Un restaurante con listas de espera de cinco meses echa el cierre en Asturias

Sus propietarios se jubilan después de 16 años de actividad

Restaurante Fuente la lloba
Restaurante Fuente la lloba

Redacción

La Fuente la lloba, el restaurante japonés enclavado en la montaña de Piloña, que lleva 16 años acumulando prestigio y listas de espera de hasta cinco meses, cierra el próximo 11 de junio. Sus propietarios, el matrimonio formado por Keiichi Kakuta y Eduardo Jiménez, se jubilan. Están a punto de cumplir los 65 años y consideran que han concluido una nueva etapa de su vida. Son una pareja acostumbrada a tomar decisiones. Ya lo hicieron en enero de 2002 cuando abandonaron su estresante vida como ejecutivos en Barcelona y la cambiaron por la Asturias real. Entonces comenzaron a forjar la leyenda de ese restaurante japonés habilitado en una casona tradicional del norte, enclavada en un paraje natural aislado, con un pequeño jardín de inspiración asiática y el Sueve a sus pies. «Sientes un poco de escalofrío interior», reconoce Eduardo Jiménez desde el otro lado del teléfono.

Desde que se supo de su cierre, ha habido una cierta peregrinación de clientes que ya son amigos. Muchos pasan a despedirse para siempre de ese menú cerrado y preparado con mimo por esta pareja, que ha levantado el restaurante a su gusto y sin otras manos que las suyas, ya que no cuentan con personal. Algunos incluso llegan con regalos. No obstante, es necesario ser previsores como lo han sido los comensales de hoy. De las seis mesas del local -que sirve una media de 20 menús-, una está reservada desde el 19 de agosto de 2017, otra del 8 de septiembre y una tercera del 18 de septiembre. Las otras tres también estaban pedidas desde hace tiempo, pero gracias a cancelaciones de última hora pudieron entrar aquellos que llamaron para probar fortuna.

Eduardo Jiménez cuenta que llegaron casi por casualidad a convertirse en un restaurante japonés, del que él es el cocinero y su marido Keiichi Kakuta, de origen nipón, el responsable de sala. Llegaron a Piloña en enero de 2002. Tras comprar una propiedad, en la parroquia de Fuentes, y convertirla en una casa rural, inauguraron como casa de aldea y restaurante tradicional asturiano en el mes de julio. Al principio, se podía comer fabada. Un día una amiga le preguntó si no le preparaban un menú especial de comida japonesa. Le encantó el resultado. El boca a oreja fue su mejor publicidad. La noticia de que merecía la pena corrió como la pólvora. En el 2007 ya dejaron las habitaciones y se volcaron con la cocina asiática. «Al principio abríamos al mediodía y por la noche. Pero éramos solo dos para todo, así que empezamos a cerrar para las cenas. Con el tiempo bajamos la intensidad y ahora solo atendemos de jueves a domingo», reconoce Eduardo Jiménez.

Son famosos sus menús de cuatro o cinco platos más postre, con el aperitivo y el té en el jardín exterior. Ellos decidían la mejor combinación de platos y solo dejaban al gusto del cliente los vinos. La sobremesa podía ser larga. De hecho, en esta tarde de viernes, a las seis y media de la tarde, todavía hay algunas mesas alargando el momento, en un día de orbayo y niebla típico del Principado. 

«Podríamos seguir. Pero el trabajo ya está hecho y queremos disfrutar un poco de la vida», explica el chef. No han pensado en dejarlo en manos de terceros. En primer lugar, porque nadie se lo ha propuesto pero también porque creen que ya no sería lo mismo. «Me ha pasado de ir a un sitio que me gustaba, haber cambiado de dueños y llevarme una decepción porque ya no era lo mismo. No me gustaría que con la Fuente la Lloba pasara lo mismo», comenta.

El 11 de junio cerrará definitivamente sus puertas. Ya están completos. Los nostálgicos que quieran recordar los sabores japoneses que probaron en una casona tradicional asturiana frente a un paisaje verde y montañoso tendrá que conformarse con bucear en la memoria. O quizá tengan suerte y una cancelación de última hora les permita una despedida en toda regla.

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