Javier Gutiérrez: «No soy mejor actor por conseguir dos goyas, pero dan mucha felicidad»

El asturiano lamenta que «El autor», el filme que ha dado un giro a su forma de actuar, se llevase solo dos cabezones

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La Voz en Madrid

Un día antes de ganar el Goya a la mejor interpretación protagonista por su papel en El autor, Javier Gutiérrez (Luanco, 1971), le explicaba a La Voz que no quería saber nada de las quinielas que pronosticaban que se llevaría el que ya es su segundo cabezón -consiguió otro Goya en esta categoría en el 2014 por su papel de Juan Robles en La isla mínima-. «Me encantaría llevármelo, pero procuro no pensarlo mucho por la decepción que se puede llevar la gente que me quiere si no lo consigo», comentaba el viernes. Ahora, el luanqués ya no tiene lugar para las angustias. Aupado como el mejor actor del momento, y comparado con un grande como José Sacristán, a Gutiérrez no le preocupa lo que se le viene encima: «No debería cambiar nada porque no soy mejor actor ahora que antes». Eso sí, se confiesa más feliz. Y quizás más reivindicativo: «Lo de ayer [por el sábado] estuvo muy bien, pero la lucha por la igualdad no puede ser flor de un día, y me gustaría que los políticos tomaran ejemplo de lo que escucharon de boca de todos los que subimos al escenario».

 -Lo primero, enhorabuena por el premio. ¿Se lo esperaba?

-La verdad es que ni una cosa ni la otra. Es cierto que había quinielas que decían mi nombre, pero prefería no pensar en qué iba a pasar. Ya no por mí, sino por toda la gente que pone su ilusión en que te lo lleves y si no te lo dan es un chasco. Yo ahora estoy muy feliz, no te voy a engañar, y eso que los días previos a la ceremonia sufro mucho estrés. Eso sí, quiero dejar claro que los actores no somos mejores intérpretes por ganar un premio Goya.

-Dos en su caso. Los mismos que consiguió ayer la película en la que es protagonista, El autor. ¿Qué le pareció el palmarés?

-Este año había mucha diversidad en las películas y todos los ganadores me parecen justos. Handia tuvo diez goyas y era mi favorita después de El autor, así que yo creo que ha estado bien. De todas formas, te reconozco que creo que El autor se llevó menos premios de los que para mí se merece. Al menos, además del de actor protagonista y actriz de reparto [Adelfa Calvo] tendría que haber ganado en dirección.

-Este año las superproducciones no han tenido cabida en los Goya. Tampoco las películas más taquilleras, como el caso de Perfectos desconocidos, de Álex de la Iglesia.

-Es verdad, Álex de la Iglesia ha sido el gran olvidado en esta edición, tanto por Perfectos desconocidos como por El bar. Pero al final en España se hace muy buen cine y hay que elegir. Yo considero que los académicos realizan su trabajo con criterio, aunque haya grandes que se queden fuera, como es el caso también de la actriz Marian Álvarez, que se me viene a la cabeza ahora.

-Es muy frecuente que los filmes españoles que arrasan en las salas de cine no estén presentes en los Goya, y que las películas candidatas sean desconocidas para el gran público.

-Sí, pero a mí no me parece mal. Igual que entiendo que ceremonias como los Goya son necesarias porque sirven de escaparate para películas que tienen pocos recursos para invertir en márketing o publicidad, creo que la calidad de una película es totalmente independiente de la cantidad de espectadores que tenga.

-Sin embargo, usted parece que con sus papeles logra contentar tanto a la crítica como al público. ¿Qué proceso sigue a la hora de escoger sus trabajos?

-No quedarme en la zona de confort me parece básico: intento arriesgar con los papeles. Que luego funcionen o no depende bastante de la suerte. Hay veces que un filme no tiene éxito porque el día del estreno hacía sol. No todo se mide en datos objetivos.

Javier Gutiérrez está a punto de subirse a los escenarios gallegos de la mano de Cristina Castaño. Volverá con una comedia de Sergio Peris-Mencheta, género al que tenía acostumbrado al público hasta que La isla mínima y El autor, dos dramas, le han dado los mayores reconocimientos a su trabajo.

-Dice que encarnar al obsesivo Álvaro en El autor ha marcado un antes y un después en su vida.

-Así es. Por un lado, porque trabajar con Manuel Martín Cuenca, que es el mejor dirigiendo actores por el aprecio que le tiene a la actuación y su forma artesanal de trabajar, ya te obliga a coger el papel de una manera distinta. Y por otro lado, porque me he tenido que desnudar emocionalmente como nunca lo había hecho. A los espectadores les llama la atención el desnudo integral, sobre todo por ser el de un hombre, algo mucho menos habitual. Pero a mí lo que me ha cambiado es que para este papel he tenido que tocar determinadas teclas que son difíciles de afrontar, pero bueno, que creo que es eso lo que nos hace mejor actores.

-¿Qué piensa del tono de la gala y las constantes alusiones a la situación de desigualdad que viven las mujeres en el cine?

-La reivindicación está bien si no es flor de un día. Lo primero que deberían hacer los políticos es tomar nota de lo que pasó en la gala de los Goya, y dejar de hacer declaraciones tibias. Pero el ruido mediático de anoche [por el sábado] de nada sirve si no se trabaja desde la base y si no deja de haber mujeres asesinadas a manos de sus parejas. El discurso de la clase política no puede ser tan vacuo. Tenemos que remar todos a favor de obra por la igualdad.

Tanta reivindicación cansó a buena parte de la audiencia

No se escuchaba en la alfombra roja a actores alabando el trabajo de sus compañeros de película. Tampoco repitiendo el sempiterno lamento de lo muchísimo que castiga el IVA cultural al cine español. Ayer los periodistas tenían otras preguntas en cartera y los actores, desde luego, guardaban otras respuestas. Con la resaca de la muy reivindicativa gala de los Globos de Oro aún coleando en las redes sociales, las estrellas del cine español sabían que la del sábado era una noche para echar toda la carne en el asador. Aunque a alguno le saltaron las brasas a los ojos.

La brecha salarial, la duda sobre si existen los Harvey Weinstein españoles o la falta de mujeres en puestos técnicos en el cine se apoderó hasta límites insospechados de la velada. La mayoría (tanto ellos como ellas), encantados de conocerse feministas. Aunque a la hora de hablar de salarios pocos varones reconocieron abiertamente que cobraban más que sus compañeras de reparto. La tónica habitual era el recurrente: «Entre nosotros no hablamos de dinero». Bueno.

Ánimos caldeados en la alfombra roja y miradas de reojo al compañero de al lado a ver qué contestaba ante las incómodas preguntas. Una vez se sentaron en el patio de butacas el brete se convirtió en una sucesión de sketches que fue perdiendo fuelle a pasos agigantados. Hombres haciendo chistes sobre la escasa parcela que tienen las mujeres en el cine. Al principio cuajó bien la idea, con el humor costumbrista de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, los maestros de ceremonias. Pero cuando, pasada la madrugada, Santiago Segura salió a entregar el Goya a mejor actor de reparto y dijo «lo mismo que actriz de reparto pero cobrando más» el público ya ni se inmutaba.

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