Xavier Aldekoa: «El periodismo que solo explica las lágrimas no sirve para mucho»

En su libro «Hijos del Nilo» muestra la diversidad africana, el horror y también lo positivo

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santiago / la voz

Van a cumplirse 16 años desde que llegó a África por primera vez y, desde el 2009, es corresponsal en este continente. Ahora, el periodista Xavier Aldekoa publica Hijos del Nilo, libro en el que muestra las gentes, culturas y tradiciones que se encontró al recorrer los más de 6.000 kilómetros del río, desde su nacimiento a su desembocadura. Su intención es escribir una trilogía y hacer lo mismo con el Congo y el Níger

-¿África sigue siendo una gran desconocida?

-Creo que sí. La vemos un poco desde la superficie, como si fuera una sola, y te das cuenta en cualquier rincón que África es mucho más que un prejuicio, que una definición única. Está llena de matices, de diversidad y, sobre todo, de evolución.

-En el prólogo advierte de esa variedad, lugares de paz y de guerra, de vida y de muerte. ¿En la imagen que tenemos pesa lo negativo?

-Normalmente siempre nos hemos fijado más en el verdugo, en el asesino, en el rebelde, que en el arquitecto de la paz o en el héroe anónimo que fue a ayudar a los suyos. Eso también es África; es el horror y la guerra, pero, para dibujar una África real, también hay que fijarse en lo positivo, en lo normal, en la vida de todas las personas, no solo en los verdugos.

-En las 25 historias del libro usa a veces la primera persona. ¿Busca construir un libro de viajes o un relato periodístico?

-Es periodismo. Hay una diferencia básica entre el reportero y el viajero; en el viajero la importancia es uno mismo, la experiencia personal; en el reportero, la importancia la tienen los demás y, para mí, eso es algo irrenunciable e innegociable. Este es un libro sobre los demás, sobre los hijos del Nilo, los que viven a sus orillas. Si uso la primera persona es para presentar experiencias de otros.

-Hay historias atroces, como «las nadie», mujeres violadas en grupo en Sudán del Sur. ¿Cómo afronta estos relatos?

-Me gustaría decir que con respeto y con el máximo de responsabilidad posible. Que alguien te cuente una cuestión tan traumática como que la hayan violado en grupo y con una impunidad terrible, a 50 metros de donde estaban los cascos azules, es sobre todo duro para ellas. Son ellas las que están haciendo gala de una valentía espectacular al denunciarlo y ese privilegio de que te abran sus vidas en un momento tan duro implica un compromiso: intentar contarlo lo mejor posible.

-¿Quedaron muchas historias en estos más de 6.000 kilómetros por el Nilo?

-Sí, pero, al final, intentas lograr un equilibrio en las historias del libro y buscas que te sirvan para explicar algo. Considero que el periodismo que solo explica las lágrimas no sirve para mucho, hay que explicar por qué ocurren las cosas. Si hay una imagen o una escena me sirve para ir más allá y contar y analizar lo que ocurre, sí; pero de no ser así, la dureza por la dureza o la pobreza por la pobreza, es una suerte de pornografía de la desgracia.

-¿Occidente ha puesto más la mirada sobre África debido al yihadismo?

-El miedo es, a menudo, un motor de conciencias. En España empezamos a mirar con interés qué ocurría con el ébola cuando nos rozó, cuando se contagió una enfermera española, pero ya había miles de muertos allí. Ahora pasa con el yihadismo, que lo tenemos al lado -hay sitios de Mali más cerca que Berlín-. Creo que siempre se ha mirado a África con cierto temor y ojalá podamos cambiar esa visión, también hay mucho que aprender del continente.

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