De Vallinaoscura al Paraiso por los caminos del arte

El Proyecto «Paraisu Rural» celebra su tercera edición en el valle de Boiges durante los días 15, 16 y 17 de septiembre

Una de las actividades de ediciones pasadas de Paraisu Rural, a cargo de Children of Darklight
Una de las actividades de ediciones pasadas de Paraisu Rural, a cargo de Children of Darklight

Naustis, Sisnando, Rudesindo, Arnulfo, Recaredo, Argimiro y Elécanes fueron los siete obispos que allá por el año 893 d.C. llegaron al Valle de Boiges para  consagrar la Iglesia de San Salvador de Valdediós. En una lápida de mármol se encuentran grabados sus nombres y un texto culto y poético, propio de la corte del Rey Magno, entre cuyos versos se puede leer: «Esto afirman los hombres,/ las gentes aplauden por doquiera que des vida a lo apagado,/ esto afirman los hombres».

Muchos siglos después alguien volvió al valle de Boiges para devolver la luz a lo apagado. No se trataba de ningún prócer eclesiástico, ni de un emisario real, sino de una biznieta de la familia Meana; María González, conocida por todos como Myrem. Bajo el proyecto de Paraisu Rural Myrem ha sido capaz de reactivar las poblaciones de San Pedro Ambás, La Ribera, Puelles, La Viña, Vallinaoscura y Villarica haciéndolas partícipes en «una experiencia vivencial del arte en el contexto rural».

El valle se llena durante unos días de artistas en residencia y gente a la búsqueda de otras experiencias culturales. Quienes llegan dejan en el entorno nuevas miradas, nuevas músicas, esculturas e instalaciones que envejecerán entre un paisaje que las atrapa y hace suyas. Y permanecerán en su desaparición a la par que el ya casi extinto quehacer del pueblo renace bajo la mirada curiosa del otro, del urbanita. La labranza de la tierra y la artesanía se convierten en materia de estudio, talleres en directo, experiencias que los recién llegados exportan cuando vuelven a la ciudad.

Tecnología, software libre, tejido asociativo

Pero Paraisu Rural no es ajeno a la urbe sino que, como la propia Myrem relata, «surge a partir de un colectivo urbano llamado Paraiso LC». Los miembros de dicho colectivo se sentían en deuda con el legado de sus abuelos en el campo, «un legado próximo a la extinción frente a la inmediatez de las TIC y el sistema de valores actual». Para preservarlo utilizan la tecnología y el software libre, instrumentos que permiten contactar y crear tejido asociativo entre proyectos de inquietudes afines: Proyectos Artísticos Casa Antonino en Veranes, Fundación Cerezales Antonino y Cinia de León, Kedarte en Salamanca, ColaBoraBora en Bilbao, Scarpia en pueblos de Córdoba, o Campo Adentro en poblaciones rurales de toda España.

«Solo no puedes pero con amigos sí», dice Myrem mientras sonríe echando la vista atrás: «Hace seis años en Asturias apenas existían referencias contemporáneas sobre arte en el medio rural y los posibles nexos se encontraban totalmente diseminados». Seis años después Paraisu Rural celebra su tercera bienal dispuesto a «constatar el estado del arte actual, dar testimonio de su evolución en el entorno rural» y, por supuesto, potenciar otros modos de vivir, pensar y crear.

Myrem enumera los protagonistas de esta nueva edición: «Los habitantes de Vallinaoscura son el núcleo duro de la propuesta (Agustín, la familia Berros, la familia Meana?) pues son sus prados, cuadras, tenadas y casas las que son cedidas y abiertas a este proyecto plural». Otros nombres propios se repiten con insistencia: Charo Cimas, Pablo Maojo, Adolfo Manzano, Enrique Cifuentes, instituciones como la Universidad Antonio Nebrija y un sinfín de colaboradores entre los que se encuentran Alba Soto, Emanuele Giusto, Pablo Und Destruktion, Rodrigo Cuevas, Barbará Fluxá, Children of Darklight, Blanca Prendes, Anxel Nava, Natalia Pastor, Ignacio Abella, Pablo Armesto, Laura Siles y Elena de la Puente. También este año estará presente el Colectivo Offmothers, los talleres de Toño Velasco, la música de Fredy Fmm de Juanillous 2.0 y Poty Alcapone, las propuestas gastronómicas de Nahual y los proyectos de los artistas en residencia BelDenMar y Taller Alvar.

Y ante esta amalgama de dialécticas las gentes aplauden por doquier que se dé vida a lo apagado o, en lenguaje más contemporáneo y menos poético, que se propicien redes entre artesanos locales y artistas, que se construya un tejido sostenible y perdurable y que, en definitiva, el valor del entorno rural llegue a las instituciones.

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