Art Basel, espejo de los conflictos globales

M. L. MADRID / COLPISA, AFP

CULTURA

C. V. EFE

La crisis migratoria, el terrorismo y la incertidumbre política y económica inspiran a los artistas en la mayor feria de arte contemporáneo del mundo, que concluye hoy

19 jun 2016 . Actualizado a las 10:15 h.

La angustia en un mundo convulso, sacudido por la crisis migratoria y el miedo a atentados, está muy presente en muchas de las obras expuestas en Art Basel, considerada la mayor y más importante certamen internacional de arte contemporáneo del mundo. Así, un buen puñado de las obras expuestas en esta edición de la feria en la ciudad suiza parecen inspiradas en esa incertidumbre global. Una inestabilidad que no retrae a los potentados coleccionistas que tiraron de chequera desde los primeros compases, animando las ventas de una cita que se presume histórica y con un mercado al alza. «Como todo lector de periódicos sabe, vivimos tiempos muy agitados», destacó Marc Spiegler, director de Art Basel, en el acto de apertura al público, este jueves. «Tenemos elecciones políticas importantes en el punto de mira, un referendo crucial para Europa que está por realizarse, migración masiva, e incertidumbre económica», comentó Spiegler para asegurar que, «desde un punto de vista artístico, esta situación ofrece mucho material para que los artistas puedan trabajar». La instalación de 120 metros cuadrados de la japonesa Chiharu Shiota, titulada Acumulación: buscando un destino, parece hablar de la gran cantidad de desplazados. Las decenas de maletas suspendidas del techo con cuerda roja a diferentes alturas parecen dudar de cuál será su destino final.

Por su parte, la obra del francés Kader Attia La cultura del miedo: una invención del mal, compuesta por periódicos de los siglos XIX y XX, así como portadas de libros que muestran terroríficas imágenes de «hombres salvajes» matando y violando a «blancos», examina la construcción conceptual del gran miedo de Occidente a ser «dañado por otros». Miedo que continúa alimentando nuestra preocupación en tiempos sacudidos por el terrorismo.

Pero la misma angustia y la incertidumbre que inundan la política y la economía alrededor del mundo no parecen afectar el adinerado bolsillo de los coleccionistas reunidos en Basilea. Aficionados al arte elegantemente trajeados sortearon el pasado miércoles la lluvia para acceder a la inauguración VIP y admirar y calibrar las propuestas de las 286 galerías participantes. La feria, que abrió un día después sus puertas al público en general, se clausura hoy. «Creo que hasta el momento hemos vendido la mitad de las cosas del estand... Estoy listo para irme a dormir», se ufanaba Marc Glimcher, presidente de la galería Pace, ya unas horas después de la selecta apertura. Sean Kelly, fundador y propietario de la galería del mismo nombre, dijo que el mercado del arte «está más sólido que nunca». Explicó que mientras el mundo es claramente «un lugar complicado en este momento, el arte [...] permite escapar a las presiones diarias».

El 1% más rico del planeta

«Hay mucho dinero en el mundo, hay mucha gente interesada en el arte, y es aquí donde se concentra la mayoría de ese dinero y donde se gasta», comentó Kelly. «Realmente nos estamos dirigiendo al 1% más rico del planeta». Según la aseguradora AXA Art, en las últimas ediciones el volumen de ventas habría oscilado entre los 2.000 y 3.000 millones de euros.

En su 47.ª edición, Art Basel ofrece casi 4.000 piezas de más de 1.500 artistas de 33 países. Los organizadores esperan más de 95.000 visitantes. Cada año unas 3.000 galerías pugnan por un estand en la feria que cobra más de 500 euros por metro cuadrado a cada una de las galerías dispersa por sus seis plantas. Desde el año 2002 la feria tiene una franquicia en Miami que pone el acento en el arte latino, y desde el 2012 otra en Hong Kong, para atender al emergente asiático y a sus ávidos inversores.

Pero Art Basel también tiene mucho que ofrecer a los aficionados al arte con carteras menos abultadas. Como parte de la sección Parcours, un toral de 19 instalaciones fueron diseminadas por el centro de Basilea, en calles, museos, pero también en inusuales edificios públicos donde los visitantes pueden admirarlas gratuitamente. En una de esas instalaciones, Corinne Erni, de 54 años, dijo que le encanta la filosofía de Parcours. «Es una buena manera de conjugar el arte y la ciudad», comentó.

La inestabilidad no retrae a los coleccionistas, que tiran de chequera desde los primeros compases de la cita