«Alas no fue un rector de barricada; persiguió siempre puentes entre las dos Españas»

Joaquín Ocampo es el editor de la «Obra periodística de Leopoldo Alas Argüelles», volumen que se presenta esta tarde en el Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad

Joaquín Ocampo
Joaquín Ocampo

 El Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo acoge esta tarde, a partir de las 19,00 horas, la presentación del volumen que reúne los artículos de prensa de quien fuera rector de la institución universitaria y destacado intelectual en la España en el tiempo complejo entre la Restauración y la Guerra Civil. Obra periodística de Leopoldo Alas Argüelles (1883-1937) es el título del volumen en el que, con el catedrático de Historia Económica de la Universidad de Oviedo como editor, se ha reunido un material que proporciona una visión completa del fondo intelectual, ideológico y cultural del rector Alas. La obra ha sido pubicada por Trea con el apoyo de la Fundación Valdés-Salas, el Banco Sabadell, la Universidad de Oviedo y el Ayuntamiento de la ciudad, que estarán representados en el acto, respectivamente, por el propio profesor Ocampo, Pablo Junceda, el rector Santiago García Granda y el alcalde de Oviedo Wenceslao López.

-¿Cómo surgió el proyecto de rescatar la memoria periodística del rector Leopoldo Alas? ¿Por qué ahora?

-Surgió de una manera un tanto accidental. Yo estaba haciendo un estudio sobre el carbón asturiano y encontré algunos artículos de Alas que me sorprendieron mucho. Me picó el gusanillo y me fui a la Biblioteca Nacional a investigar. Empecé a encontrar un montón de artículos suyos sobre toda clase de temas. Y el caso es que el año pasado asistí a un acto de conmemoración de la figura de Alas que se celebró en el paraninfo de la Universidad de Oviedo, y me indignó mucho la manera de presentarle, que consistió en un vídeo con imágenes del treinta y cuatro en adelante. Yo tenía al lado a Leopoldo Alas, su nieto, y lo comenté con él, que estuvo de acuerdo: de los cincuenta y tres años de la vida de su abuelo, sólo se daba importancia a los últimos tres, no a toda su trayectoria académica, social y política anterior. En España sucede mucho: debido a cierta vagancia para la investigación, nos quedamos con lo anecdótico y perdemos lo esencial. El caso es que yo, para entonces, ya tenía una masa crítica de artículos suficiente para hacer un libro, y se lo planteé a la Fundación Valdés Salas, de la que forma parte el Banco Sabadell Herrero. Les dije que este año era el octogésimo aniversario del fusilamiento, y que era una buena ocasión para sacar a la luz todo ese material, ampliar la frontera de la memoria histórica del rector y hacerla más objetiva, de tal manera que la imagen que prevaleciera de él no fuera la del «rector de la barricada» (y ponme esto entre comillas, por favor) sino la de un hombre que fue todo lo contrario, porque lo que él persiguió siempre fue tender puentes entre las dos España y acabar con el famoso cuadro de Goya de la lucha a garrotazos. Su discurso era reformista: él odiaba la violencia; no quería ninguna solución guerracivilista, sino una revolución pacífica y democrática como la de la Segunda República.

-Y bien, ¿quién era el rector Alas? A través de los artículos recopilados, ¿qué personalidad trasciende? ¿Cuáles eran sus perfiles ideológicos?

-En el rector Alas hay, a lo largo de su vida, dos discursos intelectuales. El primero es un discurso muy vinculado al Grupo de Oviedo, al krausismo y a la Institución Libre de Enseñanza, que más que una corriente pedagógica era una filosofía política que partía de la idea de que España no funcionaba; que el sistema político estaba corrompido porque había caciquismo y ni las clases medias, ni el movimiento obrero, ni los regionalismos estaban representados; que el analfabetismo y la incultura eran terribles y que faltaba una institución educativa que crease buenos ciudadanos que modelaran las instituciones mediante el voto y las hiciesen perseguir la redistribución de la riqueza. Con el paso del tiempo, yo creo que el rector Alas, aunque no lo dijera taxativamente, perdió un poco la fe en aquella utopía educativa, se dio cuenta de que las resistencias al cambio que había eran terribles y decidió que había que saltar a la arena; que había que dar un paso más allá de intelectuales como Ortega y otros muchos, que creían que cambiar España era cosa de las élites, y saltar al ruedo no sólo con la pluma en los periódicos de tirada nacional, sino también asistiendo a mítines, manifestaciones, etcétera, y pasando a una militancia activa en el republicanismo y el socialismo.

-La primera sección del libro es la que agrupa los artículos de Alas sobre Asturias y temas asturianos. ¿Qué Asturias era la Asturias del hijo de Clarín? ¿Cómo veía él la región?

-La veía como un observador atento, pero no neutral, sino comprometido. Cuando él habla del fútbol y de los toros como nuevas formas de ocio social, o de los paisajes, o de la preservación del bosque del monte Naranco, o de los ensanches urbanos, o del saneamiento de Oviedo, o de las nuevas formas de turismo que empiezan a aparecer en los años veinte, lo hace metiendo siempre en esos temas la navaja de esa filosofía reformista y crítica que él tenía. No se limitaba a describir. Para él, que era un intelectual comprometido, hablar del paisaje tenía sentido en la medida en que le permitía reivindicar que lo disfrutaran todos, y hablar del nuevo ocio tenía sentido en la medida en que le permitía reivindicar un ocio que tuviera un componente educativo.

-Otra parte del libro reúne las crónicas que el rector Alas escribió desde Alemania, donde estuvo unos años durante su juventud para completar sus estudios, antes y durante la Primera Guerra Mundial. Alas era un hombre tan atento y capaz de escribir sobre lo local como sobre lo universal.

-Claro, claro. Él era un alumno muy aventajado, con unas notas espectaculares, y fue becado por una organización de la Institución Libre de Enseñanza, que se llamaba Junta de Ampliación de Estudios y por la que pasaron los mejores intelectuales españoles de la época. Él se fue a Alemania, y fue una experiencia muy interesante para él, porque le permitió hacer una contraposición cultural y sociológica entre el mundo centroeuropeo y el español. Ya lo sabía, pero terminó de tomar conciencia de que España no había tenido ni una reforma protestante ni una verdadera revolución liberal y burguesa, porque lo que hubo en España fue un pacto entre la gran burguesía industrial y financiera y los grandes latifundistas. Él, en sus análisis, empezó a utilizar una expresión muy guapa: la del ‘fardo latino’ que acogotaba a España. De ella bebieron después economistas del siglo XX como Fuentes Quintana o Velarde para hablar del ‘modelo castizo’, consistente en que una España proteccionista y atrasada siempre tomara atajos en lugar de abordar las grandes reformas que el país necesitaba: la desamortización de la tierra, elevar el nivel de renta, distribuir mejor la riqueza, crear un sistema fiscal en el que pagaran más los que más tenían en lugar de uno preliberal en el que los ricos siempre se escabullían y darle así al Estado unos ingresos que le permitieran hacer escuelas y carreteras. Todo eso lo aprendió Alas en Alemania. Pero también le tocó vivir de cerca los prolegómenos de la primera guerra mundial y darse cuenta de que una cosa era el internacionalismo que se formulaba en los congresos socialistas y otra la realidad de que los obreros de un país mataban a los del otro. Eso también supuso un cierto desconsuelo para él.

-Hay artículos del rector Alas que tienen una vigencia extraordinaria. Estoy pensando, por ejemplo, en uno titulado «La política y los políticos» que valdría casi punto por punto para hoy, porque en él advertía de los riesgos que comportaban los discursos antipolíticos en tanto que antesala de soluciones fascistas.

-Hay problemas de los que él hablaba que pueden trasladarse fácilmente al presente, sí. Hombre, con ciertos matices, claro. Él hablaba de un sistema político, la dictadura de Primo de Rivera, que no era representativo, y de otro, la Restauración, que lo era muy escasamente, porque lo que funcionaba era un sistema de turnos manipulados por los caciques rurales y con fraude electoral sistemático. La gravedad de lo que ocurre ahora yo diría que es mayor, porque ahora sí tenemos un sistema democrático representativo, y sin embargo algunos problemas, como la corrupción, siguen ahí. Pero sí: cuando él defiende el bable o la incorporación de la mujer a la vida social y política, o cuando critica la especulación desenfrenada o arremete con muchísima dureza contra un tipo de empresario al que en economía llamamos ‘buscador de rentas’, que es el que se acerca al poder para, por ejemplo, pedir un arancel porque no quiere competir ni invertir en innovar o mejorar la productividad, lo que dice Alas tiene mucha vigencia.

-Y además escribía muy bien. Era digno hijo de Clarín, su padre.

-Sí, es algo que sorprende. Él, en general, era una persona muy brillante, porque además de leer inglés, francés y alemán, y además de saber de derecho, estaba interesado por todo. Al final del libro hay una parte en la que se recogen algunas de sus reseñas literarias, y ahí te encuentras al rector Alas hablando de sociología, de educación, de música… Pero es que además coges la prensa de la época y te lo encuentras en todos los lados. Cuando no está en Mieres organizando la Biblioteca Popular, está en Sama de Langreo en un recital de no sé qué orfeón o está en Oviedo dando un discurso durante la manifestación del Primero de Mayo o está publicando unos artículos muy didácticos sobre el movimiento obrero en La Aurora Social o está asistiendo a unas charlas de Rafael Altamira sobre historia de España o está publicando unos resúmenes magníficos de las mismas. Yo animo a los lectores a cogerse el índice del libro e ir saltando de artículo en artículo.

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