenso a Segunda División aparece hoy como una posibilidad muy real.
Aunque nos hubiera gustado que el club hubiera tenido más protagonismo en este suplemento, tanto el máximo accionista, Jesús Martínez, como el presidente, Martín Peláez, han declinado el ofrecimiento de participar, bien sea mediante entrevistas o artículos de opinión. Es una lástima, ya que hubiera sido un buen altavoz para exponer su punto de vista en un momento en el que las relaciones con la afición pasan por una situación delicada. Prueba de ello son las pancartas contra el Grupo Pachuca que aparecieron en la ciudad y los cánticos habituales de dimisión en El Tartiere.
Y, sin embargo, sería un error mirar esta temporada únicamente desde el resultado final. Si algo ha vuelto a quedar claro durante estos meses es que el Real Oviedo sigue teniendo detrás una de las aficiones más firmes del fútbol español. El Tartiere lleno, el desplazamiento constante y la fidelidad incluso en los momentos más duros demuestran que aquel espíritu que salvó al club en 2003 sigue vivo.
Quizá por eso el centenario no deba leerse solo como una celebración del pasado ni como un balance de una temporada difícil. Debe entenderse como la confirmación de que el Real Oviedo ha superado pruebas mucho más duras que un descenso deportivo.
Hace cien años, en unas oficinas de este periódico, se puso la primera firma de una historia que nadie podía imaginar tan larga ni tan intensa. Un siglo después, el club sigue aquí. Y mientras la ciudad y su afición continúen creyendo en él, seguirá habiendo futuro para el azul.