De la abundancia al arte de la supervivencia: 10 años de LABoral

Más de la mitad de los recursos del centro artístico se han quedado por el camino en sus primeros 10 años, que cumple el día 30 con los ojos en la UE y centrado en la producción y la labor educativa

Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, en Gijón
Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, en Gijón

Gijón

Esta semana, LABoral presentaba LAB<20, un nuevo premio que quiere poner a la vista ante la sociedad asturiana el potencial creativo que su parte más joven y fresca puede desarrollar en contacto con las nuevas tecnologías. Pero el certamen que acaba de convocar el Centro de Arte y Creación Industrial gijonés pone en evidencia algo más que ese talento temprano: muestra el tipo y la escala de la actividad que, al borde de su décimo aniversario, lo está manteniendo vivo, así como la naturaleza de sus relaciones externas en la complicada etapa con la que está lidiando el reducido equipo liderado por Karin Ohlenschäger en los antiguos talleres de la Universidad Laboral.

La drástica reducción de una parte de la actividad -sobre todo la expositiva, con cierres parciales del centro- y la incertidumbre sobre su situación contable ensombrecen, a medio mes vista, una efeméride en la que se diría que el único motivo evidente de celebración es el hecho de que el equipamiento haya sobrevivido a la peor de todas las crisis económicas. En términos presupuestarios y de recursos financieros, más de la mitad de lo que fue LABoral se ha quedado por el camino. Sus diez años de vida van de abundancia a la supervivencia. 

Ajustes al máximo, economía de mínimos, estancamiento institucional, pelea empresa por empresa y colaborador por colaborador para conseguir recursos y la mirada puesta en programas plurianuales de la UE que son generosos pero no están garantizados: esas son las condiciones para desarrollar una labor que no puede ser totalmente la que preveía el programa que Karin Ohlenschläger trajo bajo el brazo cuando ganó, el pasado año, el concurso para dirigir un centro que hoy por hoy se concentra al máximo en los programas de producción artística y de educación.

Aquellos 3,8 millones

La LABoral que ha llegado a marzo de 2017 es y no es el mismo centro que el presidente socialista Vicente Álvarez Areces inauguraba con la puesta en escena de los grandes fastos el 30 de marzo de 2007, después de una inversión de 11 millones de euros en el conjunto de la Ciudad de la Cultura. Desde aquel día, los objetivos fundacionales permanecen inalterados, como siguen prácticamente invariables los argumentos de sus críticos más contumaces. LABoral sigue siendo un centro comprometido estatutariamente con la exhibición, formación, divulgación, producción e investigación de manifestaciones relacionadas con la creatividad tecnológica en todos sus frentes. Pero el volumen y la naturaleza de actividad quedan muy lejos de los inaugurales, como quedan muy lejos los presupuestos de entonces. Y esto -los presupuestos- explica aquello.

Desde los drásticos recortes de los últimos años, Ohlenschäger y la gerente del centro, Lucía García -que ya estaba en aquel equipo fundacional- deben de mirar con comprensible envidia otros recortes: los de hemeroteca. En ellos, y con LABoral apenas recién venida al mundo, su primera directora artística, la gijonesa Rosina Gómez-Baeza se lamentaba ya de las «limitaciones presupuestarias» de un centro que para su primer año de andadura había contado con 3,8 millones de euros, frente a -citaba la exdirectora de Arco a modo de ejemplo- los 10 millones de equipamientos como La Casa Encendida. Eran tiempos en los que el viceconsejero Fernández León no tenía inconveniente en dar la razón a la directora de LABoral por esos lamentos, y en los que el centro se miraba, en el largo plazo, en el espejo de una de sus referencias, el ZKM de Karlsruhe: 50 millones de presupuesto, 100 empleados, 200.000 visitantes.  

De los 3,8 millones, la mitad era aportación del Principado. La otra mitad provenía de fuentes externas, unas públicas y otras privadas: una de las claves en un discurso en el que Gómez-Baeza no se cansaba de repetir la importancia de los «socios estratégicos»; desde el ministerio de Cultura socialista de César Antonio Molina a la entonces todavía Caja de Ahorros de Asturias, pasando por el Ayuntamiento de Gijón y la Autoridad Portuaria, Sedes, Alcoa, Dragados, Duro Felguera o FCC y la imprescindible colaboración de Telefónica, clave sobre todo en los primeros tiempos de LABoral. 

Desaparecidos y aliados

La mayor parte de ellos han desaparecido del listado actual del patronato, y otros siguen como simples colaboradores o a título más bien nominal o con aportaciones tan limitadas con la del ayuntamiento de Gijón: 20.000 euros. Los que aún suman, como Telefónica I+D, lo hacen sustentando proyectos puntuales, como la convocatoria Next Things. Esa es la tónica ahora: alianzas concretas para proyectos concretos. Por ejemplo, para el nuevo Premio  LAB<20, además de la consejería de Cultura y la RTPA, el centro ha contado con la colaboración de la Fundación Sabadell, los supermercados Masymás, la empresa Robotix. Los esfuerzos de la dirección para establecer este tipo de alianzas han conseguido, entre otros, apoyos como los de Fundación Carasso / Danone -que ha aportado 50.000 euros al programa de divulgación-, el de Fundación La Caixa -para las actividades del pasado año sobre Valdelomar- o de la Fundación Banco de Santander, que financiará la publicación-memoria sobre los programas educativos de LABoral que aparecerá antes de fin de año.

Por otra parte, en los últimos tiempos han aparecido refuerzos desde sectores en principio no muy vinculados a los planteamientos artísticos de LABoral como el de la Colección Los Bragales de Jaime Sordo -que permitió recuperar una de las más interesantes convocatorias del centro, LAB_Joven Experimenta, anulada durante unos años- o Alicia Ventura, de Gestión Arte Ventura. 

Pero en términos de proyecto global, las insuficiencias presupuestarias siguen siendo crónicas. El proyecto cuatrienal de Karin Ohlenschläger tiene plomo en las alas. Este año, LABoral dispone en su crédito de 1,75 millones de euros, aunque no todos son ni mucho menos presupuesto operativo. Es menos dinero del que se presupuestó el pasado año, incluso siendo 2016 ejercicio de prórroga en el Principado, que mantiene una aportación de 600.000 euros.

El amigo europeo

La salvación viene, desde hace tres años, de Europa y de los ámbitos artísticos e institucionales donde LABoral tiene más y mejor predicamento que en su propio suelo nativo.  El centro lidera la European Network for Contemporary Audiovisual Creation (ENCAC), un proyecto plurianual cofinanciado por el Programa Europa Creativa de la Unión Europea que concluye este año, y en el que el centro ya ha solicitado volver a participar. En este ejercicio percibirá los últimos 80.000 euros del medio millón distribuido a lo largo del programa. LABoral forma parte además de la European Digital Art and Science Network (EDASN), proyecto plurianual cofinanciado por el Programa Europa Creativa de la Unión Europea que ha repartido 2 millones entre sus socios a razón de unos 360.000 euros aunales para LABoral. Una cantidad considerable, a la que el equipamiento asturiano vuelve a aspirar, pero que tiene el condicionante de que solo se suma a proyectos que tengan asegurado ya un 50% de su financiación. Además, LABoral ha recibido fondos del programa Erasmus Plus para proyectos específicos en el terreno educativo.

Este último es, hoy por hoy, junto la actividad de producción en los talleres el eje principal de la actividad de LABoral, cada vez menos un centro de mera exhibición de arte al uso. Seguramente es un trabajo autolimitado por los propios topes que marca la coyuntura, y en cualquier caso una labor mucho más discreta que las exposiciones de relumbrón. Pero son los frentes donde más se diferencia LABoral y donde el centro hace valer su personalidad propia para cumplir una misión que sigue en lo esencial intacta desde que Rosina Gómez-Baeza la describiese como «un camino que conduce a la comprensión del pensamiento creativo de hoy y al fomento de la creatividad humana». Un camino que es posible que, una década después, no haya sido comprendido por la sociedad asturiana y que no tiene que ver con los eventos de lustre y las grandes cifras, aunque LABoral naciese envuelta en ellas. Merece la pena recordar que uno de sus padres, Jorge Fernández León, llegó a decir que en términos de rentabilidad social, un taller con 500 asistentes podía ser mucho más deseable que una exposición visitada por 5.000 personas. Pero, diez años después, queda claro que incluso ese taller necesita un presupuesto y que, de no alcanzarlo, a LABoral le puede pasar algo incluso peor que el cierre: seguir abierta, pero sin rumbo.

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