El bucle de la excelencia

Raúl Álvarez OVIEDO

CULTURA

El Rey Felipe VI pronuncia su discuro durante la ceremonia de entrega de los premios Princesa 2016 en el Campoamor.El Rey Felipe VI pronuncia su discuro durante la ceremonia de entrega de los premios Princesa 2016 en el Campoamor
El Rey Felipe VI pronuncia su discuro durante la ceremonia de entrega de los premios Princesa 2016 en el Campoamor

El proceso de selección de los premiados empieza al final de la ceremonia de entrega de la edición anterior y no se detiene en todo el año

15 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Como aquellos trazos de líneas en espiral que los cuadernos Rubio recomendaban para mejorar la caligrafía, los premios Princesa de Asturias son un dibujo sin discontinuidad ni interrupciones. Al final de cada ceremonia de entrega, se convoca la siguiente edición y no se trata solo de un acto formal, sino de la expresión en voz alta de un trabajo que nunca admite pausas. Para quienes conducen los galardones, ese anuncio solo supone un paso por meta con la certeza de que empieza una nueva vuelta al circuito y de que debe completarse en menos de un año. En la práctica, significa poner en marcha el laborioso proceso de selección y cribado de las candidaturas para que, algunos meses después, los jurados tengan una base para las deliberaciones acerca de la nueva promoción de premiados.

           Esos días de finales de octubre, recién apagados los focos en el Teatro Campoamor, son los más tranquilos del año en la sede de la Fundación Princesa de Asturias en el centro de Oviedo. La atención de los medios de comunicación se disipa, los premiados y las personalidades que acuden a Asturias vuelven a sus lugares de trabajo y, en la propia oficina, cesa el constante ir y venir de voluntarios que trabajan en la organización de la ceremonia y los actos que la rodean. La plantilla habitual (una veintena de personas) se queda a solas con el trabajo diario. Tranquilidad, sin embargo, no significa inacción. En esa semana de otoño, apenas entregados los premios, toca el envío del reglamento actualizado para la siguiente convocatoria a un listado de unas 4.000 direcciones de correo electrónico y postal. Se trata de que las condiciones para proponer nuevos candidatos lleguen a quienes están en disposición de hacerlo: universidades y centros de investigación de todo el mundo, embajadas de España en el extranjero o representaciones diplomáticas de otros países en España, premiados de ediciones anteriores y componentes de los jurados.

Ese paso previo pone en marcha todo los demás. Todos esos corresponsales generan docenas de propuestas para las ocho categorías de los premios. Cada una de ella debe ser analizada, sopesada e investigada. El personal de la Fundación hace llamadas, comprueba méritos, analiza trayectorias y destila todo su esfuerzo en unos dosieres breves de cada uno de los candidatos que se hacen llega a los miembros de cada jurado dos semanas antes de la reunión en la que se anunciará el ganador. Algunos candidatos repiten durante años, lo que facilita el proceso, pero los nombres nuevos exigen llevar a cabo un proceso completo de documentación que lleva varios meses.