«Annabelle: Creation», nueva franquicia con muñeca diabólica

El festival de Sitges celebra su medio siglo alejado de la realidad, sin rastro de la tensión social que se respira solo a media hora en coche


Sitges / E. La Voz

Este festival celebra su medio siglo con la sensación ya inveterada de que todo lo que sucede fuera de este microcosmos virtual en las playas del Subur circula en alejados límites de la realidad. Aunque la tierra tiemble. O sea, ni rastro por aquí de toda la tensión social que se respira a solo media hora en coche de Sitges. Apenas un rumor de los temores de Guillermo del Toro, que llamaba dos días antes de comenzar este festival para consultar si todo iba bien y si era prudente que viajase a Cataluña para inaugurar con su ya premiada en Venecia La forma del agua, que continúa aquí su ruta hacia el Óscar.

Los bancos abandonan Cataluña al mismo ritmo que se produce el desembarco de figuras internacionales del cine fantástico en Sitges, islote de celebración donde el que fuera golden boy del Nuevo Hollywood, William Friedkin, presentaba la salida a la luz de la que se presenta como versión definitiva de El exorcista. Y cuando Friedkin viene de rodar en Italia un exorcismo real, con un plano fijo de la poseída de veinte minutos de griterío y una más que socarrona entrevista con los responsables del departamento de exorcismos del Vaticano. Y ha llegado también Susan Sarandon, cuello deseado por Bowie en la vampírica El ansia y musa del filme de culto trash The Rocky Horror Picture Show.

La película central del programa de ayer fue Annabelle: Creation, con la que se apuntala la nueva gran franquicia mundial de muñeca diabólica ideada en el 2014 por los autores de Expediente Warren. La heredera más o menos (in)natural del tan recordado Chuckie del terror ochentero es una criatura vintage al servicio de un producto marca James Wan (ese estajanovista del cine de terror más truculento), basado más en la acumulación de secuencias de susto aparatoso que en argumentos sólidos. Aunque Annabelle: Creation, que llegará a las salas el próximo 12 de octubre, ofrece un protagónico equipo A ciertamente delirante: una monja a la que solo falta la guitarra del Dominique-nique nique a la cabeza de una pandilla en busca de orfanato.

En la sección a concurso vimos un estimable acercamiento al cine sobre sectas destructivas. The Endless, filme con ecos de la serie Lost, firmada por el tándem fecundo que forman Justin Benson y Aaron Morhead. Y platos fuertes ya bendecidos por Cannes: la tan feroz como magnífica The Killing of a Sacred Deer, en la que Yorgos Lanthimos lleva a Colin Farrell y a Nicole Kidman al callejón sin salida de sacrificar a uno de sus hijos, a través del prisma de superficie fría pero un demoledor crescendo de su bien conocida talla de cineasta de la crueldad.

Atípico escenario

En Wind River, Taylor Sheridan -guionista de Sicario y Comanchería- compone un wéstern en tiempo presente y en el atípico escenario de un nevado Wyoming. En él, Jeremy Renner es un cazador de recompensas contemporáneo, un tipo en el que palpita la herida de la violación y muerte de su hija nativa indoamericana y sobre el cual Wind River fluye como denuncia de los ataques y desapariciones que sufren -sin que ocupen espacio en los medios- las mujeres nativas indias en este cross-over de pistoleros old style y agentes del FBI en baño de sangre sobre nieve que quema.

Premios a Sarandon y Friedkin

El festival entregó sus premio honoríficos a la actriz Susan Sarandon y al director William Friedkin. Ambos hablaron de la necesidad de asumir riesgos en el cine para evitar la ausencia de papeles femeninos interesantes y demasiadas películas de superhéroes.

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